miércoles, 30 de diciembre de 2009

Antología poética - Rubén Darío

Wagner a Augusta Holmes, su discipula, dijo un día: "Lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a mi"

SONATINA
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. (...)

BOUQUET
(...)
Yo, al enviarte versos, de mi vida arranco
la flor que te ofrezco, blanco serafín.
¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco
la más roja rosa que hay en tu jardín

EL FAISAN
Dijo sus secretos el faisán de oro:
En el gabinete mi blanco tesoro,
de sus claras risas el divino coro,

las bellas figuras de los gobelinos,
los cristales llenos de aromados vinos,
las rosas francesas en los vasos chinos.

(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia
donde en el retiro de la dulce estancia
esas frescas rosas dieron su fragancia.)

La cena esperaba. Quitadas las vendas,
iban mil amores de flechas tremendas
en aquella noche de Carnestolendas.

La careta negra se quitó la niña,
y tras el preludio de una alegre riña
apuró mi boca vino de su viña.

Vino de la viña de la boca loca,
que hace arder el beso, que el mordisco invoca.
¡Oh los blancos dientes de la loca boca!

En su boca ardiente yo bebí los vinos,
y, pinzas rosadas, sus dedos divinos
me dieron las fresas y los langostinos.

Yo la vestimenta de Pierrot tenía,
y aunque me alegraba y aunque me reía,
moraba en mi alma la melancolía.

La carnavalesca noche luminosa
dio a mi triste espíritu la mujer hermosa,
sus ojos de fuego, sus labios de rosa.

Y en el gabinete del café galante
ella se encontraba con su nuevo amante,
peregrino pálido de un país distante.

Llegaban los ecos de vagos cantares
y se despedían de sus azahares
miles de purezas en los bulevares.

Y cuando el champaña me cantó su canto,
por una ventana vi que un negro manto
de nube, de Febo cubría el encanto.

Y dije a la amada un día: ?¿No viste
de pronto ponerse la noche tan triste?
¿Acaso la Reina de luz ya no existe?

Ella me miraba. Y el faisán cubierto
de plumas de oro: ?«¡Pierrot, ten por cierto
que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»

GARÇONNIERE
Cómo era el instante, dígalo la musa
que las dichas trae, que las penas lleva:
la tristeza pasa, velada y confusa;
la alegría, rosas y azahares nieva.

Era en un amable nido de soltero,
de risas y versos, de placer sonoro;
era un inspirado cada caballero,
de sueños azules y vino de oro.

Un rubio decía frases sentenciosas:
negando y amando las musas eternas
un bruno decía versos como rosas,
dos sonantes rimas y palabras tiernas.
(...)

MARGARITA
¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.
Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Sí… no… sí… no…» ¡y sabías que te adoraba ya!
Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.
Y en una tarde triste de los más dulces días,
la Muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡como a una margarita de amor, te deshojó!

A MARGARITA DEBAYLE
(...)
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

DEZIR
Reina Venus, soberana
capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dio el sino
y en ella bebí tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hizo experimentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvido el turbulento
sentimiento,
y hallé un sátiro ladino
que dio a mi labio sediento
nuevo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi roja sangre fiera 20
triple llama fue encendida:
yo al flamante amor entrego
la vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.

En la fruta misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente o beso sabio.
¡Bien haya el sátiro griego
que me enseñó el dulce juego!

En el reino de mi aurora
no hay ayer, hoy ni mañana;
danzo las danzas de ahora
con la música pagana.

OTRO DEZIR
(...)
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
te sorberé el corazón.

QUE EL AMOR NO ADMITE CUERDAS REFLEXIONES
Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y al perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

LA ESPIGA
Mira el signo sutil que los dedos del viento
hacen al agitar el tallo que se inclina
y se alza en una rítmica virtud de movimiento.
Con el áureo pincel de la flor de la harina

trazan sobre la tela azul del firmamento
el misterio inmortal de la tierra divina
y el alma de las cosas que da su sacramento
en una interminable frescura matutina.

Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma.
De las floridas urnas místico incienso aroma
el vasto altar en donde triunfa la azul sonrisa;

aún verde está y cubierto de flores el madero,
bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero
y en la espiga de oro y luz duerme la misa.


AMA TU RITMO
Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro
¡ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón

poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad:

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
¡y a veces lloro sin querer!

¡Y las demás!, en tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretexto de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

X
El verso sutil que pasa o se posa
sobre la mujer o sobre la rosa,
beso puede ser, o ser mariposa.

En la fresca flor el verso sutil;
el triunfo de Amor en el mes de abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.

Amor y dolor. Halagos y enojos.
Herodías ríe en los labios rojos.
Dos verdugos hay que están en los ojos.

¡Oh, saber amar es saber sufrir!
Amar y sufrir, sufrir y sentir,
y el hacha besar que nos ha de herir…

¡Rosa de dolor, gracia femenina;
inocencia y luz, corola divina!
y aroma fatal y cruel espina…

Líbranos, Señor, de abril y la flor
y del cielo azul y del ruiseñor,
de dolor y amor, líbranos, Señor

DIVINA PSIQUIS
¡Divina Psiquis, dulce Mariposa invisible
que desde los abismos has venido a ser todo
lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible
forma la chispa sacra de la estatua de lodo!

Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra
y prisionera vives en mí de extraño dueño:
te reducen a esclava mis sentidos en guerra
y apenas vagas libre por el jardín del sueño.

Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias,
te sacudes a veces entre imposibles muros,
y más allá de todas las vulgares conciencias
exploras los recodos más terribles y oscuros.
(...)

XVII
¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla
-dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!,
la vida se soporta,
tan doliente y tan corta,
solamente por eso:
roce, mordisco o beso
en ese pan divino
para el cual nuestra sangre es nuestro vino.
En ella está la lira,
en ella está la rosa,
en ella está la ciencia armoniosa,
en ella se respira
el perfume vital de toda cosa.
(...)

"¡AY, TRISTE DEL QUE UN DÍA...!"
¡Ay, triste del que un día en su esfinge interior
pone los ojos e interroga! Está perdido.
¡Ay del que pide eurekas al placer o al dolor!
Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido.

Lo que el árbol desea decir y dice al viento,
y lo que el animal manifiesta en su instinto,
cristalizamos en palabra y pensamiento.
Nada más que maneras expresan lo distinto.

MELANCOLÍA
Hermano, tu que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas,
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿ No oyes caer las gotas de mi melancolía ?

DE OTOÑO
Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Ésos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.
Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!

LO FATAL
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Kokoro - Natsume Soseki

Sensei no reaccionaba al cariño de la gente porque se despreciaba a sí mismo y no por menosprecio a los demás.

El recuerdo de haberse arrodillado ante una persona en un futuro te hace querer pisarle la cabeza. Yo prefiero evitar el respeto de hoy para no recibir el agravio de mañana. Mejor aguantar mi soledad actual y no una soledad futura que sería horrorosa. La gente de hoy, nacida bajo el signo de la libertad, la independencia y la autoestima, debe, en justa compensación, saborear esta soledad.

Tal vez, haya bastante diferencia entre mi idea de la ética y la idea de la ética de los jóvenes de ahora. Aún así, aunque me equivoque, esa moral viene de mi. No es un traje alquilado con el que uno se viste un rato. Por eso pienso que mi moral podría servirte de referencia a ti, que ahora estás desarrollando tu propia personalidad.

Desde entonces, mi prima y yo éramos amigos. Sabrás también que nunca ocurre enamoramiento entre hermano y hermana. Tal vez estoy repitiendo algo que reconoce todo el mundo, pero creo que entre un hombre y una mujer que son buenos amigos y se ven muchas veces no hay esa frescura tan estimulante y necesaria para el enamoramiento. Para captar el perfume del incienso, hay que olerlo en el momento de quemarse; para saborear al máximo el sake, hay que degustarlo en el instante de meterlo en la boca por primera vez. Igualmente, en el impulso del amor, debe existir un punto clave en el tiempo. Si ese punto se deja pasar, si una persona se acostumbra a la otra, puede surgir el cariño, pero el nervio del enamoramiento poco a poco se va paralizando.

La mía fue una respuesta tal vez banal, pero para mi era una respuesta viva. Yo creo que dar una opinión banal con el corazón caliente es más vivo que dar una opinión original con la cabeza fría. El cuerpo se mueve gracias a la sangre. Las palabras vivas no sólo sirven para hacer vibrar el aire, sino que también pueden agitar poderosamente el corazón humano.

El yo que tú conoces es el resultado de una personalidad ensuciada con el polvo del camino de la vida.

Sumando todas esas actitudes de la señora, llegué a la conclusion de que había conquistado la confianza de la familia. Incluso, descubrí que tal confianza se remontaba a nuestro primer encuentro. Yo, que entonces recelaba de todo el mundo, me sentía ahora totalmente aturdido por este descubrimiento. Di en pensar que las mujeres eran más ricas en poder intuitivo que los hombres y que, por esa misma razón, hay tantas mujeres engañadas en el mundo. Es divertido pensar que nunca se me había ocurrido analizar mi confianza en la señorita, basada ni más ni menos que en la intuición.

Yo adopté la línea de no oponerme a él en lo posible. La táctica era sacar el hielo al sol para que se derritiera y transformara en agua tibia.

En esa discusión recuerdo haber utilizado una y otra vez la palabra "humano". K me dijo que bajo ese término, yo ocultaba todas mis debilidades.

Soy de la opinión de que las mujeres tienden, en mayor medida que los hombres, a disfrutar más al ser amadas como objetos exclusivos de amor, aunque el amor se salga del camino correcto, que cuando ese amor comprende a toda la humanidad.

martes, 8 de diciembre de 2009

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras dejaba correr la imaginación a propósito de su propia vida, Giovanni Drogo, en cambio, fue presa de improviso del sueño y, entretanto, aquella noche precisamente —oh, si lo hubiera sabido, tal vez no habría tenido ganas de dormir—, comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.

Hasta entonces, había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años transcurrenlentos y con paso imperceptible, por lo que nadie nota su marcha. Caminamos plácidamente, mirando en derredor con curiosidad, no hay necesidad alguna de apresurarse, nadie apremia por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin pensar y se detienen con frecuencia a bromear. Desde las casas, en las puertas, los mayores saludan, comprensivos, y hacen señas para indicar el horizonte con sonrisas de inteligencia; así, el corazón empieza a latir con deseos heroicos y tiernos, se saborean, la víspera, las cosas maravillosas que se esperan para más adelante; aún no se ven, no, pero es cierto, absolutamente cierto, que un día llegaran.

¿Falta mucho aún? No, basta con cruzar aquel río allí al fondo, sobrepasar aquellas verdes colinas, pero ¿no habremos llegado ya? ¿No serán tal vez esos árboles, esos prados, esa casa blanca lo que buscábamos? Por unos instantes tenemos la impresión de que sí y nos gustaría detenernos. Después oímos decir que lo mejor está más adelante y reanudamos la marcha sin preocupación.
Así continuamos el camino con una espera confiada, y las jornadas son largas y tranquilas, el sol brilla alto en el cielo y parece que no tenga ganas de bajar nunca al ocaso.
Pero en determinado momento, casi instintivamente, volvemos la vista atrás y vemos que una verja ha quedado cerrada a nuestras espaldas y corta el camino de regreso. Entonces sentimos que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza ¡ay!, rápidamente, apenas hay tiempo de mirarlo cuando ya se precipita hacia el confín del horizonte, nos damos cuenta de que las nubes no se estancan en las azules ensenadas del cielo, sino que huyen amontonándose unas sobre otras, con su ansiedad; comprendemos que el tiempo pasa y que el camino deberá acabar algún día.
Cierran a nuestras espaldas una pesada verja, la atrancan con velocidad fulmínea y no nos da tiempo de regresar, pero Giovanni Drogo en aquel momento dormía inocente y sonreía en el sueño, como los niños.
Pasarían días antes de que Drogo comprendiera lo que había sucedido. Sería entonces como un despertar. Miraría, incrédulo, en derredor; después oiría un alboroto de pasos que se acercarían a su espalda, acudiría la gente, despertada antes que él y corriendo con mayor ansia, y lo adelantaría para llegar a tiempo. Sentiría el latido del tiempo escandir con avidez la vida. Ya no se asomarían a las ventanas figuras risueñas, sino rostros inmóviles e indiferentes y, si él preguntara cuánto camino faltaba, harían también una señal para indicar, sí, el horizonte, pero sin bondad ni alegría algunas. Entretanto los compañeros se perderían de vista, alguno quedaría atrás exhausto, otro habría huido más adelante, ya sólo sería un minúsculo punto en el horizonte.
Detrás de aquel río —diría la gente—, diez kilómetros más y habrás llegado, pero en cambio, nunca se acabaría, las jornadas resultarían cada vez más breves, los compañeros de viaje más escasos, en las ventanas habría apáticas figuras pálidas que menearían la cabeza.
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No se habían adaptado a la existencia común, a las alegrías de la gente habitual, a un destino mediocre; vivían, codo con codo, con la misma esperanza, sin decir palabra nunca al respecto, porque no se daban cuenta o simplemente porque eran soldados, con el celoso pudor de su alma.
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Si sólo hubiera sido por el sonar de las trompetas - y aunque se hubiesen oído canciones de guerra y desde el Norte hubieran llegado mensajes inquietantes -, Drogo se habría marchado igualmente, pero había ya en él el torpor de las costumbres, la vanidad militar, el amor doméstico a los muros cotidianos. Con el monótono ritmo del servicio, cuatro meses había bastado para enviscarlo.
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Drogo permaneció solo y se sintió practicamente feliz. Saboreaba con orgullo su decisión de quedarse, el amargo gusto de dejar las pequeñas alegrías seguras por un gran bien a largo e incierto plazo (y tal vez subyaciera el consolodar pensamiento de que siempre tendría tiempo para marcharse).
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Al final Drogo entendió y un lento escalofrío le recorrió la espalda. Era el agua, era una lejana cascada fragorosa que bajaba por los salientes de los peñascos vecinos. El viento que hacía oscilar el larguísimo corro, el misterioso juego de los ecos, el diferente sonido de las piedras que recorría lo convertían en una voz humana, que hablaba y hablaba: palabras de nuestra vida, que siempre se estaba a punto de comprender, pero no, nunca.
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En cambio la existencia de Drogo había quedado como paralizada. La misma jornada, con cosas idénticas se había repetido centenares de veces sin dar un paso adelante. El río del tiempo pasaba por encima de la Fortaleza, resquebrajaba las murallas, arrastraba hacia abajo polvos y fragmentos de piedra, limaba los escalones y las cadenas, pero por Drogo pasaba en vano: no había logrado aún engancharlo en su fuga.
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"Todos más o menos, nos obstinamos en esperar, pero es un absurdo, basta con pensarlo un poco"
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Se hacía la ilusión, Drogo, de ejercer una gloriosa venganza a largo plazo, creía tener aún una inmensidad de tiempo a su disposición, renunciaba así a la vulgar lucha por la vida cotidiana. Llegará un día en que ajustaremos todas las cuentas con creces, pensaba, pero entretanto, los otros se lanzaban, se disputaban el paso ávidamente para ser los primeros, adelantaban en la carrera a Drogo, sin hacerle caso siquiera, lo dejaban atrás. Él los veía desaparecer al fondo, perplejo, presa de dudas insólitas: ¿y si hubiese estado equivocado en realidad? ¿Y si fuera un hombre común y corriente, a quien por derecho sólo le corresponde un destino mediocre?
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Entretanto el tiempo corría, su silencioso latido escande, cada vez más presuroso la vida, no podemos detenernos ni siquiera un instante, ni siquiera para echar una ojeada atrás. "¡Deténte, deténte!" nos gustaría gritar, pero comprendemos que es inútil. Todo huye -los hombres, las estaciones, las nubes- y de nada sirve aferrarse a las piedras, resistir sobre algún escollo, los dedos, cansados, se abren, los brazos se aflojan inertes; nos vemos arrastrados de nuevo por el río, que parece lento, pero nunca se detiene.
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Poco a poco se iba debilitando la confianza. Resulta difícil creer en algo cuando estamos solos y no podemos hablar con nadie al respecto. Precisamente por aquel tiempo se dio cuenta Drogo de que los hombres, aun cuando se estimen, permanecen siempre distantes, de que si uno sufre, el dolor es totalmente suyo, ningún otro puede hacerse cargo ni siquiera de una parte mínima, de que, si uno sufre, no por ello sienten los otros dolor, aun cuando haya gran amor de por medio, y eso provoca la soledad de la vida.
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Se conservaba en él, absurdo, refractario a los años, desde la época de la juventud, aquel profundo presentimiento de cosas fatales, una obscura certeza de que lo bueno de la vida estaba aún por comenzar.

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar - Anna Gavalda

Lugares parís: café literario Les Deux-Magots, El chiquito en rue saint-benoît, botella de côte de nuits, Gevrey-Chambertin del 86, calle Eugène-Gonon de melun, vino Gruaud-Larose

Le digo que mi corazón es como una gran bolsa vacía, una bolsa sólida, en la que podría meter todo un bazar y sin embargo, no hay nada dentro

El curioso incidente del perro a medianoche - Mark Haddon

El problema de monty hall (En el concurso la búsqueda de un nuevo coche tras las puertas, el jugador elige inicialmente la puerta 1. El presentador le abre la puerta 3 y le revela que hay una cabra y le ofrece la posibilidad de elegir la puerta 2 en vez de la 1)

La gente cree en Dios porque el mundo es muy complicado. Creen que es muy improbable que algo tan complicado como una ardilla voladora o el ojo humano o un cerebro llegue a existir por casualidad. Pero deberían pensar lógicamente, y si pensaran lógicamente, verían que sólo pueden hacerse esa pregunta porque eso ya ha sucedido y ellos existen. Hay billones de planetas en los que no hay vida, pero en esos planetas no hay nadie con cerebro para darse cuenta. Y es como si toda la gente en el mundo arrojara monedas al aire: a alguien acabaría por salirle cruz 5.698 veces seguidas y se creerían muy especiales. Pero no lo serían, porque habría millones de personas a quienes no les saldría cruz 5.698 veces.

En la Tierra hay vida por culpa de un accidente, pero un tipo de accidente muy especial. Y para que ese accidente ocurra de esa manera especial, tienen que darse 3 Condiciones. Y éstas son

1. Las cosas tienen que hacer copias de sí mismas (esto se llama Duplicación)

2. Tienen que cometer pequeños errores al hacer eso (esto se llama Mutación)

3. Esos errores tienen que ser los mismos en sus copias (esto se llama Herencia)

martes, 10 de noviembre de 2009

El Arte de insultar – Arthur Schopenhauer

  • La astrología. Una prueba maravillosa de la subjetividad miserable de los seres humanos, que hace que éstos lo refieran todo a sí mismos y pasen desde cualquier idea a sus propias personas sin solución de continuidad, lo proporciona la astrología, que retrotrae el movimiento de los grandes cuerpos celestes al pobre yo, y vincula los cometas con las trifulcas y necedades terrenales
  • El centro del universo. Si se le diera a cada cual a escoger entre su propia destrucción y la del resto del mundo, no necesito decir qué decisión tomaría la mayor parte de la gente. Ello demuestra que cada uno se coloca a sí mismo en el centro del universo, refiere todo a sí mismo y sopesa cualquier cosa que suceda (como por ejemplo los cambios más importantes en el destino de los pueblos) por las repercusiones que pueda tener sobre su interés, convirtiendo a estas últimas por muy insignificantes y circunstanciales que sean, en el objeto principal de sus reflexiones. … El único mundo que cada cual conoce y del que tiene noticia es el que lleva en su interior, como representación, y por eso se coloca en su centro. De ahí que cada uno sea lo máximo para sí mismo
  • El deseo sexual. El deseo sexual, sobre todo cuando está concentrado debido a su fijación en una mujer partícula, por el enamoramiento, es la quintaesencia de la gran estafa de este bendito mundo; pues aunque es indecible, infinito y desmedido lo que promete, es muy poco lo que cumple
  • El destino. La “lucha del hombre contra el destino” es una noción ridícula, sino por otra cosa, al menos porque implica una pugna contra un oponente invisible. Si además se toma en cuenta la omnipotencia del destino, se concluirá que intentar combatirlo es la más absurda de las pretensiones
  • Dios como persona. Cuando se estudia el budismo a partir de sus fuentes, de repente se ve todo claro: ni rastro del necio discurso acerca de un mundo creado a partir de la nada, ni de un sujeto que aparece de súbito para construirlo. ¡Fuera con esta basura!
  • El erudito. Para quien estudia con el propósito de comprender las cosas, los libros y las investigaciones son meros peldaños de una escalera con la que se asciende hasta la cima del conocimiento: en cuanto un peldaño ha permitido ascender un paso, hay que abandonarlo. La mayoría de la gente, en cambio, estudia para llenar su memoria y no utiliza los peldaños de la escalera para ascender, sino que los desmonta y se los echa al hombre para llevárselos, alegrándose del creciente peso de su carga. Permanecen siempre abajo ya que sostienen aquello que debería sostenerlo a ellos
  • El Estado ético. El fin exclusivo del Estado es proteger a los individuos unos de otros, y al conjunto de ellos de los enemigos externos. Algunos filosofastros alemanes de los tiempos venales que corren quisieran desfigurarlo, convirtiéndolo en una instancia moralizadora, educadora y edificante; tras lo cual acecha por supuesto el propósito jesuítico de suprimir la libertad individual y el desarrollo autónomo del sujeto, hasta convertir a éste en una mera rueda de la maquinaria estatal y religiosa, como sucede en China
  • La fe. La fe es como el amor: no se la puede obtener por la fuerza
  • Fe y saber. El saber está hecho de un material más duro que la fe, de manera que cuando ambos chocan, esta última es la que se resquebraja
  • El hombre un animal egoísta. La motivación más importante y fundamental del ser humano, como de los animales, es el egoísmo, es decir el ansia irrefrenable de existir y llevar una vida agradable
  • El hombre un mecanismo de relojería. Los hombres se parecen a mecanismos de relojería a los que se les da cuerda y que funcionan sin saber por qué lo hacen; cada vez que un hombre es concebido y nace, el reloj de una vida humana es rebobinado de nuevo, para que repita una y otra vez la misma cantaleta tocada ya innumerables veces, frase por frase y compás por compás, con variaciones insignificantes
  • El hombre un ser social. Un grupo de puerco espines se apiñaron densamente un frío día de invierno para obtener calor y salvarse de morir congelados. Muy pronto, sin embargo, sintieron las púas recíprocas, lo que los obligó a separarse de nuevo. Cada vez que la necesidad de calentarse los reunía, volvía a presentarse aquel otro inconveniente, por lo que siempre se veían arrastrados entre uno y otro tipo de sufrimiento, hasta que finalmente encontraron una moderada distancia entre ellos que les permitía soportar su situación. Así, la necesidad de vivir en sociedad, nacida del vacío y de la monotonía del yo interior, atrae a los seres humanos los unos hacia los otros; pero sus numerosos rasgos desagradables y errores imperdonables vuelven a separarlos. La distancia intermedia, que terminan por hallar y hace posibles su convivencia, viene dada por la amabilidad y las buenas costumbres. A aquel que no guarda esa distancia se le advierte en Inglaterra: ¡Keep your distance! Es cierto que esa distancia satisface sólo a medias la necesidad de obtener calor recíproco; pero al menos evita que se sienta el dolor de las púas. Quien disponga, sin embargo, de suficiente calor interno hará bien en mantenerse alejado de la sociedad, para así no molestar ni ser molestado.
  • Kant y el derecho a mentir. L’homme a reçu la parole pour pouvoir cacher sa pensée
  • La lectura. Leer significa pensar en cabeza ajena, en lugar de hacerlo con la propia
  • La masa. La multitud tiene ojos y oídos, pero no mucho más; a lo sumo una paupérrima capacidad para juzgar, e incluso escasa memoria
  • El monoteísmo. La intolerancia es consustancial al monoteísmo; un Dios que gobierna solo es, en esencia, un Dios envidioso que no tolera a otros dioses en su cercanía
  • La moral. Acaso una mirada retrospectiva hacia los más de dos mil años de infructuosos esfuerzos por dotar a la moral de un fundamento seguro consiga enseñarnos que no existe una moral natural independiente de las instituciones humanas y que la moral es simplemente un artefacto, un recurso inventado para controlar mejor al egocéntrico y malvado género humano
  • Placer y dolor. El dolor es el elemento positivo que se anuncia por sí solo; la satisfacción y los placeres son lo negativo, mera supresión de aquél
  • La religión. La humanidad crece dentro del traje de la religión como un niño dentro de su ropa; se haga lo que se haga, la ropa terminará por desbaratarse. Las religiones son hijas de la ignorancia que no sobreviven a su madre
  • Rostros desagradables y estúpidos. Una mirada lastimosa lo es, por lo general, realmente.
  • La vida. La vida oscila como un péndulo, entre el dolor y el aburrimiento
  • La voluntad. El instinto sexual es el núcleo de la voluntad de vivir y por ello en él se concentra todo deseo; de ahí que yo en mis escritos haya denominado a los genitales como el punto focal de la voluntad

lunes, 9 de noviembre de 2009

Arte de buen vivir – Arthur Schopenhauer

  • Prólogo Dolores Cástrillo Mirat
    - “De nobis ipsis silemus” estas palabras que encabezan La Crítica de la Razón Pura, relevan de manera ejemplar la pática conjuración del elemento biográfico e individual que caracteriza al racionalismo moderno (Callemos acerca de nosotros mismos)
    - La filosofía de Schopenhauer es la primera en poner como absoluto el condicionamiento de las funciones intelectuales por las funciones afectivo-inconscientes, es decir por la voluntad. Con ello sale a la luz la inevitable parcialidad que se esconde tras el juego de los conceptos de apariencia neutra y objetiva. La inquebrantable exigencia de la veracidad de Schopenhauer conduce pues, en rigurosa lógica, a negar el concepto de verdad. ¿Cómo podría subsistir el mito de lo absoluto incondicionado, una vez que ha sido detectada la presencia de ese callado huésped que los filósofos se obstinaran en silencio hasta ahora? … Hacer aflorar en el discurso el yo empírico supone una modificación estilística que conlleva aparejada la negación de las pretensiones de verdad y objetividad que hasta ahora se había atribuido la filosofía construida según el modelo científico.
    - Su intuición genealógica es sólo el paso previo hacia esa experiencia del absurdo de un Querer que nada quiere, salvo a sí mismo. Como hemos visto, el Querer irracional lo gobierna todo, incluido el intelecto. Todas nuestras metas y verdades, objetivos provienen de la Voluntad, pero, y ahí radica el absurdo, también desembocan en ella
    - Detrás de la insatisfacción propia del deseo se esconde un secreto más sombrío aún: las tendencias humanas no son solamente imposibles de satisfacer, sino ante todo, falsas. El fin que persiguen nuestros deseos es ilusorio, una pura intuición teatral. “si el deseo no se atiene a lo que promete, no es porque mienta haciendo espejear en el horizonte unos bienes inaccesibles: el lugar preciso de su mentira es el de presentarse como tendencia, cuando en realidad no es ni una cosa ni otra… De ahí la paradoja schopenhaueriana del hombre prisionero de cadenas ficticias, esclavo de tendencias que no tienden… Tan decepcionante, pero ciertamente menos absurdo, sería un mundo donde las tendencias, por inalcanzables que pudieran ser, estuviesen al menos fundadas con motivo y tendieran en realidad y no sólo en apariencia. Pero el análisis del Querer revela una ausencia de finalidad en el origen mismo de todos los fines que sugiere” C. Rosset
    - Y así la vida del hombre se encuentra atrapada en el círculo infernal del Querer, que hace alternar sin tregua, espera, satisfacción ilusoria y de nuevo, dolor de la espera, sin que se pueda jamás salir de su círculo
    - En el seno de un Querer eternamente repetido, el tiempo ya no cumple su misión fundamental: la de hacer advenir al por-venir. Al contrario, todos los acontecimientos están ya fijados de antemano en una inmovilidad originaria: el futuro no es más que la muerta repetición del pasado. El mundo según Schopenhauer, está muerto desde siempre. Creemos que vive pero en el fondo no es más que el simulacro de una vida postiza “gobernados por la necesidad, obran como si fuesen libres y se creen activos y vivientes mientras que son pasivos y muertos”
    - La vida de los hombres vulgares en quienes predomina el impulso inarticulado y monocorde de la volición oscila como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento. Parecidos a estos “relojes a los que se les ha dado cuerda y andan sin saber por qué”, cuando el cese de sus obligaciones les permite un desahogo trata de matar el tiempo libre con el ajetreo de la vida social u otras actividades suplementarias, para evitar caer presa del tedio y protegerse así de la angustiosa revelación del sinsentido de su vida que de algún modo ya presienten.
    - Su doctrina del absurdo da paso a una ética que en su forma más radical propone la autoaniquilación de esa potencia ciega de la voluntad en la que el alma es poseída por un todo que lo rebasa; y en su forma empírica, adaptada al plano de lo posible, propone el aislamiento del individuo frente a un mundo que se le ha vuelto ajeno y hostil

  • Es una gran locura perder en el interior para ganar en el exterior… no obstante Goethe lo ha hecho. Por lo que a mí me toca, mi genio me ha arrastrado enérgicamente por el camino contrario
  • La parte objetiva de la actualidad y de la realidad está en manos de la suerte, y es por consiguiente variable; la mitad subjetiva somos nosotros mismos; es por lo tanto inmutable en su parte esencial. Así a pesar de todos los cambios exteriores, la vida de cada hombre lleva, de un extremo a otro, el mismo carácter: se le puede comparar a una serie de variaciones sobre el mismo tema. Nadie puede salir de su individualidad
  • Goethe dijo “pueblo y lacayo conquistador, reconocen cada vez, que el supremo bien de los mortales es sólo la personalidad” el diván
  • Así pues la condición primera y más esencial para la felicidad de la vida es que existimos, la personalidad; aun cuando no fuese sino porque obra constantemente y en todas las circunstancias, esto bastaría para explicarla; pero además no está sometida a la fortuna como los bienes de las otras dos categorías y no puede sernos arrebatada.
  • Lo que está en nosotros, lo subjetivo, se sustrae a nuestro poder; establecido jure divino, se mantiene invariable durante toda la vida.
  • Lo único que podemos hacer, por nuestra parte, es emplear esta personalidad tal como se nos ha dado, en provecho nuestro; por consiguiente no perseguir sino las aspiraciones que le corresponden; no buscar sino el desarrollo que les es apropiado, evitando cualquier otro; no escoger por tanto sino el estado, la ocupación el género de vida que le conviene
  • En la buena como en la mala fortuna, salvo la eventualidad de una gran desgracia, lo que sucede a un hombre en su vida es de menos importancia que la manera de sentirlo, es decir, la naturaleza y el grado de sensibilidad bajo todos los aspectos.
  • No es lo que son objetivamente y en realidad las cosas, sino lo que son para nosotros, en nuestra percepción, lo que nos hace felices o desgraciados. Esto lo expresó bien Epicteto: conmueven a los hombres no las cosas, sino sus apreciaciones sobre las cosas
  • Una ojeada general nos hace descubrir dos enemigos de la felicidad humana: son el dolor y el tedio
  • El hombre inteligente aspirará ante todo, a evitar cualquier dolor, cualquier molestia y a encontrar el reposo y el ocio; buscará pues una vida tranquila, modesta, defendida de los importunos… así pues la superioridad de la inteligencia conduce a la insociabilidad. (…) El individuo colocado en el extremo opuesto, desde el momento en que la necesidad le da tiempo para tomar aliento, buscará a toda costa pasatiempos y sociedad
  • Con razón dijo pues Aristóteles “la felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos”
  • Aristóteles en la verdad a Nicomaco: dice que todo goce supone una actividad y que por consiguiente el empleo de una fuerza, y no puede existir sin ella. Esta doctrina aristotélica hace consistir la felicidad del hombre en el libre ejercicio de sus facultades predominantes
  • Lo que cada cual busca y ama ante todo, tanto en la simple conversación como forzosamente en el servicio público, es la inferioridad del otro
  • Entre las cosas que uno posee no he contado mujer e hijos, porque más bien es uno poseído por ellos. Con más razón se podría incluir a los amigos.
  • A medida que conozcamos la superficialidad y la futilidad de los pensamientos, los límites reducidos de las nociones, la mezquindad de los sentimientos, lo absurdo de las opiniones (…) entonces comprenderemos que atribuir mucho valor a la opinión de los hombres es hacerles demasiado honor
  • Aunque el orgullo se execre y repruebe en general, estoy no obstante, tentado de creer que eso proviene principalmente de los que no tiene nada de que puedan enorgullecerse
  • La modestia es una virtud inventada principalmente para uso de los pícaros, porque exige que cada cual hable de sí como si fuese uno
  • La opinión de los demás sobre nosotros no puede tener valor para nosotros sino en cuanto que determina o puede determinar eventualmente su conducta para con nosotros
  • El sexo femenino lo reclama y espera absolutamente todo del sexo masculino, todo lo que desea y todo lo que es necesario; el sexo masculino no exige al otro, ante todo y directamente, más que una sola cosa. (…) para que el arreglo pueda llevarse a cabo es necesario que todas las mujeres se mantengan firmes y demuestren esprit de corps. Se presentan entonces como un todo, en filas compactas, ante la masa entera del sexo masculino como ante un enemigo común
  • Sócrates, muchas veces expuesto a recibir golpes, un día recibió una patada, la aceptó sin incomodarse y dijo a uno que se extrañaba de eso “si un asno me hubiese pegado ¿iría a pedirle explicaciones?
  • Hamlet “un discurso elocuente duerme en el oído de un necio”
  • El valor atribuido a la opinión es completamente desproporcionado e irracional hasta el punto de que Hobbes ha podido decir “Todo goce del alma, toda satisfacción proviene de que al compararse con los demás pueda uno tener una elevada opinión de sí mismo”
  • Considero como regla suprema de toda sabiduría en la vida la proposición enunciada por Aristóteles en su moral a Nicomaco “no el placer sino la ausencia de dolor es lo que persigue el sabio”. La verdad de esta sentencia se funda en que todo placer y toda felicidad son de naturaleza negativa, y el dolor es, por el contrario, de naturaleza positiva. … El hombre más feliz es pues el que pasa la vida sin grandes dolores, tanto en lo moral como en lo físico, y no el que tiene de su parte las alegrías más vivas o los goces más intensos. Querer medir por éstos la felicidad de una existencia es recurrir a una medida falsa. Si a un estado libre de dolor viene a agregarse la ausencia de tedio, entonces se logra la felicidad en la tierra en lo que tiene de esencial, porque lo demás no es más que una quimera. Síguese de ahí que nunca hay que comprar placeres a costa de dolores, puesto que eso sería pagar algo negativo y quimérico con algo positivo y real
  • Goethe “el que quiere despojarse de un mal sabe siempre lo que quiere; el que busca más de lo que tiene, es más ciego que un atacado de cataratas. Lo que recuerda ese hermoso adagio francés, le Vieux est l’ennemi de bien
  • No pasa mucho tiempo sin que la experiencia llegue a hacernos comprender que felicidad y placer son una fata morgana que visible de lejos solamente desaparece cuando uno se acerca a él
  • Es pues prudente rebajar a una escala muy modesta nuestras pretensiones a los placeres, a las riquezas, a las posiciones, a los honores, etc porque éstas son las que nos traen mayores infortunios; esta lucha por la felicidad, el esplendor y los goces. Pero esa conducta es ya perspicaz y prudente sólo porque es muy fácil ser extraordinariamente desgraciado y porque es, no difícil, sino completamente imposible ser muy feliz
  • Cuando se quiere apreciar la condición de un hombre desde un punto de vista de su felicidad, no se debe enterar uno de lo que le divierte, sino de lo que le entristece, porque cuanto más insignificante sea en sí lo que le aflige, más feliz será el hombre
  • Horacio “¿Para qué fatigas el espíritu débil con proyectos eternos?
  • Un punto importante para la sabiduría en la vida es la proporción, en la cual consagramos una parte de nuestra atención al presente y otra al porvenir, a fin de que uno no nos eche a perder el otro
  • Es pues completamente insensato rechazar una buena hora presente o echarla a perder por inquietud del porvenir o por disgusto del pasado. Dediquemos el tiempo oportuno a la inquietud y hasta al arrepentimiento
  • Toda restricción hace feliz, cuando más reducido es nuestro círculo de visión, de acción y de contacto, más felices somos; cuanto más vasto es más atormentados o inquietos nos sentimos
  • La máxima de Pitágoras: pásese revista antes de dormirse por la noche, lo que se ha hecho por el día
  • Bastarse a sí mismo, ser todo en todo por sí y poder decir “todo lo llevo conmigo” esa es seguramente, para nuestra felicidad, la condición más favorable. Así pues no debemos cansarnos de repetir la máxima de Aristóteles “la felicidad es de los que se bastan a sí mismos”. … Este sentimiento de poder bastarse por completo, es lo que impide al hombre de valor y rico en el interior, hacer a la vida en común los grandes sacrificios que exige y menos buscarla a costa de una notable abnegación de sí mismo. Es el sentimiento opuesto lo que hace a los hombres vulgares tan sociables y tan acomodaticios; en efecto, les es más fácil resistir a los demás que a sí mismos
  • Los progresos de la inclinación al retiro y al aislamiento no es algo puramente natural, provocada directamente por la necesidad, es más bien solamente el efecto de la experiencia adquirida y meditada; se consigue especialmente después de haberse convencido de la miserable condición moral e intelectual de la mayoría de los hombres. Voltaire “la terre est couverte de gens qui ne méritent pas qu’on leur parle »
  • La envidia es natural a los hombres, sin embargo es un vicio y una desgracia a la vez
  • Nada nos sustrae mejor a la violencia del exterior que la violencia de nosotros mismos; he aquí la significación de esta sentencia de Séneca “si quieres someter todas las cosas a ti mismo, sométete primero a la razón”. Además esta violencia sobre nosotros mismos la tenemos siempre en nuestro poder y en un caso extremo, o bien cuando se fija en nuestro punto más sensible, tenemos la facultad de aflojarla un poco, mientras que la presión exterior no tiene para nosotros consideraciones, miramiento ni compasión. Por eso es prudente prevenir ésta con la otra
  • La vida está en movimiento ha dicho Aristóteles con razón, del mismo modo que nuestra vida física consiste únicamente en un movimiento incesante, así también nuestra vida interior e intelectual exige una ocupación constante
  • Vencer obstáculos es la plenitud del goce en la existencia humana, ya estos obstáculos sean de naturaleza material como en la acción y el ejercicio, o de naturaleza espiritual como en el estudio y las investigaciones
  • Nadie puede ver por encima de sí mismo. Quiero decir con eso, que no se puede ver en otro más de lo que es uno mismo, porque cada cual no puede comprender a otro sino en la medida de su propia inteligencia
  • La Rochefoucauld ha observado muy exactamente que es difícil estimar mucho a un hombre y armarle mucho a la vez. Hay que escoger, pues, entre mendigar el amor o el aprecio de las personas. Helvecio “le degré d’esprit nécessaire pour nous plaire, est une mesure assez exacte du degré d’esprit que nous avons ». Sucede todo lo contrario cuando se trata del aprecio de las personas; no se les arranca sino luchando cuerpo a cuerpo; así que lo ocultan las más de las veces. Por eso nos proporciona una satisfacción interior mucho mayor; está en proporción con nuestro valor, lo cual no es cierto directamente del amor a las personas, porque éste es subjetivo y el aprecio objetivo.
  • Esta lastimosa subjetividad de los hombres, que les hace referirlo todo a ellos y volver, desde cualquier punto de partida, inmediatamente y en línea recta, hacia su persona, está superabundantemente fomentada por la astrología, que refiere la marcha de los granes cuerpos del universo al tímido yo, y que encuentra una correlación entre los cometas en el cielo y las querellas y miserias en la tierra.
  • Los hombres se parecen a los niños que toman malas costumbres cuando se les misma, así que no hay que ser ni muy indulgente ni muy amable para con nadie. … Lo que no pueden sufrir los hombres, sobre todo, es la idea de que uno necesite de ellos; va siempre seguida inevitablemente de arrogancia y de presunción. … Quien no aprecia se hace apreciar (proverbio italiano)
  • Se puede olvidarlo todo excepto a uno mismo, excepto a su propio ser. En efecto, el carácter es absolutamente incorregible, porque todas las acciones humanas parten de un principio íntimo, en virtud del cual un hombre debe obrar siempre lo mismo en idénticas circunstancias y no puede obrar de otra manera. Leed mi Memoria premiada sobre la sedicente libertad de la voluntad y desterrad toda ilusión
  • Hay excepciones, las hay incomprensiblemente importantes, y las diferencias entre las individualidades son inmensas; pero considerado en conjunto, el mundo es malo; los salvajes se devoran entre sí, y los civilizados se engañan mutuamente, y he aquí lo que se llama la marcha del mundo
  • El egoísmo de la naturaleza humana es de tal manera opuesto a este sentimiento de la amistad, que la amistad verdadera forma parte de esas cosas, de las que no se sabe, como de la gran serpiente de mar, si pertenecen a la fábula o existen en algún lugar
  • La Rochefoucauld “Dans l’adversité de nos meilleurs amis, nous trouvons toujours quelque chose que ni nous deplâit pas ». Los que habitualmente se llaman amigos, apenas pueden en esas ocasiones reprimir el estremecimiento insignificante, la ligera sonrisa de la satisfacción. Hay pocas cosas que ponen a las personas tan de buen humor como el relato de alguna calamidad que a uno le ha sobrevenido poco ha, o la confesión sincera que se les hace de alguna debilidad personal.
  • Los amigos se dicen sinceros; los sinceros son los enemigos; así que para aprender a conocerse a sí mismo se debiera tomar su censura como se tomaría una medicina amarga
  • Gracián dijo con razón “para ser bien quisto, el único medio es vestirse la piel del más simple de los brutos”. Revelar talento y juicio ¿no es una manera desfigurada de acusar a los otros su incapacidad y necedad? Una naturaleza vulgar se rebela a la vista de una naturaleza opuesta: el fautor secreto de la rebeldía es la envidia.
  • La cortesía se funda en una convención tácita para no notar unos en otros la miseraia moral e intelectual de la condición humana y para no echársela en cara mutuamente, de donde resulta, en beneficio de ambas partes, que se revela con menor facilidad.
  • En general, vale más manifestar la razón por todo lo que se calla que por todo lo que se dice. Efecto de prudencia es en el primer caso, de vanidad en el segundo.
  • Máximas árabes “lo que enemigo no debe saber, no lo digas a tu amigo” “del árbol del silencio cuelga su fruto: la tranquilidad” “debo guardar mi secreto, es mi prisionero; en cuanto lo suelto, me convierto yo en su prisionero”
  • “Ni amar ni odiar”, esta regla encierra la mitad de toda sabiduría “no decir nada y no creer nada”, he ahí la otra mitad. En verdad debiéramos volver la espalda a un mundo que hace necesarias reglas como éstas y como las siguientes
  • Tres fuerzas dominan el mundo, ha dicho muy exactamente un antiguo: prudencia, fuerza y fortuna, esta última es a mi juicio la más influyente
  • Obrar en virtud de principios abstractos es difícil, y no se consigue sino después de un laborioso aprendizaje y aún entonces, no siempre, pero sí muchas veces son insuficientes estos principios. En cambio, cada cual posee ciertos principios innatos y concretos encerrados en su carne y en su sangre, porque son el resultado de todo su pensar, su sentir y su querer
  • No hay, quizá, ninguna noción para la cual sea tan indispensable la experiencia como para la exacta apreciación de la inconstancia y de la vicisitud de las cosas
  • Nada conserva ese derecho de actualidad/eternidad y sólo el cambio es la cosa inmutable. El hombre prudente es el que no abusa de la estabilidad aparente y prevé además la dirección en que se operará el próximo cambio.
  • El error proviene siempre de una conclusión de efecto a causa
  • Pero nada nos hará soportar con más calma las desgracias que convencernos bien de la verdad que he establecido firmemente en mi obra premiada sobre la libertad de la voluntad, enunciándola así “todo lo que ocurre, desde lo más grande a lo más pequeño, ocurre necesariamente”
  • El hombre de mundo perfecto sería aquel a quien la indecisión nunca le haga quedarse corto y a quien nada haga apurarse tampoco.
  • El valor es después de la prudencia una condición esencial a nuestra felicidad
  • Voltaire “qui n’a pas l’esprit de son âge, de son âge a tout le malheur »
  • La esencia de la poesía, como la de todas las artes, consiste en percibir en cada cosa aislada la idea platónica, es decir, lo esencial y lo que es común a la especie en general; cada objeto nos aparece representado todo su género, y un caso vale por mil.
  • Como lo expresa Spinoza, todas las cosas y las personas “bajo la forma de la eternidad”, cuanto más jóvenes somos, más cada cosa aisladamente representa para nosotros el género entero
  • En la edad madura sabe uno precaverse mejor contra la desgracia; en la juventud, soportarla
  • Sólo en una edad avanzada llega el hombre plenamente al nil admirari (no asombrarse de nada) de Horacio, es decir, a la convicción directa, sincera y firme de la vanidad de todas las cosas y de la inanidad de todas las pompas del mundo; las quimeras han desaparecido.