domingo, 18 de enero de 2009

Chesil Beach. Ian McEwan

► Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible
► Era todavía la época en que ser joven era un obstáculo social, un signo de insignificacia, un estadio algo vergonzoso cuya curación iniciaba el matrimonio
► Cuando se besaron ella sintió su lengua inmediatamente, tensada y fuerte, pasando entre sus dientes, como un matón que se abre camino en un recinto.
► Por supuesto siempre lo había sabido. La falta de un término para el estado de su madre le había mantenido en un estado de inocencia. Nunca había pensado que ella estuviera enferma y al mismo tiempo siempre había aceptado que era distinta. La contradicción la resolvía ahora aquel simple enunciado, el poder de las palabras para hacer visible lo que no se veía. Daño cerebral. La expresión disolvía la intimidad, sometía a su madre al frío rasero público que todo el mundo entendía.
► La ira. (…) Qué tentación de darle rienda suelta, ahora que estaba solo y podía estallar. Tras aquella humillación, su dignidad lo exigía. ¿Y qué tenía de malo un simple pensamiento? Mejor solventar el asunto ahora que estaba allí, medio desnudo entre las ruinas de su noche de bodas. Le ayudó en su rendición la claridad que acompaña a una súbita ausencia de deseo.

El Mundo. Juan José Millás.

► “Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento mismo de producirla”. Cuando escribo a mano, sobre un cuaderno, como ahora, creo que me parezco un poco a mi padre en el acto de probar el bisturí eléctrico, pues la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas
► Qué mecanismo psicológico tan raro, y tan común, el que provoca el sentimiento de culpa y de pudor en la víctima y no en el verdugo.
► Comprendí que yo, finalmente, no era más que un escenario en el que había ocurrido cuando se relativa en El Mundo. La idea resultó enormemente liberadora. Quizá no seamos los sujetos de la angustia, sino su escenario; ni de los sueños, sino su escenario; ni de la enfermedad, sino su escenario; ni del éxito o el fracaso, sino su escenario… yo era el escenario en que se había dado el apellido Millás como en otros se da el de López o García.

El olvido que seremos. Héctor Abad Faciolince

► “Y por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mi padre” Yehuda Amijai
► En un cuaderno de apuntes bajo el título Manual de Tolerancia escribió lo siguiente: “si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad”
► Mi predilección por él lo llevó a preferirme, porque los padres no quieren igual a todos los hijos, aunque lo disimulen, sino que en general quieren más, precisamente a los hijos que más los quieren a ellos, es decir, en el fondo, a quienes más los necesitan.
► Al final de sus días acabó diciendo que su ideología era un híbrido: cristiano en religión, por la figura amable de Jesús y su evidente inclinación por los más débiles; marxista en economía, porque detestaba la explotación económica y los abusos infames de los capitalistas; y liberal en política, porque no soportaba la falta de libertad y tampoco las dictaduras, ni siquiera la del proletariado, pues los pobres en el poder, al dejar de ser pobres, no eran menos déspotas y despiadados que los ricos en el poder.
► (…) mi mamá logró imponer su voluntad, con ese carácter firme y constante, mezclado con una indestructible alegría de fondo que no ha dejado nunca de acompañarla hasta el día de hoy, y que la hacen una persona inmune a los rencores y a los disgustos duraderos. Luchar contra su firmeza vestida de alegría ha sido siempre imposible.
► Por este ejemplo de los dos, mis hermanas y yo sabemos, hoy en día, que hay un único motivo por el que vale la pena perseguir algún dinero: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impida ser lo que somos.
► Fueron años de dicha, digo, pero la felicidad está hecha de una sustancia tan liviana que fácilmente se disuelve en el recuerdo, y si regresa a la memoria lo hace con un sentimiento empalagoso que la contamina y que siempre he rechazado por inútil, por dulzón y en últimas por dañino para vivir el presente: la nostalgia.
► Sentir el único consuelo que se siente en la tristeza, que es el de hundirse más en la tristeza, hasta ya no poderla soportar
► Bertolt Brecha “íbamos cambiando de país como de zapatos, desesperados cuando en alguna parte sólo había injusticia, pero no indignación. También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Ustedes sin embargo, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, piensen en nosotros con indulgencia”
► Para distinguirnos de los demás animales, para justificar nuestro paso por la tierra, hay que ambicionar metas superiores al solo goce de la vida. La fijación de metas distingue a unos hombres de otros. Y aquí lo más importante no es alcanzar dichas metas, sino luchar por ellas. Todos no podemos ser protagonistas de la historia.
► “Decía Montaigne que la filosofía era útil porque enseñaba a morir. Para mi, que en este proceso de nacimiento-muerte que llamamos vida estoy más cercano a la última etapa que a la primera, el tema de la muerte se va haciendo cada vez más simple, más natural y aun diría que – no ya como tema sino como realidad – más deseable. Y no es porque esté desengañado de nada ni de nadie. Tal vez todo lo contrario. Porque creo que he vivido plenamente, intensamente, suficientemente”
► Borges. Epitafio. Ver entrada Borges
► El buen Antonio Machado, a punto de caer Barcelona, cuando era ya inminente la derrota en la Guerra Civil, escribió lo siguiente: “se ignora que el valor es virtud de los inermes, de los pacíficos –nunca de los matones-, y que a última hora las guerras las ganan siempre los hombres de paz, nunca los jaleadores de la guerra. Sólo es valiente quien puede permitirse el lujo de la animalidad que se llama amor al prójimo, y es lo específicamente humano.”
► “Ayer se fue, mañana no ha llegado, / hoy se está yendo sin parar un punto, / soy un fue, y un será, y un es cansado …” decía Quevedo al referirse a la fugacidad de nuestra existencia
► …Como todos los hombres somos hermanos, en cierto sentido, porque lo que pensamos y decimos se parece, porque nuestra manera de sentir es casi idéntica…

lunes, 8 de diciembre de 2008

Crematorio – Rafael Chirbes

  • Nadie vive para sí mismo, nadie muere para sí mismo. San Pablo, Epístola a los romanos
  • Matías me lee en voz alta capítulos de El Conde de Montecristi bajo la pérgola de la casa del Pinar. Dice: Quiero ser la Providencia, porque lo más bello y grande que puede hacer un hombre es recompensar y castigar
  • Si hasta para mi sería demasiado mayor, si yo misma tendría que pensármelo antes de casarme con un hombre de esa edad, no digo que no sea bueno, que no te quiera, pero piénsatelo, el dinero lo es todo cuando no lo tienes, pero, cuando lo tienes, vuelve más evidente lo que te falta, y con ese hombre, no te quepa duda de que te van a faltar muchas cosas
  • Reírse su padre y ella entre lágrimas, entre sollozos ¿No lo hacen así las familias? ¿No homenajean así a sus difuntos, hablando de esas cosas, hablando de ellos? Los psicólogos dicen que es necesario representar el dolor, la ceremonia del funeral, el llanto, el luto, todos los psicólogos lo dicen, lo recomiendan: representar el dolor te lo quita de encima; o mejor dicho lo convierte en otra cosa, en otra forma de sufrimiento que es distinta porque parece que no es inconsolable, porque lo dota de cierta finalidad; así, compartido, meditado, parece que el dolor alimenta algo, que sirve para algo. El sufrimiento pasa de ser una fiera que te devora las entrañas a un animalito de compañía que acaricias, con el que hablas.
  • Cuéntame, papá ¿Era travieso el tío? ¿Cómo era de pequeño? Puro parloteo del que surge un ambiente moral, un clima: eso que llaman la gramática familiar, los léxicos compartidos, ritos que pueden parecerles cursis a quienes están fuera del núcleo pero que son imprescindibles para que lo de dentro se mantenga como algo aparte, se fortalezca diferente del resto, protegido del resto, el duro nife de la familia
  • Vivimos en un lugar que no es nada: derribo de lo que fue y andamio de lo que será. … Del futuro no tenemos ni idea, un líquido químico, un abrasivo en el que todo se disuelve.
  • Hoy llamamos progreso a algo que no sabemos cómo lo llamarán los que vengan. La oscuridad es el estado natural: en cuanto el hombre se descuida, vuelve lo oscuro. En la vida privada ocurre lo mismo. En cuanto te descuidas tres o cuatro días sin hacer limpieza, lo oscuro, lo sucio, lo prehumano, empieza a comerte. Cuesta mucha energía mantener encendida la lucecita de la civilización.
  • Juan piensa que las cosas son suficientemente hermosas cuando uno las entiende como son, y que no vale la pena cargarlas de sentidos suplementarios
  • A lo mejor eso fue lo que los unió a Juan y a ella al principio, una misma formación, el pudor que impedía expresar ciertas cosas, el sonrojo al escuchar ciertas palabras. En Juan la capacidad para ver las cosas como son, sin adornos, roza con frecuencia la crueldad
  • La belleza, los sentimientos: paparruchas, que decían los personajes de comedia de antes. Leemos un libro, vemos un cuadro, u oímos una canción que nos emociona tremendamente, y a lo mejor hasta nos hace llorar, pero luego se acaba, y volvemos a la vida cotidiana y hasta nos olvidamos de que un día oímos esa canción. Los sentimientos no son precisamente ni lo más fuerte, ni lo más seguro, ni lo más duradero. Los sobrevaloramos. Tienen más que ver con lo animal, con la secreción salival de los perros de Pavlov cuando oyen el sonido que les anuncia la llegada de la comida. Babeo. No son lo sentimientos lo más humano. Lo humano es la inteligencia, y seguramente también la capacidad para planear el mal a largo plazo.
  • El sufrimiento es el precio que se paga uno a sí mismo
  • Pensar en los demás puede no ser siempre generosidad, puede ser un modo de escapar de una misma
  • Le falló el timing. Lo pensó tanto, que se le hizo tarde, y ahora se pregunta cómo desprenderse de todos los anclajes que la fijan al suelo. Se siente apresada. En cualquier caso, cuando ha intentado imaginar cómo sería el mundo que desea, nunca ha llegado a darle una forma precisa. Seguramente, no saber qué forma, qué figura ponerle a lo que deseas, se corresponde con la falta de ambición. Sientes la incomodidad de lo que te rodea, el desagrado de ti misma, pero no sabes qué puedes poner a cambio, con qué puedes sustituirlo, y eso te paraliza
  • Hace sólo unas horas no soportaba la idea de que Matías se hubiese muerto sin que algo hubiera ocurrido, pero él se había muerto, y no parecía que eso significara algo especial
  • Brouard coge un cuadernito negro y tira de la cinta separadora para leerle una frase que habla de un filósofo y un cura: Ninguno de los dos mencionaba la palabra bondad en todos sus discursos sobre la moral. ¿Te gusta la cita? ¿Sabes de quién es? Es de Fielding, es una frase sacada del Tom Jones
  • La cantidad de fatalidad que depende del hombre se llama Miseria y puede ser abolida; la cantidad de fatalidad que depende de lo desconocido se llama Dolor y debe ser contemplada y explorada con temblor. Mejoremos lo que se puede mejorar y aceptemos piadosamente el resto
  • Acabamos conociendo siempre tan poco a los que tenemos más cerca. Resulta curioso, Matías ha muerto, sabemos que la muerte es el mayor fracaso, y sin embargo, tengo la sensación de que ye sido yo el que ha perdido; de que él se ha salido con la suya: fracasó a lo largo de su vida en cuanto se propuso, y sin embargo no se me quita de la cabeza la impresión de que supo caer siempre en el lado bueno. Uno no puede trabajar, luchar, encontrar una posición, ganar dinero, no necesitar – finalmente – de nadie y sin embargo, está en el lado equivocado, ha crecido en una mala dirección. En cambio otro, sin hacer nada, está en el lado bueno, cae de ese lado, de pie.
  • Un nombre a la vez de ama de cada y de puta, un nombre multiuso. Bien, eso gusta. La charca revuelta. La vida sin reciclaje. Mezclados lo bueno y lo malo, lo que huele bien y lo que huele mal. Así es el sexo, piensa él. Sin reciclar. Por mucho que digan, no hay quien le quite la guarrería. A veces, cuando acabas, tienes que ducharte enseguida. No soportas el olor
  • El amor lo tiene uno, está en uno, está en ti, le dice. Lo que te gusta de los otros es tu espejo, ves en el espejo tu propio sentimiento y eso te conmueve.
  • Cuando envejeces te das cuenta de que le tiempo que no has vivido es irrecuperable, de que te faltan cosas que dejaste a otro vivir por ti. Algo así le dijo Matías. El amor no es eso. Ni siquiera deseo de propiedad, un deseo más difuso que tiene que ver con carencias que a veces uno sólo imagina, y las busca fuera sin saber que tiene en sí mismo lo que busca
  • Eso no es trabajo, se trata más bien de estética, tan improductiva como el puro ocio, tentación de todos los ideólogos que fracasan: el regreso a la naturaleza, al buen salvaje, Cándido cultiva lechugas, a ser posible al pie de algún decorado suntuoso, lo de menos es el cultivo. Lo que vale no es lo que se produce, sino el gesto, la escenografía
  • Claudio de Graves y Memorias de Adriano. Otra vuelta de tuerca de H.James, Polvo y ceniza de Joyce Dublineses, Bola de sebo de maupassant, el idiota de dostoiewsky, fausto de goethe, diferencia entre el rígido Demócrito y el flexible Epicuro
  • Tomás de Kempis: en quintándolo de la vista, pronto se va también de la memoria
  • Los cristianos se inventaron lo del cuerpo místico: mi dolor, aunque no me cure te sirve a ti. Pero eso es mentira, mi dolor no le sirve a nadie. Deberíamos sentirnos orgullosos, fíjate en lo que hemos conseguido. Por fin la existencia transcurre en paz, sólo sometida a los incidentes habituales en la vida privada. Jamás habíamos gozado de tanta calma y sin embargo, jamás habíamos tenido una sensación tan grande de estar oprimidos.
  • Si odias tanto la literatura, ¿para qué escribes?, él le respondía con aquello que Charlot le decía a Claire Bloom – creí que odiaba usted el teatro – en Candilejas: también odio la sangre pero me corre por las venas. No busques más explicación. Eso que tanto odiamos es lo que hay dentro.
  • Como le dice mi suegro a mi mujer: vosotros nunca os habéis equivocado porque no habéis tenido intención de ir a ninguna parte.
  • Te casas de penalti con una a la que no quieres, y estás poniéndole a tu vida a la vez un principio y un fin. Todos hacen igual. Se casan por pesimismo (mientras pronunciaba la frase me he acordado de que eso – casarse por pesimismo- lo leí hace una infinidad de tiempo en el solterón Baroja, me impresionó, lo pensaba muchas noches después que decidí volver a casarme, no quería que fuera el miedo a la soledad el que me cegara), te casas porque estás convencido de que no sirves para otra cosa, y estás condenado.
  • Hay algo infantil en ese afán de transparencia, como si las sociedades – como los hogares; la vida pública es al fin y al cabo, un trasunto de la vida privada – no necesitaran tener sus zonas oscuras, las zonas donde se acumula la energía de lo que va a venir.
  • En cuanto yo me voy, el mundo deja de existir, deja de existir todo este ajetreo, se redime esta crueldad. Pero sobre ese relativismo se levanta el principio mismo de la vida. Sobre la evidencia de que estás y luego no estarás, de que eres y luego no serás. Coge la fruta y muérdela, y que el jugo te empape la boca. Ese bocado es el que vale. La vida es eso, derroche, hija mía.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Por qué no soy cristiano. Bertrand Russell

- El argumento de la causa primera. La autobiografía de John Stuart Mill: Mi padre me enseño que la pregunta ¿quién me hizo? No puede responderse ya que inmediatamente sugiera la pregunta ¿Quién hizo a Dios?. Esa sencilla frase me demostró, y así lo sigo creyendo, la falacia del argumento de la causa primera. Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. No hay razón para suponer que el mundo haya tenido un comienzo. (La idea de que las cosas tienen que tener un principio se debe realmente a la pobreza de nuestra imaginación).
- El argumento de la ley natural. Ahora sabemos que muchas cosas que considerábamos como leyes naturales son realmente convencionalismos humanos. Los argumentos usados a favor de la existencia de Dios cambian de carácter con el tiempo. Al principio, eran duros argumentos intelectuales que incorporaban ciertas falacias bien definidas. Al llegar a la época moderna, se hicieron menos respetables intelectualmente y estuvieron cada vez más influidos por una especie de vaguedad moralizadora.
- El argumento del plan. Todo el mundo está hecho para que podamos vivir en él, y si el mundo variase un poco, no podríamos vivir. Desde Darwin entendemos mucho mejor por qué las criterios vivas se adaptan al medio. No es que el medio fuera adecuado a ellas, sino que ellas se hicieron adecuadas al medio y esa es la base de la adaptación. No hay en ello ningún indicio de plan.
- Los argumentos morales de la deidad. Antiguamente solía haber tres argumentos intelectuales de la existencia de Dios, que fueron suprimidos por Kant en la Crítica de la razón pura, pero encontró otro nuevo, un argumento moral. Era como mucha gente: en materia intelectual era escéptico pero en materia moral creía implícitamente en las máximas que su madre la había enseñado. La fuerza inmensamente mayor que tienen en nosotros las asociaciones primitivas sobre las posteriores. Este argumento moral, no habría bien ni mal si Dios no existiera. En realidad el mundo que conocemos fue hecho por el demonio en un momento en que Dios no estaba mirando
- El argumento del remedio de la injusticia. Lo que realmente hace que la gente crea en Dios no son los argumentos intelectuales, sino porque le han enseñado a creer desde su infancia, y la razón más poderosa después de esta es el deseo de seguridad, la sensación de que hay un hermano mayor que cuidará de uno.
- El carácter de Cristo. No hagáis resistencia al agravio, si alguno te hiriese la mejilla derecha, vuelve también la otra. No es un precepto nuevo, Lao Tse y Buda lo usaron antes.
- Defectos de las enseñanzas de Cristo. El creía que su segundo advenimiento ocurriría durante la vida de muchos que vivían entonces
- El problema moral. A mi modo de pensar hay un muy grave defecto en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. Yo no siento que ninguna persona que realmente sea profundamente humana pueda creer en un castigo eterno. Ciertamente Cristo, tal como lo retratan los Evangelios, creía en el castigo eterno, y uno encuentra repetidamente una furia vengativa hacia aquellos que no escuchaban sus prédicas: una actitud que no es rara en los predicadores, pero que desdice algo de la excelencia superlativa.
- Afirmo que la religión cristiana, tal como está organizada en iglesias, ha sido y es aún, la principal enemiga del progreso moral del mundo.
- La religión se basa, pienso, principal y primariamente en el miedo. El miedo es el padre de la crueldad, y por tanto no es sorprendente que crueldad y religión han ido tomadas de la mano. La ciencia puede ayudarnos a superar este cobarde temor en que ha vivido la humanidad por tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos, y yo pienso que nuestros propios corazones pueden enseñarnos, a dejar de buscar apoyos imaginarios, a dejar de inventarnos aliados en el cielo, sino mejor a mirar a nuestros propios esfuerzos aquí en la tierra para hacer de este mundo un lugar más adecuado para vivir, en vez de la clase de lugar que las Iglesias han hecho de él durante todos estos siglos.
- La vida buena está inspirada por el amor y guiada por el conocimiento. … El amor como emoción se mueve entre dos polos, de un lado, el puro gozo de la contemplación; del otro, la benevolencia pura.
- La persona que desea ser amada desea ser objeto de un amor que contenga ambos elementos, excepto en los casos de extrema debilidad, como en la infancia y en la enfermedad grave. … Deseamos afecto con el fin de escapar a la sensación de soledad, con el fin de ser, como se dice “comprendidos”. Es un asunto de simpatía, no meramente de benevolencia; la persona cuyo afecto nos es satisfactorio no sólo debe desearnos el bien, sino que debe saber en qué consiste nuestra felicidad. Pero esto pertenece al otro elemento de la vida buena, a saber, el conocimiento. En un mundo perfecto, todo ser consciente sería para los demás objeto del amor pleno, compuesto de gozo, benevolencia y comprensión íntimamente ligados.
- Así lo que distingue a la ética de la ciencia no es una clase especial de conocimientos, sino sencillamente el deseo. El saber que requiere la ética es exactamente igual que el saber requerido en general.
- Sé que la filosofía puede consolar, podría decir McTaggart, porque a mí me consuela
- La metafísica, cuando pretende ocupar el lugar de la religión, equivoca de verdad su función. Admito que pueda ocupar ese lugar; pero lo hace a mi entender, a expensas de ser mala metafísica. ¿Por qué no admitir que la metafísica, como la ciencia, está justificada por la curiosidad intelectual y debe ser guiada solamente por ella? El deseo de hallar consuelo en la metafísica ha producido, tenemos que reconocerlo, una gran cantidad de razonamientos falsos y de deshonestidad intelectual.
- Antiguamente el hombre estaba sometido a la naturaleza: a la naturaleza inanimada, con respecto al clima y la abundancia de las cosechas; a la naturaleza humana, con respecto a los impulsos ciegos que lo impulsaban a procrear y a combatir. El sentimiento de impotencia resultante era utilizado por la religión para transformar le miedo en deber y la resignación en virtud.
- El pecado es lo que desagrada a los que dirigen la educación
- Un código es bueno o malo según fomente la felicidad humana
- Una mujer, como un hombre, debe trabajar para ganarse la vida, y una mujer ociosa no es intrínsecamente más digna de respeto que un gigoló
- Pienso que todas las grandes religiones del mundo (...) son tan falsas como dañinas. Es evidente, como cuestión lógica que, ya que discrepan entre sí, no más que una de ellas puede estar en lo cierto. Con muy pocas excepciones, la religión que acepta un hombre es la de la comunidad en que vive, lo que hace obvio que la influencia del ambiente es lo que lo ha llevado a esa religión.
- La mayoría de las personas cree en Dios porque se les ha enseñado desde la más temprana infancia a hacerlo, y ésta es la razón principal. Luego creo que la siguiente razón más poderosa es el deseo de seguridad, una especie de sentimiento de que hay un gran hermano que cuidará de uno. Esto juega un muy profundo papel en influir en los deseos de las personas de creer en Dios.
- COPLESTON: Bien, yo traje a colación la obligación moral porque pienso que uno puede acercarse por ese camino a la cuestión de la existencia de Dios. La gran mayoría de la raza humana hará, y siempre ha hecho, alguna distinción entre el bien y el mal. La gran mayoría, a mi entender, tiene alguna conciencia de una obligación en la esfera moral. Yo opino que la percepción de valores y la conciencia de una ley y una obligación morales tienen su mejor aplicación en la hipótesis de una razón trascendente del valor y de un autor de la ley moral. No entiendo por «autor de la ley moral» un autor arbitrario de la ley moral. Creo, en realidad, que esos ateos modernos que han sostenido, a la inversa, «no hay Dios; por lo tanto, no hay valores absolutos ni ley absoluta» son completamente lógicos.
- COPLESTON: La existencia de Dios puede ser probada filosóficamente, mediante un argumento metafísico; segundo, que sólo la existencia de Dios da sentido a la experiencia moral y a la experiencia religiosa del hombre. Además, su teoría da de lado a la obligación moral, y eso no es una explicación. Con respecto al argumento metafísico, aparentemente estamos de acuerdo en que lo que llamamos mundo consiste sencillamente en seres contingentes. Es decir, en seres carentes de razón para su propia existencia. Usted dice que la serie de acontecimientos no necesita explicación: yo digo que, si no hubiera un ser necesario, un ser que tuviera que existir y no pudiera dejar de existir, no existiría nada. El carácter infinito de la serie de seres contingentes, aun probado, no conduciría a nada. Hay algo que existe; por lo tanto tiene que haber algo que explique este hecho, un ser que esté al margen de la serie de seres contingentes. Usted sostiene, según creo, que los seres existentes existen sencillamente, y que no hay justificación para plantear la cuestión de la explicación de su existencia.
- RUSSELL: Mi posición es agnóstica. Con respecto al argumento moral advierto que cuando uno estudia antropología o historia se da cuenta de que hay personas que piensan que su deber consiste en realizar actos que yo considero abominables y, por lo tanto, no puedo atribuir origen divino a la materia de la obligación moral, cosa que el padre Copleston no me pide; pero creo que incluso la forma que toma la obligación moral, cuando se trata de ordenarle a uno que se coma a su padre, por ejemplo, no me parece una cosa muy noble y bella; y, por lo tanto, no puedo atribuir origen divino a la obligación moral en este sentido que creo que puede explicarse fácilmente de otras muchas maneras. Yo no creo que la moral dependa de la religión tanto como cree la gente religiosa. Incluso creo que algunas virtudes importantes suelen darse más entre los que rechazan los dogmas religiosos que entre los que los aceptan. Creo que esto puede aplicarse especialmente a la virtud de la sinceridad o integridad intelectual. Entiendo por integridad intelectual la costumbre de decidir las cuestiones problemáticas en base a una prueba, o de dejarlas

España invertebrada. Ortega y Gasset

- La diferencia de los caracteres, dada la homogeneidad de la materia humana, es ante todo una diferencia de localización espiritual. Por eso, el talento psicológico consiste en una fina percepción de los lurgares que dentro de cada individuo ocupan las pasiones; por lo tanto, en un sentido de la perspectiva. El sentido para la social, lo político, lo histórico es del mismo linaje.
- Por una curiosa inversión de las potencias imaginativas, suele el español hacerse ilusiones sobre su pasado en vez de hacérselas sobre el porvenir, que sería más fecundo. Hay quien se consuela de las derrotas que hoy nos inflingen los moros, recordando que el Cid existió , en vez de preferir almacenar en el pasado los desastres y procurar victorias para el presente.
- Ahora bien: ¿no es el peor pesimismo creer, como es usado, que España fue un tiempo la raza más perfecta, pero que luego declinó en pertinaz decadencia? ¿No equivale esto a pensar que nuestro pueblo tuvo ya su hora mejor y se halla en irremediable decrepitud?
- A mi juicio, el síntoma más elocuente de la hora actual es la ausencia en toda Europa de una ilusión hacia el mañana
- Hay quien sabe vivir como un sonámbulo; yo no he logrado aprender este cómodo estilo de existencia. Necesito vivir de claridades y lo más despierto posible.
- La historia de toda nación, y sobre todo de la nación latina, es un vasto sistema de incorporación
- Es falso suponer que la unidad nacional se funda en la unidad de sangre y viceversa. La diferencia racial, lejos de excluir la incorporación histórica, subraya lo que hay de específico en la génesis de todo gran Estado.
- La historia de la decadencia de una nación es la historia de una vasta desintegración.
- Mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas. La sugestión moral y la imposición material van íntimamente fundidas en todo acto de imperar. Yo siento mucho no coincidir con el pacifismo contemporáneo en su antipatía hacia la fuerza; sin ella no habría habido nada de lo que más nos importa en el pasado, y si la excluimos del porvenir sólo podremos imaginar una humanidad caótica. Pero también es cierto que con sólo la fuerza no se ha hecho nunca cosa que merezca la pena.
- Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo.
- No es el ayer, el pretérito, el haber tradicional, lo decisivo para que una nación exista. Este error nace, como ya he indicado, de buscar en la familia, en la comunidad nativa, previa, ancestral, en el pasado, en suma, el origen del Estado. Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana.
- Se ha hecho de la fuerza lo contrapuesto al espíritu, o cuando más, una manifestación espiritual de carácter inferior
- Porque no se le dé vueltas: España es una cosa hecha por Castilla y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral.
- La unidad española fue, ante todo y sobre todo, la unificación de las dos grandes políticas internacionales que a la sazón había en la península: la de Castilla, hacia África y el centro de Europa; la de Aragón hacia el mediterráneo.
- Aquí sin embargo, parece que la unidad es la causa y la condición para hacer grandes cosas. ¿Quién lo duda? Pero es más interesante y más honda, y con verdad de más quilates, la relación inversa; la idea de grandes cosas por hacer engendrar la unificación nacional.
- Para entender una cosa es preciso ponerse a su compás. ¿cómo podrán entenderse dos almas de tempo melódico distintos? Si queremos intimar con algo o con alguien, tomemos primero el pulso de su vital melodía y según él exija, galopemos un rato a su vera o pongamos al paso nuestro corazón.
- De 1580 hasta el día cuanto España acontece es decadencia y desintegración. El proceso incorporativo va en crecimiento hasta Felipe II. El año vigésimo de su reinado puede considerarse como la divisoria de los destinos peninsulares. Hasta su cima, la historia de España es ascendente y acumulativa; desde ella hacia nosotros, la historia de España es decadente y dispersiva.
- La esencia del particularismo es que cada grupo dejo de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán.
- Cuando una sociedad se consume víctima del particularismo, puede siempre afirmar que le primero en mostrarse particularista fue precisamente el poder central. Y esto es lo que ha pasado en España.
- No se emprende nada nuevo, ni en lo político, ni en lo científico, ni en lo moral. Toda la actividad que resta se emplea precisamente “en no hacer nada nuevo” en conservar el pasado, instituciones y dogmas, en sofocar toda iniciación, todo fenómeno innovador. Castilla se transforma en lo más opuesto a sí misma: se vuelve suspicaz, angosta, sórdida, agria. Ya no se ocupa de potenciar la vida de las otras regiones; celosa de ellas, las abandona a sí mismas y empieza a no enterarse de lo que en ellas pasa.
- La afirmación de la diferencia étnica, el entusiasmo por sus idiomas, la crítica de la política central, me parece que o no tiene importancia o si la tiene, podría aprovecharse en sentido favorable.
- Las clases y los grupos profesionales en cambio nacen desde luego como partes. Tal es el particularismo de clase, síntoma mucho más grave de descomposición que los movimientos de secesión étnica y territorial
- Los políticos actuales son fiel reflejo de los vicios étnicos de España
- La única forma de actividad pública que al presente, satisface a cada clase es la imposición inmediata de su señera voluntad, en suma, la acción directa
- Cuando un loco o un imbécil se convence de algo, no se da por convencido él solo, sino que al mismo tiempo, cree que están convencidos todos los demás mortales. No consideran pues necesario esforzarse en persuadir a los demás
- Años de soledad han enseñado al egregio espíritu del señor Maura, que para hacer grandes cosas es la peor una táctica de exclusiones. Las revoluciones y cambios victoriosos han solido hacerse con ideas de amplísimo seno, al paso que la revolución obrera va en derrota, por su absurda pretensión de triunfar a fuerza de exclusiones. Es penoso observar que desde hace muchos años, en el periódico, en el sermón y en el mitin, se renuncia desde luego a convencer al infiel y se habla sólo al parroquiano ya convicto. A esto se debe el progresivo encanijamiento de los grupos de opinión.
- Nos falta la cordial efusión del combatiente y nos sobra la arisca soberbia del triunfante. No queremos luchar: queremos simplemente vencer.
- La influencia pública o, si se prefiere llamarla así, la influencia social, emana de energías muy diferentes de las que actúan en la influencia privada que cada persona puede ejercer sobre la vecina. Un hombre no es nunca eficaz por sus cualidades individuales, sino por la energía social que la masa ha depositado en él. Sus talentos personales fueron sólo el motivo, ocasión o pretexto para que se condensase en él ese dinamismo social. Así, un político irradiará tanto de influjo público cuanto sea el entusiasmo y confianza que su partido haya concentrado en él. Un escritor logrará saturar la conciencia colectiva en la medida que el público sienta hacia él devoción. En cambio, sería falso decir que un individuo influye en la proporción de su talento o de su laboriosidad. La razón es clara: cuanto más hondo, sabio y agudo sea un escritor, mayor distancia habrá entre sus ideas y las del vulgo, y más difícil su asimilación por el público. Sólo cuando el lector vulgar tiene fe en el escritor y le reconoce una gran superioridad sobre sí mismo, pondrá el esfuerzo necesario para elevarse a su comprensión. En un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles.
- Es completamente erróneo suponer que el entusiasmo de las masas depende del valer de los hombres directores. La verdad es estrictamente lo contrario: el valor social de los hombres directores depende de la capacidad de entusiasmo que posea la masa.
- Un pueblo vive de lo mismo que le dio la vida: la aspiración. No el pasado sino el futuro, no la tradición, sino el afán. Esas grandes empresas no pueden hoy, pro lo pronto, consistir más que en una gigantesca, dinámica reforma de la vida interior de España orientada hacia un destino internacional: la unificación espiritual de los pueblos de habla española. Nada de eso se puede iniciar sin convencernos antes de que en España hoy, como siempre, es deducidísimo el número de hombres bien dotados. Culto al hombre selecto.
- Así, cuando en una nación la masa se niega a ser masa –esto es, a seguir a la minoría directora-, la nación se deshace, la sociedad se desmembra y sobreviene el caos social, la invertebración histórica.
- Que una sociedad sea inmoral, tenga o contenga inmoralidad, es grave; pero que una sociedad no sea una sociedad, es mucho más grave. Pues bien: éste es nuestro caso. La sociedad española se está disociando desde hace largo tiempo porque tiene infeccionada la raíz misma de la actividad socializadora.
- Este fenómeno mortal de insubordinación espiritual de las masas contra toda minoría eminente se manifiesta con tanta mayor exquisitez cuanto más nos alejamos de la zona política.
- Dondequiera asistimos al deprimente espectáculo de que los peores, que son los más, se revuelven frenéticamente contra los mejores.
- Hay en la historia una perenne sucesión alternada de dos clases de épocas: épocas de formación de aristocracias y con ellas de la sociedad, y épocas de decadencia de esas aristocracias, y con ella disolución de la sociedad.
- En vez de analizar previamente lo que es, las condiciones ineludibles de cada realidad, se procede desde luego a dictaminar sobre como deben ser las cosas. Éste ha sido el vicio característico de los <>, de los <> y más o menos, de todo espíritu llamado <> o <>. Se trata de una actitud mental sobremanera cómoda.
- Pero esta suplantación de lo real por lo abstractamente deseable es un síntoma de puerilidad.
- Por tanto, desde el punto de vista <<ético>> o <> no se puede construir el ideal de una sociedad. Ésta fue la aberración de los siglos XVIII y XIX. Con la moral y el derecho solos no se llega ni siquiera a asegurar que nuestra utopía social sea plenamente justa, no hablemos de otras calidades más perentorias aún que la justicia para una sociedad.
- Píndaro en su ilustre imperativo <>
- He aquí el mecanismo elemental creador de toda sociedad; la ejemplaridad de unos pocos se articula en la docilidad de otros muchos. El resultado es que el ejemplo cunde y que los inferiores se perfeccionan en el sentido de los mejores.
- El dato que mejor define la peculiaridad de una raza es el perfil de los modelos que elige, como nada revela mejor la radical condición de un hombre que los tipos femeninos de que es capaz de enamorarse. En la elección de la amada hacemos, sin saberlo, nuestra más verídica confesión.
- Lo primero que el historiador debiera hacer para definir el carácter de una nación o de una época es fijar la ecuación peculiar en que las relaciones de sus masas con las minorías selectas se desarrollan dentro de ella
- Hay razas que se han caracterizado por una abundancia casi monstruosa de personalidades ejemplares, tras las cuales sólo había una masa exigua, insuficiente e indócil. Este fue el caso de Grecia, y éste es el origen de su inestabilidad histórica.
- Genial como cultura, fue Grecia inconsistente como cuerpo social y como Estado. Un caso inverso es el que ofrecen Rusia y España, los dos extremos de la gran diagonal europea. Muy diferentes en otra porción de calidades, coinciden Rusia y España en ser las dos razas –pueblo-; esto es, en padecer una evidente y perdurable escasez de individuos eminentes.
- La personalidad autónoma, que adopta ante la vida una actitud individual y consciente, ha sido rarísima en nuestro país. Aquí lo ha hecho todo el <>, y lo que el <> no ha podido hacer se ha
- quedado sin hacer.
- Esto quiere decir que España posee una estructura específica idéntica a las de Francia, Inglaterra e Italia. Las cuatro naciones se forman por la conjunción de tres elementos, dos de los cuales son comunes a todas y sólo uno varía. Esos tres elementos son: la raza relativamente autóctona, el sedimento civilizatorio romano y la inmigración germánica.
- Siendo, pues, los germanos el ingrediente decisivo, también lo serán para los efectos de la diferenciación, con lo cual llego a un pensamiento que parecerá escandaloso, pero que me interesa dejar aquí someramente formulado, a saber: la diferencia entre Francia y España se deriva, no tanto de la diferencia entre galos e íberos como de la diferente calidad de los pueblos germánicos que invadieron ambos territorios. Va de Francia a España lo que va del franco al visigodo. Pues bien: en la creación de fórmas sociales el rasgo más característico de los germanos fue el feudalismo. Este dominio sobre la tierra, fundado precisamente en que no se labra, es el <>
- La rebelión sentimental de las masas, el odio a los mejores, la escasez de éstos, he ahí la razón verdadera del gran fracaso hispánico.
- Lejos de eso, la convivencia estatal, la unidad civil soberana radica en la voluntad histórica, y no en la fatalidad biológica, de convivir.
- El hombre inteligente ve constantemente a sus pies abierto e insondable el abismo de la estulticia. Por eso es inteligente: lo ve y retiene su pie cautelosamente

Antología personal. León Felipe.

  • ¡Qué pena!
    ¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas
    leguas
    y siempre se repitieran
    los mismos pueblos, la mismas ventas
    los mismos rebaños, las mismas recuas!
    ¡Qué pena si esta vida tuviera
    --esta vida nuestra--
    mil años de existencia!
    ¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
    ¿Quién la soportaría toda sin protesta?
    ¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la
    cierra
    al ver las mismas cosas siempre con distinta
    fecha?
    Los mismos hombres, las mismas guerras,
    los mismos tiranos, las mismas cadenas,
    y los mismos farsantes, las mismas sectas
    ¡y los mismos, los mismos poetas!

    ¡Qué pena,
    que sea así todo siempre, siempre de la misma
    manera!
  • ¡Qué lástima!

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de
Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

  • Más sencilla...

Más sencilla... más sencilla.
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.

«Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos.»

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto...
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla... más sencilla...
haz una cruz sencilla, carpintero.

  • Poemas menores
    Noe s lo que me trae cansado
    Este camino de ahora…
    No cansa
    Una vuelta sola,
    Cansa el estar todo un día
    Hora tras hora,
    Y día tras día un añoY año tras año una vida dando vueltas a la noria

  • ¡Qué solo estoy, Señor!

¡Qué solo estoy, Señor!
¡Qué solo y qué rendido
de andar a la ventura
buscando mi destino!
En todos los mesones
he dormido,
en mesones de amor
y en mesones malditos,
sin encontrar jamás
mi albergue decisivo.
Y ahora estoy aquí, solo...
rendido
de andar a la ventura
por todos los caminos.
Ahora estoy aquí, solo,
en este pueblo de Avila escondido
pensando
que no está aquí mi sitio,
que no está aquí tampoco
mi albergue decisivo.