- Sórin- ¿Saben ustedes? Voy a darle a Kóstya un asunto para una novela. Debiera llevar el título de El hombre que quiso. L’homme qui a voulu. Hace tiempo, en mi juventud, quise ser literato… y no lo fui. Quise ser buen orador… y hablaba detestablemente
- Dorn- El miedo a la muerte es un miedo animal… y es preciso suprimirlo. Sólo los que creen en la vida eterna tienen miedo consciente a la muerte, porque temen que serán castigados por sus pecados.
- Treplyóv- ¡Qué fácil es ser filósofo por escrito, doctor, y qué difícil es serlo en la vida real!
martes, 13 de julio de 2010
La Gaviota – Anton Chéjov
Ivánov – Anton Chéjov
- Ivanov- Usted, mi querido amigo, terminó su carrera solo el año pasado y es joven y vigoroso, en tanto que yo tengo treinta y cinco años. Tengo pues, derecho a darle consejos. No se casi ni con una judía, ni con una neurótica, ni con una marisabidilla. Escoja a alguien común y corriente, sin distinción ni brillo, que no haga ruido innecesario. Y, hablando en términos generales, construya su vida según una pauta convencional. Cuanto más gris y monótono sea el trasfondo, mejor. No trate de luchar contra la multitud sin ayuda de nadie; no arremeta contra molinos de viento, no dé cabezadas contra la pared…
- Sásha- Hay muchas cosas que los hombres no comprenden. A cualquier muchacha le atrae más un hombre fracasado que uno que ha tenido éxito, porque lo que busca es un amor activo… ¿entiendes? Amor activo. Los hombres están absortos en su trabajo, y por eso mismo, el amor ocupa para ellos un segundo o tercer plano. (…) Pero para nosotras el amor es la vida. Yo te quiero, lo que significa que sueño con cómo curarte de tu melancolía, con cómo iría contigo al fin del mundo… (…) Cuanto mayor es el esfuerzo, tanto mayor es el amor, o sea, se siente con más fuerza, ¿entiendes?
domingo, 4 de julio de 2010
Tokio Blues / Norwegian Wood - Haruki Murakami
- Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko. De la misma forma que se está distanciando del lugar donde estaba mi yo de entonces. Sólo el paisaje, aquella imagen del prado en octubre, vuelve una y otra vez a mi mente como la escena simbólica de una película
- A decir verdad, en aquella época a mí me importaba muy poco el paisaje. Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí, y luego volvía a pensar en mí. Estaba en una edad en que, mirara lo que mirase, sintiera lo que sintiese, pensara lo que pensase, al final, como un bumerán, todo volvía al mismo punto de partida: yo. Además, estaba enamorado, y aquel amor me había conducido a una situación extremadamente complicada. No, no estaba en disposición de admirar el paisaje que me rodeaba
- Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito
- La muerte no existe en contraposición a la vida, sino como parte de ella
- Pensé: "Ahora estoy haciendo el amor contigo. Estoy dentro de ti. Pero, en realidad, no tiene ninguna importancia. Tanto da. No deja de ser un coito. Al poner en contacto nuestros cuerpos imperfectos, no hacemos más que contarnos lo que no podríamos contarnos de otro modo. Y así adquirimos conciencia de nuestras respectivas imperfecciones".
- Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse en una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía. - No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.
- Interrogué a Nagasawa tras acostarme con tres o cuatro chicas. ¿No se sentía vacío tras haber hecho aquello setenta veces? - Que te sientas vacío demuestra que eres un tío decente. Esto es algo positivo -dijo-. No ganas nada acostándote con desconocidas. Sólo consigues cansarte y odiarte a ti mismo. A mí también me pasa. -¿Y porqué no dejas de hacerlo? -Me cuesta explicarlo. Se parece a lo que Dostoievski escribió sobre el juego. Es decir, Cuando a tu alrededor todo son oportunidades, es muy difícil pasar de largo sin aprovecharlas, ¿entiendes? - Más o menos -afirmé. A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto a desilusionarme - aclaré. -No es sólo culpa mía. Me refiero a que yo sea tan poco afectuosa. Y lo reconozco. Pero si ellos..., si mi padre y mi madre..., si ellos me hubiesen querido un poco más, yo, por mi parte, ahora sentiría de otra forma. Y estaría mucho, pero que mucho más triste. -¿Crees que no te quisieron demasiado? Ella volvió la cabeza y me miró fijamente. Hizo un gesto afirmativo.-Yo diría que entre un «no lo suficiente» y un «nada de nada». Siempre estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido una vez, hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme. Hasta poder decir: «Ya basta. Estoy llena. No puedo más». Me hubiera conformado con una vez. Pero ellos jamás me dieron cariño. Si me acercaba con ganas de mimos, mis padres me apartaban de un empujón. «Esto cuesta dinero», decían. Únicamente sabían quejarse. Siempre igual. Así que pensé lo siguiente: «Conoceré a alguien que me quiera con toda su alma los trescientos sesenta y cinco días del año». Estaba en quinto o sexto curso de primaria cuando lo decidí. -¡Qué fuerte! -exclamé admirado-. ¿Y lo has conseguido? -No es tan fácil como creía -reconoció Midori. Reflexionó un momento contemplando el humo.- Quizá sea por haber esperado tanto tiempo, pero ahora busco la perfección. Por eso es tan difícil. -¿Un amor perfecto? -¡No, hombre! No pido tanto. Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. «Toma, Midori. Tu pastel de fresa», me dices. Y te suelto: «¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!». Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero. -No creo que eso sea el amor -le dije con semblante atónito. -Sí tiene que ver. Pero tú no lo sabes -replicó Midori-. Para las chicas, a veces esto tiene una gran importancia.
- Me explicó que no estamos aquí para corregir nuestras deformaciones, sino para acostumbrarnos a ellas. Afirmó que uno de nuestros problemas es la incapacidad para reconocerlas y aceptarlas.
- [sobre Eurípides] La característica de su obra radica en que hay diferentes cosas que se van complicando las unas con las otras hasta que cualquier movimiento se hace imposible. Salen muchos personajes, cada uno con sus propias circunstancias, razones y quejas, todos persiguiendo, a su modo, la justicia y la felicidad. Por ello, todos acaban encontrándose en un callejón sin salida. Lógico, ¿no le parece? Es imposible que prevalezca la idea de justicia, que todos alcancen la felicidad. Y se produce el inevitable caos. ¿Entonces qué cree usted que sucede? En realidad, algo muy simple. Al final aparece un dios. Y controla el tráfico. Tú vas para allá, tú te quedas aquí. Tú te juntas con aquél, tú te quedas aquí un rato quieto. Todo se resuelve. A esto se le llama deus ex machina. En las obras de Eurípides suele aparecer casi siempre un deus ex machina, y sobre este punto la crítica está dividida ¡Sería tan cómodo que existiera un deus ex machina en el mundo real! ¿No le parece? Cuando alguien pensara: “¿Y ahora qué hago? ¡Estoy atrapado!”, un dios bajaría deslizándose desde lo alto y lo resolvería todo. Nada podría ser más fácil. En fin, esto es Historia del Teatro II. Éstas son las cosas que estudiamos en la universidad.
- ¿Cuántas decenas, no, centenares de domingos como éste me quedan por vivir?”, me pregunté. “Domingos tranquilos, apacibles y solitarios”, dije en voz alta. Los domingos no me doy cuerda.
- Watanabe y yo no parecemos en que ninguno de los dos buscamos que los demás nos comprendan. En esto somos diferentes del resto de la gente. La gente se desvive buscando la compresión de quienes les rodean. Pero yo no, y Wanatabe, tampoco. No nos importa que los demás no nos entiendan. Pensamos que 'uno' es 'uno', y los 'demás' son los 'demás'
- Cuando murió Kizuki aprendí una cosa. Quizá me resigné a hacerla mía: “La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”. Es una realidad. Mientras vivimos, vamos criando la muerte al mismo tiempo. Pero ésta es solo una parte de la verdad que debemos conocer. La muerte de Naoko me lo enseñó. Me dije: “El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso”. Pensé en ello, noche tras noche, en mi soledad, oyendo el ruido de las olas y el rugido del viento. Vacié muchas botellas de whisky, mordisqueé pan, bebí agua de la petaca en mi larga marcha hacia el oeste, con la mochila dando bandazos a mi espalda y el pelo lleno de arena…, día tras día de aquel principio de otoño.
sábado, 26 de junio de 2010
Dos crímenes - Jorge Ibargüengoitia
- Me cuesta trabajo explicar lo que siento cuando canta la Chamuca. En primer lugar me enorgullece que una mujer tan bella sea mía: es morena, tiene los ojos muy grandes, los labios carnosos, los dientes magníficos, de sus orejas cuelgan arracadas, su cuerpo podría ser el monumento a la raza. Pero también es un poco ridícula. Cuando canta abre la boca, entrecierra los ojos, y suelta alaridos de pasión ficticia. Me siento incómodo, pero me aguanto, porque considero que cada quien tiene derecho a expresarse como pueda. Es mi filosofía
- Ni por un momento me pasó por la cabeza, ni por la de la Chamuca tampoco, la idea de que si uno es inocente no tiene nada que temer.
- Tengo la impresión de que esta muchacha anda poniéndote las nalgas por delante.
- No sé cómo me atreví, en una casa tan respetable como la de mi tío Ramón Tarragona, a salir al corredor encuerado. No sólo encuerado, sino con una erección. Afortunadamente no me vio ni el cenzontle, porque en la noche Zenaida cubría la jaula con una toalla vieja. Había luna. Llegué a la puerta del cuarto de Lucero e hice girar la perilla. Nunca oí perilla - y después puerta- girar tan silenciosamente. El ruido de mi circulación, en mis sienes, en cambio, era estruendoso. Cerré la puerta con mucho cuidado. Tardé un rato en distinguir a Lucero, que dormía boca abajo, despatarrada, con los brazos abiertos y las manos a los lados de la almohada, la cara hacia el otro extremo del cuarto, ocupando casi toda la cama que era ancha.
- En ese momento entró Amalia. ¡Qué distintas se ven las mujeres cuando ha hecho uno el amor con ellas! No me pareció tan ridícula. Se había pintado de azul los párpados y se había puesto rimel en las pestañas.
- "Déjame como estaba" es una canción que trata de un hombre que tiene una experiencia amorosa muy triste, porque las mujeres no son como él esperaba. Cuando la amante se despide, él exige que lo deje como estaba antes de conocerla "sin amor ni dolor ni nada"
- Nací en un rancho perdido, mi padre fue agrarista, me dicen el Negro, y la única de mi familia que llegó a ser rica empezó siendo puta y con sólo echar una firma perdí catorce millones de pesos. Decir que estoy jodido es poco.
- Ni por un momento me pasó por la cabeza, ni por la de la Chamuca tampoco, la idea de que si uno es inocente no tiene nada que temer.
- Tengo la impresión de que esta muchacha anda poniéndote las nalgas por delante.
- No sé cómo me atreví, en una casa tan respetable como la de mi tío Ramón Tarragona, a salir al corredor encuerado. No sólo encuerado, sino con una erección. Afortunadamente no me vio ni el cenzontle, porque en la noche Zenaida cubría la jaula con una toalla vieja. Había luna. Llegué a la puerta del cuarto de Lucero e hice girar la perilla. Nunca oí perilla - y después puerta- girar tan silenciosamente. El ruido de mi circulación, en mis sienes, en cambio, era estruendoso. Cerré la puerta con mucho cuidado. Tardé un rato en distinguir a Lucero, que dormía boca abajo, despatarrada, con los brazos abiertos y las manos a los lados de la almohada, la cara hacia el otro extremo del cuarto, ocupando casi toda la cama que era ancha.
- En ese momento entró Amalia. ¡Qué distintas se ven las mujeres cuando ha hecho uno el amor con ellas! No me pareció tan ridícula. Se había pintado de azul los párpados y se había puesto rimel en las pestañas.
- "Déjame como estaba" es una canción que trata de un hombre que tiene una experiencia amorosa muy triste, porque las mujeres no son como él esperaba. Cuando la amante se despide, él exige que lo deje como estaba antes de conocerla "sin amor ni dolor ni nada"
- Nací en un rancho perdido, mi padre fue agrarista, me dicen el Negro, y la única de mi familia que llegó a ser rica empezó siendo puta y con sólo echar una firma perdí catorce millones de pesos. Decir que estoy jodido es poco.
La hija de Robert Poste - Stella Gibbons
- Que otras plumas se ocupen de la culpa y las desgracias. Mansfield Park
- El carácter de la señora Smiling era firme, y sus gustos muy refinados. Su método para tratar con la caprichosa naturaleza humana, cuando ésta insistía en imponer la grosería en su modo de vida, era rápida y efectiva; ella fingía que las cosas no eran como eran: y habitualmente, después de un tiempo, dejaban de serlo. La Ciencia Cristina tal vez sea una organización más grande, pero a buen seguro, no es tan exitosa
- ¿Hay manta de viaje?- preguntó, tratando de ser amable. -Pues no. Los pecados que arden en tus tuétanos te mantendrán calientan.
- Como todas las mujeres que son verdaderamente resueltas, en las que todo el mundo confía, a Flora le encantaba que le dieran órdenes. ¡Era un descanso tan grande no tener que ocuparse de todo...!
- El carácter de la señora Smiling era firme, y sus gustos muy refinados. Su método para tratar con la caprichosa naturaleza humana, cuando ésta insistía en imponer la grosería en su modo de vida, era rápida y efectiva; ella fingía que las cosas no eran como eran: y habitualmente, después de un tiempo, dejaban de serlo. La Ciencia Cristina tal vez sea una organización más grande, pero a buen seguro, no es tan exitosa
- ¿Hay manta de viaje?- preguntó, tratando de ser amable. -Pues no. Los pecados que arden en tus tuétanos te mantendrán calientan.
- Como todas las mujeres que son verdaderamente resueltas, en las que todo el mundo confía, a Flora le encantaba que le dieran órdenes. ¡Era un descanso tan grande no tener que ocuparse de todo...!
lunes, 21 de junio de 2010
Las muertas - Jorge Ibargüengoitia
- Así fueron siempre mis tratos con ella. Yo le decía una cosa bonita y ella contestaba una burrada (...) ¿Por qué me reclamas cosas que no tienen remedio si sabes que lo único que vas a lograr es echar a perder este día tan bonito?
- Yo vivo con un pie en el estribo (Simón Corona)
- Cuando regresé al hotel me dijeron que Simón "había salido con el coche". No tuvo ni siquiera la decencia de pagar la cuenta. Esto me pasó por ser sincera con un hombre que no lo merecía
- El hombre baja la cuesta con los hombros erguidos, los brazos rígidos, los puños cerrados, la cabeza gacha, las piernas tiesas a veces y a veces lacias, los pies encuentran el suelo a medio camino o bien pierden fondo en el escalón y lo obligan a dar un traspié. (Los que lo vieron pasar, después se supo, creyeron que estaba borracho)
- Serafina dice que en los meses anteriores al nacimiento encontró a su hermana en el mercado y que la notó embarazada, pero que no se atrevió a comentar el fenómeno, por parecerle "que hubiera sido falta de respeto".
- -Por egoísta, por buscar nomás tu venganza -parece que le dijo- nos hundiste.
Serafina contestó:
-¿Qué culpa tengo de haber nacido apasionada?
- Yo vivo con un pie en el estribo (Simón Corona)
- Cuando regresé al hotel me dijeron que Simón "había salido con el coche". No tuvo ni siquiera la decencia de pagar la cuenta. Esto me pasó por ser sincera con un hombre que no lo merecía
- El hombre baja la cuesta con los hombros erguidos, los brazos rígidos, los puños cerrados, la cabeza gacha, las piernas tiesas a veces y a veces lacias, los pies encuentran el suelo a medio camino o bien pierden fondo en el escalón y lo obligan a dar un traspié. (Los que lo vieron pasar, después se supo, creyeron que estaba borracho)
- Serafina dice que en los meses anteriores al nacimiento encontró a su hermana en el mercado y que la notó embarazada, pero que no se atrevió a comentar el fenómeno, por parecerle "que hubiera sido falta de respeto".
- -Por egoísta, por buscar nomás tu venganza -parece que le dijo- nos hundiste.
Serafina contestó:
-¿Qué culpa tengo de haber nacido apasionada?
domingo, 13 de junio de 2010
Nada que temer - Julian Barnes
- No creo en Dios, pero le echo de menos.
- La muerte de mi padre sólo fue su muerte; la de mi madre fue la muerte de ambos. Y la posterior limpieza de la casa se convirtió en la exhumación de lo que habíamos sido como familia
- ¿No había dicho Camus que la respuesta correcta al sinsentido de la vida era inventar reglas para el juego, como nosotros habíamos hecho con el fútbol?
- "No pensarás que soportaría todo esto si no creyera que la final está el paraíso, ¿verdad?"
En aquel entonces, en parte me impresionaba este pensamiento práctico y en parte me horrorizaba una vida malgastada por una vana esperanza. Pero el cálculo de este Père tenía una historia distinguida, y yo podría haber descubierto en ella una versión prosaica de la famosa apuesta de Pascal. Parece una apuesta sencilla. Si eres creyente y resulta que Dios existe, ganas. Si crees y resulta que Dios no existe, pierdes, pero no es ni la mitad de malo de lo que sería decidir no creer y descubrir después de la muerte que Dios sí existe. No es quizá tanto un argumento de lo que un ejemplo de posicionamiento interesado, digno del cuerpo diplomático francés; aunque la apuesta primordial sobre la existencia de Dios depende de una segunda y simultánea apuesta sobre Su naturaleza. ¿Y si Dios no es como imaginamos? ¿Y si por ejemplo, desaprueba a los que apuestan, sobre todo a aquellos cuya supuesta creencia en Él depende de una mentalidad de juego de azar? ¿Y quién decide quién gana? No nosotros: Dios quizá prefiera al dubitativo sincero que al adulador oportunista.
(...) "¡Vamos, cree! No pierdes nada", esta versión parecida al té flojo, el cansino murmullo de un hombre con un dolor de cabeza metafísico, proviene de los cuadernos de Wittgenstein. (...) Un experto en Wittgenstein señala que aunque el filósofo no era una "persona religiosa", había en él, "en cierto sentido, la posibilidad de religión"; pero su idea de ella era menos la creencia de un creador que un sentimiento de pecado y un deseo de juicio. Pensaba que "la vida puede enseñarte a creer en Dios".
- "La gente como nosotros, escribió Flaubert, debería profesar la religión del desespero. Hay que ponerse a la altura del propio destino, es decir, impasible como él. A fuerza de decirte "¡Es así! ¡Es así!, y de mirar al pozo negro que se abre a tus pies, conservas la calma". (...) Flaubert "Todo dogma en sí mismo me resulta repulsivo. Pero considero que el sentimiento que los ha engendrado es la expresión más natural y poética de la humanidad. No me gustan esos filósofos que los desprecian como insensateces y patrañas. Yo les encuentro necesidad e instinto. Por tanto respeto tanto al hombre negro que besa su fetiche como al católico que se arrodilla delante del Sagrado Corazón." (...) "Deberíamos pensar más en ella, y hacernos a la idea de su presencia. No podemos consentir que el miedo se nos eche encima por sorpresa. Tenemos que convertirlo en algo familiar, y una forma de hacerlo es escribir al respecto. No creo que escribir sobre la muerte y pensar en ella sea característico de los viejos. Creo que si la gente empezara antes a pensar en la muerte cometería menos errores estúpidos" Shostakóvich.
- Jules Renard "Es al afrontar la muerte cuando leemos más libros" "No sé si Dios existe, pero sería mejor para su reputación que no existiera" "Dios no cree en nuestro Dios". En 1898 anotó "De casi todas las obras literarias puede decirse que son demasiado largas" "La ironía no seca la hierba. Sólo quema los hierbajos". "Que te horrorice lo burgués es burgués"
- Philosopher, c'est apprendre à mourir. Montaigne está citando a Cicerón, quien a su vez cita a Sócrates. (...) Montaigne creía que como no podemos vencer a la muerte, la mejor manera de contraatacar es tenerla constantemente presente: pensar en la muerte cada vez que tu caballo tropieza o cae una teja de un tejado. Deberíamos tener el sabor de la muerte en la boca y su nombre en la lengua. Prever la muerte de este modo es liberarte de su servidumbre: más aún, si enseñas a morir a alguien, le enseñas también a vivir
- ¿Qué mundo es más serio? ¿Cuál de los dos el más avanzado moralmente? Las pegatinas de los parachoques y los imanes que se pegan en la nevera nos recuerdan que la vida no es un ensayo. Nos empujamos unos a otros hacia el cielo seglar moderno de la realización personal: el desarrollo de la personalidad, las relaciones que ayudan a definirnos, el empleo que da prestigio, los bienes materiales, la propiedad de un inmueble, las vacaciones en el extranjero, la adquisición de ahorros, la acumulación de hazañas sexuales, las visitas al gimnasio, el consumo de cultura. Todo esto contribuye a la felicidad ¿no? ...¿No? Es el mito que hemos elegido, y casi tan ilusorio como el mito que insistía en la consumación y el éxtasis cuando sonara la última trompeta, las tumbas se abrieran y las almas perfeccionadas y sanadas se unieran a la comunidad de los santos y los ángeles. Pero si consideramos que la vida es un ensayo o una preparación o una antesala, o cualquier otra metáfora que escojamos, pero en cualquier caso algo contingente, algo dependiente de una realidad más grande en otra parte, entonces se vuelve al mismo tiempo menos valiosa y más seria. Las regiones del mundo en que la religión ha perdido fuerza, y hay un reconocimiento general de que este breve lapso de tiempo es lo único que tenemos, no son, en su conjunto, lugares más serios que aquellos donde las campanas de la catedral o el muecín del minarete todavía hacen volverse las cabezas.
- Quizá la división importante no es tanto la que existe entre los religiosos y los irreligiosos como la que separa a los que temen a la muerte de quienes no la temen. Formamos, por tanto, cuatro categorías, y está claro cuáles se consideran superiores: la de quienes no temen a la muerte porque tienen fe, y la de quienes no temen a la muerte aunque no tengan fe. Estos grupos ocupan el podio moral. En tercer lugar vienen los que, a pesar de tener fe, no pueden librarse del temor antiguo, visceral, racional. Y luego, sin medallas, a ras del suelo, bien jodidos, están los que temen a la muerte y no tienen fe.
- Mi madre me dijo que el abuelo le había dicho una vez que la peor emoción de la vida era el remordimiento. (...) Sufro pocos remordimientos, aunque puede que se estén gestando, y entretanto me las apaño con sus compinches próximos: pesar, culpa, recuerdo del fracaso. Pero tengo una curiosidad creciente por las vidas que no he vivido y que ya no podré vivir, y quizá el remordimiento acecha ahora escondido en esa sombra.
- No puedo afirmar que encarar la muerte me haya dado una mayor conformidad con ella, ni que me haya hecho más sabio o más serio o más.. nada, en realidad. Podría aducir que o saboreamos realmente la vida sin una conciencia habitual de extinción: es el limón exprimido, el pellizco de sal que realza el sabor. Pero ¿de verdad creo que mis amigos que niegan la muerte (o religiosos) aprecian menos que yo ese ramo de flores/obra de arte/vaso de vino? No.
- Los ateos de la primera categoría (no creen en Dios, no temen a la muerte), se complacen en decirnos que la ausencia de una divinidad no debería disminuir en absoluto nuestra sensación de maravilla ante el universo. Quizá todo nos parezca milagroso y fácil de usar si imaginamos que Dios lo puso allí especialmente para nosotros, desde la armonía de un copo de nieve y el complejo carácter alusivo de la pasionaria hasta el espectacular efecto escénico de un eclipse solar. Pero si todo se sigue moviendo sin una causa primera ¿por qué habría de ser menos prodigioso y menos bello?
- Beyle/Stendhal no creía en Dios, y fingía una ignorancia lógica de Su existencia: "A la espera de que Dios se manifieste, creo que su primer ministro, Azar, gobierna igual de bien este triste mundo".
- Para mí, añorar a Dios se parece bastante a ser inglés: un sentimiento que brota sobre todo ante la agresión
- Como expresó Stravinski, la prueba razonada (por tanto, no prueba nada) no es para la religión más que lo que los ejercicios de contrapunto son para la música. La religión consiste precisamente en creer lo que, según todas las normas conocidas, "no pudo haber ocurrido".
- Las religiones fueron las primeras invenciones de los escritores de ficción. Una representación convincente y una explicación verosímil del mundo para mentes comprensiblemente confusas. Una mentira hermosa y seductora que contiene verdades duras y correctas
- "El consejo de los viejos es como el sol invernal: derrama luz pero no nos calienta"
- Maugham "La gran tragedia de la vida no es que los hombres perezcan, sino que dejen de amar"
- Una pregunta y una paradoja. Nuestra historia ha conocido el progresivo pero desigual crecimiento del individualismo: desde el rebaño animal, desde la sociedad de esclavos, desde la masa de individuos incultos, mangoneados por curas y reyes, a grupos más sueltos en donde el individuo posee mayores derechos y libertades: el derecho a buscar la felicidad, a pensar por sí mismo, a realizarse, a satisfacer sus apetitos. Al mismo tiempo, a medida que nos zafamos de la férula de curas y reyes, a medida que la ciencia nos ayuda a comprender los términos y condiciones más auténticos en que vivimos, a medida que nuestro individualismo se expresa de forma más tosca y egoísta (¿qué es la libertad si no sirve para esto?), descubrimos también que esta individualidad, es menor de lo que pensábamos. Para nuestra sorpresa, descubrimos que, en la memorable frase de Dawkins, somos "máquinas de supervivencia; vehículos robot ciegamente programados para conservar las moléculas egoístas conocidas como genes". La paradoja es que el individualismo -el triunfo de los artistas y científicos librepensadores- nos ha conducido a un estado de autoconciencia en el que ahora nos consideramos unidades de obediencia genética. Mi concepto adolescente de construcción de uno mismo -ese vago, británicamente, ego existencialista: la esperanza de autonomía- no podría haber estado más lejos de la verdad. Pensaba que el oneroso proceso de madurar cristalizaba en un hombre que por fin se sostenía por sí mismo -homo erectus plenamente erguido, sapiens en plenitud de su conocimiento-, un hombre que ahora empuñaba el látigo. Esta imagen hay que sustituirla por la sensación de que, lejos de tener un látigo que restallar, soy la punta misma de ese látigo, y lo que me está fustigando es una larga e inevitable trenza de material genético al no puedes desatender ni combatir. Puede ser que mi individualidad sea aún perceptible y genéticamente demostrable, pero puede ser justamente lo contrario del logro que en otro tiempo consideré que era.
- La gente dice de la muerte: "No hay nada que temer." Lo dice rápidamente, con indiferencia. Ahora digámoslo otra vez, despacio, recalcando: "No hay NADA que temer". Jules Renard: "la palabra más verdadera, más exacta, más llena de sentido, es la palabra "nada"".
- Einstein "un ser dotado de una comprensión más profunda y una inteligencia más perfecta, al observar a los hombres y sus acciones, sonreiría ante la ilusión humana de que están actuando conforme a su libre albedrío"
- ¿Pero alguna vez ha disminuido la fuerza del pasado? Vivimos en gran medida de acuerdo con los postulados de una religión en la que ya no creemos. Vivimos como criaturas dotadas de un puro libre albedrío, a pesar de que los filósofos y los biólogos evolucionistas nos dicen que es en gran parte una ilusión. Vivimos como si la memoria fuese una consigna de equipajes bien construida y atendida por un personal eficiente. Vivimos como si el alma -o el espíritu, o la individualidad, o la personalidad- fuera una entidad identificable y ubicable, en vez de una historia que el cerebro se cuenta a sí mismo. Vivimos como si la crianza y la naturaleza fueran progenitores iguales, cuando la evidencia indica que la segunda es a la vez el látigo y la mano que lo empuña. ¿Calarán estos conocimientos? ¿Cuánto se tardará en asimilarlos?
- ¿Qué sentido tienen mis acciones en un universo vacío donde incluso se han debilitado otras certezas? ¿Por qué no ser egoísta y glotón y echarle la culpa de todo al ADN? Digan lo que digan las religiones, estamos organizados -genéticamente programados- para actuar como seres sociales. El altruismo es evolutivamente útil (¡ah!; aquí desaparece tu virtud, otra falacia); por consiguiente, haya o no un predicador con una promesa de paraíso o una amenaza de infierno, los individuos que viven en sociedades por lo general obran de un modo bastante parecido. La religión ya no hace que la gente se comporte bien ni tampoco que se comporte mal, lo cual podría decepcionar tanto al ateo aristocrático como al creyente.
- Koestler "la incredulidad ante tu propia muerte crece en proporción a su proximidad". Freud "Es, en efecto, imposible imaginar nuestra propia muerte; y siempre que lo intentamos advertimos que de hecho seguimos estando presentes como espectadores"
-¿Qué preferirías, tener miedo a la muerte o tener miedo a morir?
- La memoria es identidad. Lo he creído desde..., oh, desde que me acuerdo. Eres lo que has hecho; lo que has hecho pervive en tu memoria; lo que recuerdas define lo que eres; cuando olvidas tu vida dejas de ser, incluso antes de tu muerte.
- Morir no me importaría nada, siempre que al final no finalizase muerto
- No sólo es arduo mirar al pozo, sino mirar a la vida. Es difícil para nosotros contemplar fijamente la posibilidad, y no digamos la certeza, de que la vida sea una cuestión de azar cósmico, que su propósito fundamental sea la mera perpetuación de sí misma, que se despliegue en el vacío, que nuestro planeta flote a la deriva un día en un helado silencio, y que la especie humana, tal y como se ha desarrollado con todo su frenesí y su complejidad extrema, desaparezca totalmente y no se note su falta, porque no habrá nada ni nadie que nos eche de menos. Esto es lo que significa crecer. Y es una perspectiva aterradora para una especie que durante tanto tiempo ha recurrido a dioses en busca de explicación y consuelo.
- Amigos que no temen a la muerte y tienen hijos sugieren a veces que quizá mi actitud fuera distinta. Quizá y entiendo que los hijos actúan como "preocupaciones a corto plazo que valen la pena" (y a largo plazo), de las que recomendaba mi amigo G.
- La sabiduría consiste en parte en no fingir más, en desechar el sacrificio. (...) adoptar simplicidad en la vejez (...) No es sólo humildad ante la eternidad; es también que se tarda una vida en ver y en decir cosas simples.
-Declaración de Martin Rees, astrónomo real y catedrático de cosmología y astrofísica de Cambridge: Me gustaría ampliar la conciencia de la gente sobre el inmenso plazo de tiempo que tienen por delante nuestro planeta y la propia vida. Las personas más cultas son conscientes de que somos el producto de casi cuatro billones de años de selección darwiniana, pero muchos tienden a pensar que los seres humanos somos en cierto modo la culminación. Nuestro sol, sin embargo, se encuentra a menos de la mitad de su tiempo de vida. No serán seres humanos los que presencien su desaparición, dentro de seis billones de años. Las criaturas que existan entonces serán tan distintas de nosotros como nosotros lo somos de una bacteria o una ameba.
- La muerte de mi padre sólo fue su muerte; la de mi madre fue la muerte de ambos. Y la posterior limpieza de la casa se convirtió en la exhumación de lo que habíamos sido como familia
- ¿No había dicho Camus que la respuesta correcta al sinsentido de la vida era inventar reglas para el juego, como nosotros habíamos hecho con el fútbol?
- "No pensarás que soportaría todo esto si no creyera que la final está el paraíso, ¿verdad?"
En aquel entonces, en parte me impresionaba este pensamiento práctico y en parte me horrorizaba una vida malgastada por una vana esperanza. Pero el cálculo de este Père tenía una historia distinguida, y yo podría haber descubierto en ella una versión prosaica de la famosa apuesta de Pascal. Parece una apuesta sencilla. Si eres creyente y resulta que Dios existe, ganas. Si crees y resulta que Dios no existe, pierdes, pero no es ni la mitad de malo de lo que sería decidir no creer y descubrir después de la muerte que Dios sí existe. No es quizá tanto un argumento de lo que un ejemplo de posicionamiento interesado, digno del cuerpo diplomático francés; aunque la apuesta primordial sobre la existencia de Dios depende de una segunda y simultánea apuesta sobre Su naturaleza. ¿Y si Dios no es como imaginamos? ¿Y si por ejemplo, desaprueba a los que apuestan, sobre todo a aquellos cuya supuesta creencia en Él depende de una mentalidad de juego de azar? ¿Y quién decide quién gana? No nosotros: Dios quizá prefiera al dubitativo sincero que al adulador oportunista.
(...) "¡Vamos, cree! No pierdes nada", esta versión parecida al té flojo, el cansino murmullo de un hombre con un dolor de cabeza metafísico, proviene de los cuadernos de Wittgenstein. (...) Un experto en Wittgenstein señala que aunque el filósofo no era una "persona religiosa", había en él, "en cierto sentido, la posibilidad de religión"; pero su idea de ella era menos la creencia de un creador que un sentimiento de pecado y un deseo de juicio. Pensaba que "la vida puede enseñarte a creer en Dios".
- "La gente como nosotros, escribió Flaubert, debería profesar la religión del desespero. Hay que ponerse a la altura del propio destino, es decir, impasible como él. A fuerza de decirte "¡Es así! ¡Es así!, y de mirar al pozo negro que se abre a tus pies, conservas la calma". (...) Flaubert "Todo dogma en sí mismo me resulta repulsivo. Pero considero que el sentimiento que los ha engendrado es la expresión más natural y poética de la humanidad. No me gustan esos filósofos que los desprecian como insensateces y patrañas. Yo les encuentro necesidad e instinto. Por tanto respeto tanto al hombre negro que besa su fetiche como al católico que se arrodilla delante del Sagrado Corazón." (...) "Deberíamos pensar más en ella, y hacernos a la idea de su presencia. No podemos consentir que el miedo se nos eche encima por sorpresa. Tenemos que convertirlo en algo familiar, y una forma de hacerlo es escribir al respecto. No creo que escribir sobre la muerte y pensar en ella sea característico de los viejos. Creo que si la gente empezara antes a pensar en la muerte cometería menos errores estúpidos" Shostakóvich.
- Jules Renard "Es al afrontar la muerte cuando leemos más libros" "No sé si Dios existe, pero sería mejor para su reputación que no existiera" "Dios no cree en nuestro Dios". En 1898 anotó "De casi todas las obras literarias puede decirse que son demasiado largas" "La ironía no seca la hierba. Sólo quema los hierbajos". "Que te horrorice lo burgués es burgués"
- Philosopher, c'est apprendre à mourir. Montaigne está citando a Cicerón, quien a su vez cita a Sócrates. (...) Montaigne creía que como no podemos vencer a la muerte, la mejor manera de contraatacar es tenerla constantemente presente: pensar en la muerte cada vez que tu caballo tropieza o cae una teja de un tejado. Deberíamos tener el sabor de la muerte en la boca y su nombre en la lengua. Prever la muerte de este modo es liberarte de su servidumbre: más aún, si enseñas a morir a alguien, le enseñas también a vivir
- ¿Qué mundo es más serio? ¿Cuál de los dos el más avanzado moralmente? Las pegatinas de los parachoques y los imanes que se pegan en la nevera nos recuerdan que la vida no es un ensayo. Nos empujamos unos a otros hacia el cielo seglar moderno de la realización personal: el desarrollo de la personalidad, las relaciones que ayudan a definirnos, el empleo que da prestigio, los bienes materiales, la propiedad de un inmueble, las vacaciones en el extranjero, la adquisición de ahorros, la acumulación de hazañas sexuales, las visitas al gimnasio, el consumo de cultura. Todo esto contribuye a la felicidad ¿no? ...¿No? Es el mito que hemos elegido, y casi tan ilusorio como el mito que insistía en la consumación y el éxtasis cuando sonara la última trompeta, las tumbas se abrieran y las almas perfeccionadas y sanadas se unieran a la comunidad de los santos y los ángeles. Pero si consideramos que la vida es un ensayo o una preparación o una antesala, o cualquier otra metáfora que escojamos, pero en cualquier caso algo contingente, algo dependiente de una realidad más grande en otra parte, entonces se vuelve al mismo tiempo menos valiosa y más seria. Las regiones del mundo en que la religión ha perdido fuerza, y hay un reconocimiento general de que este breve lapso de tiempo es lo único que tenemos, no son, en su conjunto, lugares más serios que aquellos donde las campanas de la catedral o el muecín del minarete todavía hacen volverse las cabezas.
- Quizá la división importante no es tanto la que existe entre los religiosos y los irreligiosos como la que separa a los que temen a la muerte de quienes no la temen. Formamos, por tanto, cuatro categorías, y está claro cuáles se consideran superiores: la de quienes no temen a la muerte porque tienen fe, y la de quienes no temen a la muerte aunque no tengan fe. Estos grupos ocupan el podio moral. En tercer lugar vienen los que, a pesar de tener fe, no pueden librarse del temor antiguo, visceral, racional. Y luego, sin medallas, a ras del suelo, bien jodidos, están los que temen a la muerte y no tienen fe.
- Mi madre me dijo que el abuelo le había dicho una vez que la peor emoción de la vida era el remordimiento. (...) Sufro pocos remordimientos, aunque puede que se estén gestando, y entretanto me las apaño con sus compinches próximos: pesar, culpa, recuerdo del fracaso. Pero tengo una curiosidad creciente por las vidas que no he vivido y que ya no podré vivir, y quizá el remordimiento acecha ahora escondido en esa sombra.
- No puedo afirmar que encarar la muerte me haya dado una mayor conformidad con ella, ni que me haya hecho más sabio o más serio o más.. nada, en realidad. Podría aducir que o saboreamos realmente la vida sin una conciencia habitual de extinción: es el limón exprimido, el pellizco de sal que realza el sabor. Pero ¿de verdad creo que mis amigos que niegan la muerte (o religiosos) aprecian menos que yo ese ramo de flores/obra de arte/vaso de vino? No.
- Los ateos de la primera categoría (no creen en Dios, no temen a la muerte), se complacen en decirnos que la ausencia de una divinidad no debería disminuir en absoluto nuestra sensación de maravilla ante el universo. Quizá todo nos parezca milagroso y fácil de usar si imaginamos que Dios lo puso allí especialmente para nosotros, desde la armonía de un copo de nieve y el complejo carácter alusivo de la pasionaria hasta el espectacular efecto escénico de un eclipse solar. Pero si todo se sigue moviendo sin una causa primera ¿por qué habría de ser menos prodigioso y menos bello?
- Beyle/Stendhal no creía en Dios, y fingía una ignorancia lógica de Su existencia: "A la espera de que Dios se manifieste, creo que su primer ministro, Azar, gobierna igual de bien este triste mundo".
- Para mí, añorar a Dios se parece bastante a ser inglés: un sentimiento que brota sobre todo ante la agresión
- Como expresó Stravinski, la prueba razonada (por tanto, no prueba nada) no es para la religión más que lo que los ejercicios de contrapunto son para la música. La religión consiste precisamente en creer lo que, según todas las normas conocidas, "no pudo haber ocurrido".
- Las religiones fueron las primeras invenciones de los escritores de ficción. Una representación convincente y una explicación verosímil del mundo para mentes comprensiblemente confusas. Una mentira hermosa y seductora que contiene verdades duras y correctas
- "El consejo de los viejos es como el sol invernal: derrama luz pero no nos calienta"
- Maugham "La gran tragedia de la vida no es que los hombres perezcan, sino que dejen de amar"
- Una pregunta y una paradoja. Nuestra historia ha conocido el progresivo pero desigual crecimiento del individualismo: desde el rebaño animal, desde la sociedad de esclavos, desde la masa de individuos incultos, mangoneados por curas y reyes, a grupos más sueltos en donde el individuo posee mayores derechos y libertades: el derecho a buscar la felicidad, a pensar por sí mismo, a realizarse, a satisfacer sus apetitos. Al mismo tiempo, a medida que nos zafamos de la férula de curas y reyes, a medida que la ciencia nos ayuda a comprender los términos y condiciones más auténticos en que vivimos, a medida que nuestro individualismo se expresa de forma más tosca y egoísta (¿qué es la libertad si no sirve para esto?), descubrimos también que esta individualidad, es menor de lo que pensábamos. Para nuestra sorpresa, descubrimos que, en la memorable frase de Dawkins, somos "máquinas de supervivencia; vehículos robot ciegamente programados para conservar las moléculas egoístas conocidas como genes". La paradoja es que el individualismo -el triunfo de los artistas y científicos librepensadores- nos ha conducido a un estado de autoconciencia en el que ahora nos consideramos unidades de obediencia genética. Mi concepto adolescente de construcción de uno mismo -ese vago, británicamente, ego existencialista: la esperanza de autonomía- no podría haber estado más lejos de la verdad. Pensaba que el oneroso proceso de madurar cristalizaba en un hombre que por fin se sostenía por sí mismo -homo erectus plenamente erguido, sapiens en plenitud de su conocimiento-, un hombre que ahora empuñaba el látigo. Esta imagen hay que sustituirla por la sensación de que, lejos de tener un látigo que restallar, soy la punta misma de ese látigo, y lo que me está fustigando es una larga e inevitable trenza de material genético al no puedes desatender ni combatir. Puede ser que mi individualidad sea aún perceptible y genéticamente demostrable, pero puede ser justamente lo contrario del logro que en otro tiempo consideré que era.
- La gente dice de la muerte: "No hay nada que temer." Lo dice rápidamente, con indiferencia. Ahora digámoslo otra vez, despacio, recalcando: "No hay NADA que temer". Jules Renard: "la palabra más verdadera, más exacta, más llena de sentido, es la palabra "nada"".
- Einstein "un ser dotado de una comprensión más profunda y una inteligencia más perfecta, al observar a los hombres y sus acciones, sonreiría ante la ilusión humana de que están actuando conforme a su libre albedrío"
- ¿Pero alguna vez ha disminuido la fuerza del pasado? Vivimos en gran medida de acuerdo con los postulados de una religión en la que ya no creemos. Vivimos como criaturas dotadas de un puro libre albedrío, a pesar de que los filósofos y los biólogos evolucionistas nos dicen que es en gran parte una ilusión. Vivimos como si la memoria fuese una consigna de equipajes bien construida y atendida por un personal eficiente. Vivimos como si el alma -o el espíritu, o la individualidad, o la personalidad- fuera una entidad identificable y ubicable, en vez de una historia que el cerebro se cuenta a sí mismo. Vivimos como si la crianza y la naturaleza fueran progenitores iguales, cuando la evidencia indica que la segunda es a la vez el látigo y la mano que lo empuña. ¿Calarán estos conocimientos? ¿Cuánto se tardará en asimilarlos?
- ¿Qué sentido tienen mis acciones en un universo vacío donde incluso se han debilitado otras certezas? ¿Por qué no ser egoísta y glotón y echarle la culpa de todo al ADN? Digan lo que digan las religiones, estamos organizados -genéticamente programados- para actuar como seres sociales. El altruismo es evolutivamente útil (¡ah!; aquí desaparece tu virtud, otra falacia); por consiguiente, haya o no un predicador con una promesa de paraíso o una amenaza de infierno, los individuos que viven en sociedades por lo general obran de un modo bastante parecido. La religión ya no hace que la gente se comporte bien ni tampoco que se comporte mal, lo cual podría decepcionar tanto al ateo aristocrático como al creyente.
- Koestler "la incredulidad ante tu propia muerte crece en proporción a su proximidad". Freud "Es, en efecto, imposible imaginar nuestra propia muerte; y siempre que lo intentamos advertimos que de hecho seguimos estando presentes como espectadores"
-¿Qué preferirías, tener miedo a la muerte o tener miedo a morir?
- La memoria es identidad. Lo he creído desde..., oh, desde que me acuerdo. Eres lo que has hecho; lo que has hecho pervive en tu memoria; lo que recuerdas define lo que eres; cuando olvidas tu vida dejas de ser, incluso antes de tu muerte.
- Morir no me importaría nada, siempre que al final no finalizase muerto
- No sólo es arduo mirar al pozo, sino mirar a la vida. Es difícil para nosotros contemplar fijamente la posibilidad, y no digamos la certeza, de que la vida sea una cuestión de azar cósmico, que su propósito fundamental sea la mera perpetuación de sí misma, que se despliegue en el vacío, que nuestro planeta flote a la deriva un día en un helado silencio, y que la especie humana, tal y como se ha desarrollado con todo su frenesí y su complejidad extrema, desaparezca totalmente y no se note su falta, porque no habrá nada ni nadie que nos eche de menos. Esto es lo que significa crecer. Y es una perspectiva aterradora para una especie que durante tanto tiempo ha recurrido a dioses en busca de explicación y consuelo.
- Amigos que no temen a la muerte y tienen hijos sugieren a veces que quizá mi actitud fuera distinta. Quizá y entiendo que los hijos actúan como "preocupaciones a corto plazo que valen la pena" (y a largo plazo), de las que recomendaba mi amigo G.
- La sabiduría consiste en parte en no fingir más, en desechar el sacrificio. (...) adoptar simplicidad en la vejez (...) No es sólo humildad ante la eternidad; es también que se tarda una vida en ver y en decir cosas simples.
-Declaración de Martin Rees, astrónomo real y catedrático de cosmología y astrofísica de Cambridge: Me gustaría ampliar la conciencia de la gente sobre el inmenso plazo de tiempo que tienen por delante nuestro planeta y la propia vida. Las personas más cultas son conscientes de que somos el producto de casi cuatro billones de años de selección darwiniana, pero muchos tienden a pensar que los seres humanos somos en cierto modo la culminación. Nuestro sol, sin embargo, se encuentra a menos de la mitad de su tiempo de vida. No serán seres humanos los que presencien su desaparición, dentro de seis billones de años. Las criaturas que existan entonces serán tan distintas de nosotros como nosotros lo somos de una bacteria o una ameba.
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