jueves, 5 de septiembre de 2013
La autopista del sur - Julio Cortázar
Y en la antena de la radio flotaba localmente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo se miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia delante.
Hablando del asunto - Julian Barnes
L'Amour plaît plus que le mariage, por la raison que les romans sont plus amusants que l'histoire.
Yo prefiero a Chamfort. Él también dijo: L'hymen vient après l'amour, comme la fumée après la flamme.
El amor opera de acuerdo con las fuerzas de mercado, dijo, para justificar el robarme a mi mujer. Ahora un poco más viejo y un poco más sabio, empiezo a estar de acuerdo: el amor tiene muchas de las propiedades del dinero.
Yo prefiero a Chamfort. Él también dijo: L'hymen vient après l'amour, comme la fumée après la flamme.
El amor opera de acuerdo con las fuerzas de mercado, dijo, para justificar el robarme a mi mujer. Ahora un poco más viejo y un poco más sabio, empiezo a estar de acuerdo: el amor tiene muchas de las propiedades del dinero.
Le roi se meurt - Ionesco
MARGUERITE C’est parce qu’on pensait que tu déciderais plus tôt. Tu as pris goût à l’autorité, il faut que tu décides de force. Tu t’es enlisé dans la boue tiède des vivants. Maintenant, tu vas geler.
LE ROI On m’a trompé. On aurait dû me prévenir, on m’a trompé.
MARGUERITE On t’avait prévenu.
LE ROI Tu m’avais prévenu trop tôt. Tu m’avertis trop tard. Je ne veux pas mourir… Je ne voudrais pas. Qu’on me sauve puisque je ne peux plus le faire moi-même.
MARGUERITE C’est ta faute si tu es pris au dépourvu, tu aurais dû t’y préparer. Tu n’as jamais eu le temps. Tu étais condamné, il fallait y penser dès le premier jour, et puis, tous les jours, cinq minutes tous les jours. Ce n’était pas beaucoup. Cinq minutes tous les jours. Puis dix minutes, un quart d’heure, une demi-heure. C’est ainsi que l’on s’entraîne.
LE ROI J’y avais pensé.
Tout le monde est le premier à mourir.
LE ROI On m’a trompé. On aurait dû me prévenir, on m’a trompé.
MARGUERITE On t’avait prévenu.
LE ROI Tu m’avais prévenu trop tôt. Tu m’avertis trop tard. Je ne veux pas mourir… Je ne voudrais pas. Qu’on me sauve puisque je ne peux plus le faire moi-même.
MARGUERITE C’est ta faute si tu es pris au dépourvu, tu aurais dû t’y préparer. Tu n’as jamais eu le temps. Tu étais condamné, il fallait y penser dès le premier jour, et puis, tous les jours, cinq minutes tous les jours. Ce n’était pas beaucoup. Cinq minutes tous les jours. Puis dix minutes, un quart d’heure, une demi-heure. C’est ainsi que l’on s’entraîne.
LE ROI J’y avais pensé.
Tout le monde est le premier à mourir.
La librería - Penelope Fitzgerald
Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir.
Sus emociones, a base de no ejercitarlas, casi habían desaparecido.
Enero, como siempre, trajo consigo un día en el que la gente decía que parecía primavera.
¿qué es lo que decía mi padre...? Si estás en el fondo de la garganta, piensa en Jonás. Él salió airoso.
Sus emociones, a base de no ejercitarlas, casi habían desaparecido.
Enero, como siempre, trajo consigo un día en el que la gente decía que parecía primavera.
¿qué es lo que decía mi padre...? Si estás en el fondo de la garganta, piensa en Jonás. Él salió airoso.
La librería ambulante - Christopher Morley
No entendía cómo todo aquello había permanecido oculto para mí hasta entonces. No entendía cómo el trascendental misterio de hacer pan me había impedido ver durante tanto tiempo los misterios del sol y el cielo y el viento en los árboles.
El hombre que viaja anhela tener un hogar. ¡Y, aun así, cuán bestial es el conformismo! Todas las grandes cosas de la vida fueron hechas por gente que no estaba conforme.
La buena vida tiene tres ingredientes: aprendizaje, satisfacción y deseo.
Cuando Dios creó al primer hombre(escribe George Herbert) tenía delante una copa de bendiciones que tenía guardadas: fuerza, belleza, sabiduría, honor, placer; pero se abstuvo de darle la última, que es el descanso, o sea, la satisfacción. Dios entiende que si el hombre está satisfecho jamás encontrará su camino hacia Él. Dejad, pues, al hombre disconforme, de modo que si la bondad no lo guía, tal vez el cansancio lo arroje a mi pecho.
Soy una criatura del común, me temo, insensible a muchas de las cosas profundas de la vida, pero de vez en cuando, como todos nosotros, me enfrento cara a cara con algo que me emociona. Había visto que este vendedor ambulante de barba roja se sentía como un puñado de levadura dentro de la enorme y pesada masa de la humanidad: viajaba intentando cumplir con su propio ideal de belleza.
Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o como ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos del amañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena.
El hombre que viaja anhela tener un hogar. ¡Y, aun así, cuán bestial es el conformismo! Todas las grandes cosas de la vida fueron hechas por gente que no estaba conforme.
La buena vida tiene tres ingredientes: aprendizaje, satisfacción y deseo.
Cuando Dios creó al primer hombre(escribe George Herbert) tenía delante una copa de bendiciones que tenía guardadas: fuerza, belleza, sabiduría, honor, placer; pero se abstuvo de darle la última, que es el descanso, o sea, la satisfacción. Dios entiende que si el hombre está satisfecho jamás encontrará su camino hacia Él. Dejad, pues, al hombre disconforme, de modo que si la bondad no lo guía, tal vez el cansancio lo arroje a mi pecho.
Soy una criatura del común, me temo, insensible a muchas de las cosas profundas de la vida, pero de vez en cuando, como todos nosotros, me enfrento cara a cara con algo que me emociona. Había visto que este vendedor ambulante de barba roja se sentía como un puñado de levadura dentro de la enorme y pesada masa de la humanidad: viajaba intentando cumplir con su propio ideal de belleza.
Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o como ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos del amañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena.
Ardiente secreto - Stefan Zweig
No sentía ninguna inclinación a enfrentarse solo consigo mismo y en lo posible evitaba esos encuentros, porque en absoluto deseaba un conocimiento más íntimo de su propia persona. Sabía que necesitaba el roce con las personas para que todo su talento, el calor y la alegría desbordante de su corazón cobraran vida, y que a solas se sentía frío e inútil, como una cerilla metida en la caja.
Era uno de esos hombres jóvenes a los que su hermoso rostro les ha favorecido mucho y en los que todo está constantemente dispuesto para un nuevo encuentro, para una nueva experiencia, uno de esos jóvenes que siempre se hallan en tensión, para lanzarse a lo desconocido de una nueva aventura, a los que nada les sorprende, porque, estando siempre al acecho, lo calculan todo, a los que no se les escapa ninguna oportunidad erótica, porque ya al primer vistazo captan a cada mujer desde el punto de vista sensual, tanteando y sin distinguir si se trata de la esposa de su amigo o de la criada que les abre la puerta que conduce hasta ella.
Y el poder de un amor siempre se medirá de manera equivocada, si sólo se valora en función de lo que lo ha provocado y no por la expectación que lo precede, ese espacio oscuro y hueco de desengaño y soledad que se abre ante todos los grandes acontecimientos del corazón.
Se encontraba en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio.
Era uno de esos hombres jóvenes a los que su hermoso rostro les ha favorecido mucho y en los que todo está constantemente dispuesto para un nuevo encuentro, para una nueva experiencia, uno de esos jóvenes que siempre se hallan en tensión, para lanzarse a lo desconocido de una nueva aventura, a los que nada les sorprende, porque, estando siempre al acecho, lo calculan todo, a los que no se les escapa ninguna oportunidad erótica, porque ya al primer vistazo captan a cada mujer desde el punto de vista sensual, tanteando y sin distinguir si se trata de la esposa de su amigo o de la criada que les abre la puerta que conduce hasta ella.
Y el poder de un amor siempre se medirá de manera equivocada, si sólo se valora en función de lo que lo ha provocado y no por la expectación que lo precede, ese espacio oscuro y hueco de desengaño y soledad que se abre ante todos los grandes acontecimientos del corazón.
Se encontraba en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino. La vida, a la que hace tiempo parece que se le han dado ya todas las respuestas, se convierte una vez más en pregunta, por última vez tiembla la mágica aguja del deseo, oscilando entre la esperanza de una experiencia erótica y la resignación definitiva. Una mujer tiene entonces que decidir entre vivir su propio destino o el de sus hijos, entre comportarse como una mujer o como una madre. Y el barón, perspicaz en esas cuestiones, creyó notar en ella aquella peligrosa vacilación entre la pasión de vivir y el sacrificio.
domingo, 4 de agosto de 2013
Una historia del mundo en diez capítulos y medio - Julian Barnes
Su publico llegaría a la conclusión contraria: que Franklin actuaba por egoísmo, para salvar la piel gracias un acto de asquerosa sumisión. Pero eso era lo que pasaba con el altruismo, siempre podía ser malinterpretado.
La ironía puede definirse como aquello que a la gente se le escapa
No hay ninguna respuesta formal a laprincipal oleada del cuadro, como no hay respuesta a la mayoría de los sentimientos humanos. Noúnicamente a la esperanza, sino a cualquier pesado anhelo: la ambición, el odio, el amor (en especial elamor). Cuán raramente encuentran nuestras emociones el objeto que parecen merecer. Qué inútilmentehacemos señales; qué oscuro el cielo; qué grandes las olas. Todos estamos perdidos en el mar, zarandeadosentre la esperanza y la desesperación, llamando a algo que tal vez nunca venga a rescatarnos. Lacatástrofe se ha transformado en arte; pero éste no es un proceso reductor. Es liberador, engrandecedor,explicativo. La catástrofe se ha transformado en arte: eso es, después de todo, para lo que sirve.
Su edad y su categoría me producían la mezcla normal de deferencia, temor y descaro. Su decrepitud -la ropa con manchas históricas, las babas como clara de huevo que le colgaban de la barbilla- despertaba en mí una rabia adolescente general contra la vida y su inevitable estado final; sentimiento que fácilmente se traducía en odio hacia la persona que padecía ese estado. Su hija le alimentaba con latas de alimentos infantiles, lo cual me confirmaba la amarga broma de la existencia y que aquel viejo era particularmente despreciable.
Los teóricos mantenían que la vida se resumía en la supervivencia de los más aptos. ¿no demostraba la hipótesis de Beesley que los "más aptos" eran simplemente los más astutos? Los héroes, los pequeños terratenientes de sólida virtud, los hombres de buen linaje, incluso el capitán, todos se habían hundido noblemente con el barco, mientras que los cobardes, los histéricos los impostores encontraban razones para largarse en un bote salvavidas. ¿No era esto una prueba convincente de que la dotación genética humana se estaba deteriorando constantemente, de que la sangre mala eliminaba la buena?
Yo conocía bien la interpretación de Marx sobre la teoría de Hegel: la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa.
Ella está tumbada de lado, de espaldas a mí. No puedo verla en la oscuridad, pero por el suave oleaje de su respiración podría dibujar el mapa de su cuerpo. (...) Nuestras nochas son diferentes. Ella se duerme coo quien se entrega al suave tirón de una manera cálida, y flota confiada hasta la mañana. Yo me duermo más de mala gana, luchando contra las olas, resistiéndome a dejar partir un buen día o quejándome aún de un mal día. (...)
El caso es que ella está dormida, dándome la espalda, de costado. Las habituales estratagemas y cambios de postura no han logrado inducir la narcosis en mí, así que decido instalarme contra el suave zigzag de su cuerpo. Cuando me muevo y empiezo a acomodar mi espinilla contra una pantorrilla cuyos músculos están aflojados por el sueño, ella intuye lo que estoy haciendo y, sin despertarse, levanta la mano izquierda y se aparta el pelo de los hombros y lo amontona sobre su cabeza, dejándome su nuca desnuda para que me acurruque en ella. Cada vez que hace eso siento un estremecimiento de amor por la precisión de esta cortesía durmiente. Me escuecen los ojos a causa de las lágrimas y tengo que contenerme para no despertarla y recordarle mi amor.
En ese momento, inconscientemente, ha tocado un fulcro secreto de mis sentimientos hacia ella. No lo sabe, naturalmente, nunca le he contado este mínimo y preciso placer de la noche. Aunque se lo estoy contando ahora, supongo...
Soñé que me despertaba. Es el sueño más antiguo de todos y acabo de tenerlo
La ironía puede definirse como aquello que a la gente se le escapa
No hay ninguna respuesta formal a laprincipal oleada del cuadro, como no hay respuesta a la mayoría de los sentimientos humanos. Noúnicamente a la esperanza, sino a cualquier pesado anhelo: la ambición, el odio, el amor (en especial elamor). Cuán raramente encuentran nuestras emociones el objeto que parecen merecer. Qué inútilmentehacemos señales; qué oscuro el cielo; qué grandes las olas. Todos estamos perdidos en el mar, zarandeadosentre la esperanza y la desesperación, llamando a algo que tal vez nunca venga a rescatarnos. Lacatástrofe se ha transformado en arte; pero éste no es un proceso reductor. Es liberador, engrandecedor,explicativo. La catástrofe se ha transformado en arte: eso es, después de todo, para lo que sirve.
Su edad y su categoría me producían la mezcla normal de deferencia, temor y descaro. Su decrepitud -la ropa con manchas históricas, las babas como clara de huevo que le colgaban de la barbilla- despertaba en mí una rabia adolescente general contra la vida y su inevitable estado final; sentimiento que fácilmente se traducía en odio hacia la persona que padecía ese estado. Su hija le alimentaba con latas de alimentos infantiles, lo cual me confirmaba la amarga broma de la existencia y que aquel viejo era particularmente despreciable.
Los teóricos mantenían que la vida se resumía en la supervivencia de los más aptos. ¿no demostraba la hipótesis de Beesley que los "más aptos" eran simplemente los más astutos? Los héroes, los pequeños terratenientes de sólida virtud, los hombres de buen linaje, incluso el capitán, todos se habían hundido noblemente con el barco, mientras que los cobardes, los histéricos los impostores encontraban razones para largarse en un bote salvavidas. ¿No era esto una prueba convincente de que la dotación genética humana se estaba deteriorando constantemente, de que la sangre mala eliminaba la buena?
Yo conocía bien la interpretación de Marx sobre la teoría de Hegel: la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa.
Ella está tumbada de lado, de espaldas a mí. No puedo verla en la oscuridad, pero por el suave oleaje de su respiración podría dibujar el mapa de su cuerpo. (...) Nuestras nochas son diferentes. Ella se duerme coo quien se entrega al suave tirón de una manera cálida, y flota confiada hasta la mañana. Yo me duermo más de mala gana, luchando contra las olas, resistiéndome a dejar partir un buen día o quejándome aún de un mal día. (...)
El caso es que ella está dormida, dándome la espalda, de costado. Las habituales estratagemas y cambios de postura no han logrado inducir la narcosis en mí, así que decido instalarme contra el suave zigzag de su cuerpo. Cuando me muevo y empiezo a acomodar mi espinilla contra una pantorrilla cuyos músculos están aflojados por el sueño, ella intuye lo que estoy haciendo y, sin despertarse, levanta la mano izquierda y se aparta el pelo de los hombros y lo amontona sobre su cabeza, dejándome su nuca desnuda para que me acurruque en ella. Cada vez que hace eso siento un estremecimiento de amor por la precisión de esta cortesía durmiente. Me escuecen los ojos a causa de las lágrimas y tengo que contenerme para no despertarla y recordarle mi amor.
En ese momento, inconscientemente, ha tocado un fulcro secreto de mis sentimientos hacia ella. No lo sabe, naturalmente, nunca le he contado este mínimo y preciso placer de la noche. Aunque se lo estoy contando ahora, supongo...
Soñé que me despertaba. Es el sueño más antiguo de todos y acabo de tenerlo
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