domingo, 10 de enero de 2010

Erasmo de Rotterdam - Stefan Zweig

Una sola cosa sobre la tierra odió verdaderamente por opuesta a la razón: el fanatismo. Erasmo, el menos fanático de todos los hombres, un espíritu que quizá no fuera del más alto nivel pero sí de amplio saber, un corazón no precisamente embriagado de bondad pero sí de recta benevolencia, veía en aquella forma de intolerancia el mal atávico de nuestro mundo.

El raro arte de mitigar los conflictos intentando buenamente comprenderlos, de distinguir lo indistinto, de simplificar lo confuso, de entretejer nuevamente lo roto y de poner en común lo más alejado fue la verdadera fuerza de su genio paciente.

Igual el odio, consciente del poder del amor, también reclama a las naturalezas medianas su siniestro derecho, el interés individual quiere sacar rápidamente un provecho personal de las ideas. A la masa siempre le resulta más accesible lo concreto y tangible que lo abstracto. Por eso en política las consignas que más partidarios encuentran son las que proclaman un enfrentamiento en vez de un ideal, un antagonismo cómodamente comprensible y manejable conra alguna clase, raza o religión pues es en el odio allí donde más fácilmente prende la llama criminal del fanatismo.

La historia, sin embargo, es injusta con los vencidos. No aprecia demasiado a los hombres mesurados, a quines pactan y concilian, a los hombres de humanidad. Prefiere a los apasionados, a los que no conocen medida, a los violentos aventureros de espíritu y de la acción.

El destino de todo fanatismo es consumirse a sí mismo. La razón, eterna y calladamente paciente, sabe esperar y perseverar. A veces, cuando los demás, ebrios, se embravecen, tiene que callar y enmudecer. Pero su tiempo llega, siempre vuelve.

Este rasgo tan esencial de su carácter se complementa con otro: a pesar de ser un fanático de la independencia no es en absoluto un rebelde, un revolucionario. Al contrario detesta los conflictos, evita, como buen estratega que es, oponerse inútilmente a los poderes y poderosos de este mundo, prefiere pactar a chocar con ellos, prefiere mantener astutamente su independencia a combatirlos.

No fue con arrojo sino gracias a la psicología como venció su eterna lucha por llevar una vida independiente.

Pero errar y vagar son más queridos a su naturaleza filosófica que un hogar y una patria.

La vastedad le atraía, la profundidad no: jamás se asomó al "abismo" de Pascal ni experimentó en su alma las sacudidas de Lutero, Loyola o Dostoyevski, esa clase de terribles crisis emparentadas secretamente con la muerte y la locura.

En todo lo conciso y didáctico se oculta sin embargo el peligro de la superficialidad.

Erasmo no es desde el principio el gran escritor que fue. Es de esa clase de hombre que tiene que envejecer para tener repercusión en el mundo. Un Pascal, un Spinoza, un Nietzsche pueden morir jóvenes porque su espíritu concentrado es precisamente en las formas más densas y compactas donde encuentra al perfección. Erasmo en cambio, un espíritu que recopila, busca, comenta, comprime, que obtiene su sustancia no de sí mismo sino del mundo, es más eficaz en la extensión que en la intensidad, es más diestro que artista. (...) La extensión es su mundo, no la profundidad

Quien piensa por sí mismo, piensa al mismo tiempo mejor y más provechosamente por todos.

Observarlo en los momentos decisivos es casi penoso, ya que en cuanto van mal dadas, se apresura a escabullirse de la zona de peligro cubriendo su retirada con un "si" o un "siempre y cuando" que no le compromenten a nada. (...) Si alguien lo considera un aliado se siente lamentablemente estafado, pues Erasmo, solitario empedernido, no quiere ser más fiel que a sí mismo.

Raramente las naturalezas que comprenden son las que actúan, pues la amplitud de miras frena la fuerza de arranque: "No es frecuente, como dice Lutero, emprender algo bueno partiendo de la sabiduría y la prevención. Todo tiene que suceder en la ignorancia".

Ella y sólo ella (la Stultitia), con toda su chifladura, da la felicidad al ser humano, y más cuanto más ciegamente depende éste de sus pasiones y más irracionalmente vive, pues reflexionar y atormentarse marchitan el alma. El placer nunca se encuentra en la claridad y la prudencia, sino en la embriaguez, la exaltación, el desmadre, el delirio. Un poco de locura forma parte de toda verdadera vida y el justo, el clarividente, el que no se somete a las pasiones, no representa en absoluto al ser humano normal: "Sólo quien está afectado de necedad puede llamarse verdaderamente hombre". (...) La vida sólo es agradable en la inconsciencia-Sófocles.

La razón siempre es una fuerza regulativa, nunca una fuerza creadora en sí misma.

"Descubriendo, oculto por los dogmas, a Cristo" con este deseo, Erasmo se pone a la vanguardia de la Reforma.

A su parecer, Cicerón tenía razón cuando decía que "una paz injusta es mejor que la guerra más justa"

La verdad siempre es para él polisémica y matizada e igualmente el tener razón, por eso "nunca debe ser el príncipe más prudente que cuando se moviliza para la guerra y no insistir en su razón incondicional, pues ¿quién no considera justa su causa?

Raramente los poderes decisivos, el destino y la muerte, se le presentan al hombre sin avisar. Siempre envían previamente un vago mensaje, aunque sea encubierto, pero el aludido casi siempre desoye la misteriosa llamada.

No siempre hay que decir toda la verdad. Es muy importante cómo se diga.

El problema que Erasmo sitúa en el centro de la polémica es eterno en teología: la cuestión del libre albedrío. Para Lutero, de acuerdo con la estricta doctrina agustina de la predestinación, el hombre es eterno cautivo de Dios.

Bel-Ami. Guy de Maupassant

Ce fut le moment des sous-entendus adroits, des voiles levés par les mots, des audaces habiles et déguisées, de toutes les hypocrisies impudiques, de la phrase qui montre des images dévêtues avec des expressions couvertes, qui fait passer dans l'oeil et dans l'esprit la vision rapide de tout ce qu'on ne peut pas dire, et permet aux gens du monde une sorte d'amour subtil et mystérieux, une sorte de contact impur des pensées par l'évocation simultanée, troublante et sensuelle comme une étreinte, de toutes les choses secrètes, honteuses et désirées de l'enlacement.

(Madeleine Forestier:) Comprenez-moi bien. Le mariage pour moi n'est pas une chaîne,
mais une association. J'entends être libre, tout à fait libre de mes actes, de mes démarches, de mes sorties, toujours. Je ne pourrais tolérer ni contrôle, ni jalousie, ni discussion sur ma conduite. Je m'engagerais, bien entendu, à ne jamais compromettre le nom de l'homme que j'aurais épousé, à ne jamais le rendre odieux ou ridicule. Mais il faudrait aussi que cet homme s'engageât à voir en moi une égale, une alliée, et non pas une inférieure ni une épouse obéissante et soumise. Mes idées, je le sais, ne sont pas celles de tout le monde, mais je n'en changerait point. Voilà.

La soeur aînée, Rose, était laide, plate, insignifiante, une de ces filles qu'on no voit pas, à qui on ne parle pas et dont on ne dit rien.

Il ne pouvait plus l'entendre prononcer "mon petit" ni "mon bébé" sans avoir envie de l'appeler "ma vieille".

Clotilde l'appelait aussi : " Mon chéri, mon petit, mon chat. " Ces mots lui semblaient doux et caressants. Dits par l'autre tout à l'heure, ils l'irritaient et l'écoeuraient. Car les paroles d'amour, qui sont toujours les mêmes, prennent le goût des lèvres dont elles sortent.

Et l'envie, l'envie amère, lui tombait dans l'âme goutte à goutte, comme un fiel qui corrompait toutes ses joies, rendait odieuse son existence.

" Je bois à la revanche de l'esprit sur les millions." Puis il ajouta, d'une voix douce: " Non pas qu'ils me gênent chez les autres ou que je leur en veuille. Mais je proteste par principe."

Georges Duroy. Mme de Marelle. Mme de la Molle

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Antología poética - Rubén Darío

Wagner a Augusta Holmes, su discipula, dijo un día: "Lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a mi"

SONATINA
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. (...)

BOUQUET
(...)
Yo, al enviarte versos, de mi vida arranco
la flor que te ofrezco, blanco serafín.
¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco
la más roja rosa que hay en tu jardín

EL FAISAN
Dijo sus secretos el faisán de oro:
En el gabinete mi blanco tesoro,
de sus claras risas el divino coro,

las bellas figuras de los gobelinos,
los cristales llenos de aromados vinos,
las rosas francesas en los vasos chinos.

(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia
donde en el retiro de la dulce estancia
esas frescas rosas dieron su fragancia.)

La cena esperaba. Quitadas las vendas,
iban mil amores de flechas tremendas
en aquella noche de Carnestolendas.

La careta negra se quitó la niña,
y tras el preludio de una alegre riña
apuró mi boca vino de su viña.

Vino de la viña de la boca loca,
que hace arder el beso, que el mordisco invoca.
¡Oh los blancos dientes de la loca boca!

En su boca ardiente yo bebí los vinos,
y, pinzas rosadas, sus dedos divinos
me dieron las fresas y los langostinos.

Yo la vestimenta de Pierrot tenía,
y aunque me alegraba y aunque me reía,
moraba en mi alma la melancolía.

La carnavalesca noche luminosa
dio a mi triste espíritu la mujer hermosa,
sus ojos de fuego, sus labios de rosa.

Y en el gabinete del café galante
ella se encontraba con su nuevo amante,
peregrino pálido de un país distante.

Llegaban los ecos de vagos cantares
y se despedían de sus azahares
miles de purezas en los bulevares.

Y cuando el champaña me cantó su canto,
por una ventana vi que un negro manto
de nube, de Febo cubría el encanto.

Y dije a la amada un día: ?¿No viste
de pronto ponerse la noche tan triste?
¿Acaso la Reina de luz ya no existe?

Ella me miraba. Y el faisán cubierto
de plumas de oro: ?«¡Pierrot, ten por cierto
que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»

GARÇONNIERE
Cómo era el instante, dígalo la musa
que las dichas trae, que las penas lleva:
la tristeza pasa, velada y confusa;
la alegría, rosas y azahares nieva.

Era en un amable nido de soltero,
de risas y versos, de placer sonoro;
era un inspirado cada caballero,
de sueños azules y vino de oro.

Un rubio decía frases sentenciosas:
negando y amando las musas eternas
un bruno decía versos como rosas,
dos sonantes rimas y palabras tiernas.
(...)

MARGARITA
¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.
Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Sí… no… sí… no…» ¡y sabías que te adoraba ya!
Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.
Y en una tarde triste de los más dulces días,
la Muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡como a una margarita de amor, te deshojó!

A MARGARITA DEBAYLE
(...)
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

DEZIR
Reina Venus, soberana
capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dio el sino
y en ella bebí tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hizo experimentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvido el turbulento
sentimiento,
y hallé un sátiro ladino
que dio a mi labio sediento
nuevo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi roja sangre fiera 20
triple llama fue encendida:
yo al flamante amor entrego
la vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.

En la fruta misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente o beso sabio.
¡Bien haya el sátiro griego
que me enseñó el dulce juego!

En el reino de mi aurora
no hay ayer, hoy ni mañana;
danzo las danzas de ahora
con la música pagana.

OTRO DEZIR
(...)
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
te sorberé el corazón.

QUE EL AMOR NO ADMITE CUERDAS REFLEXIONES
Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y al perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

LA ESPIGA
Mira el signo sutil que los dedos del viento
hacen al agitar el tallo que se inclina
y se alza en una rítmica virtud de movimiento.
Con el áureo pincel de la flor de la harina

trazan sobre la tela azul del firmamento
el misterio inmortal de la tierra divina
y el alma de las cosas que da su sacramento
en una interminable frescura matutina.

Pues en la paz del campo la faz de Dios asoma.
De las floridas urnas místico incienso aroma
el vasto altar en donde triunfa la azul sonrisa;

aún verde está y cubierto de flores el madero,
bajo sus ramas llenas de amor pace el cordero
y en la espiga de oro y luz duerme la misa.


AMA TU RITMO
Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro
¡ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón

poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad:

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
¡y a veces lloro sin querer!

¡Y las demás!, en tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretexto de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!

X
El verso sutil que pasa o se posa
sobre la mujer o sobre la rosa,
beso puede ser, o ser mariposa.

En la fresca flor el verso sutil;
el triunfo de Amor en el mes de abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.

Amor y dolor. Halagos y enojos.
Herodías ríe en los labios rojos.
Dos verdugos hay que están en los ojos.

¡Oh, saber amar es saber sufrir!
Amar y sufrir, sufrir y sentir,
y el hacha besar que nos ha de herir…

¡Rosa de dolor, gracia femenina;
inocencia y luz, corola divina!
y aroma fatal y cruel espina…

Líbranos, Señor, de abril y la flor
y del cielo azul y del ruiseñor,
de dolor y amor, líbranos, Señor

DIVINA PSIQUIS
¡Divina Psiquis, dulce Mariposa invisible
que desde los abismos has venido a ser todo
lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible
forma la chispa sacra de la estatua de lodo!

Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra
y prisionera vives en mí de extraño dueño:
te reducen a esclava mis sentidos en guerra
y apenas vagas libre por el jardín del sueño.

Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias,
te sacudes a veces entre imposibles muros,
y más allá de todas las vulgares conciencias
exploras los recodos más terribles y oscuros.
(...)

XVII
¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla
-dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!,
la vida se soporta,
tan doliente y tan corta,
solamente por eso:
roce, mordisco o beso
en ese pan divino
para el cual nuestra sangre es nuestro vino.
En ella está la lira,
en ella está la rosa,
en ella está la ciencia armoniosa,
en ella se respira
el perfume vital de toda cosa.
(...)

"¡AY, TRISTE DEL QUE UN DÍA...!"
¡Ay, triste del que un día en su esfinge interior
pone los ojos e interroga! Está perdido.
¡Ay del que pide eurekas al placer o al dolor!
Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido.

Lo que el árbol desea decir y dice al viento,
y lo que el animal manifiesta en su instinto,
cristalizamos en palabra y pensamiento.
Nada más que maneras expresan lo distinto.

MELANCOLÍA
Hermano, tu que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas,
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿ No oyes caer las gotas de mi melancolía ?

DE OTOÑO
Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Ésos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.
Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!

LO FATAL
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Kokoro - Natsume Soseki

Sensei no reaccionaba al cariño de la gente porque se despreciaba a sí mismo y no por menosprecio a los demás.

El recuerdo de haberse arrodillado ante una persona en un futuro te hace querer pisarle la cabeza. Yo prefiero evitar el respeto de hoy para no recibir el agravio de mañana. Mejor aguantar mi soledad actual y no una soledad futura que sería horrorosa. La gente de hoy, nacida bajo el signo de la libertad, la independencia y la autoestima, debe, en justa compensación, saborear esta soledad.

Tal vez, haya bastante diferencia entre mi idea de la ética y la idea de la ética de los jóvenes de ahora. Aún así, aunque me equivoque, esa moral viene de mi. No es un traje alquilado con el que uno se viste un rato. Por eso pienso que mi moral podría servirte de referencia a ti, que ahora estás desarrollando tu propia personalidad.

Desde entonces, mi prima y yo éramos amigos. Sabrás también que nunca ocurre enamoramiento entre hermano y hermana. Tal vez estoy repitiendo algo que reconoce todo el mundo, pero creo que entre un hombre y una mujer que son buenos amigos y se ven muchas veces no hay esa frescura tan estimulante y necesaria para el enamoramiento. Para captar el perfume del incienso, hay que olerlo en el momento de quemarse; para saborear al máximo el sake, hay que degustarlo en el instante de meterlo en la boca por primera vez. Igualmente, en el impulso del amor, debe existir un punto clave en el tiempo. Si ese punto se deja pasar, si una persona se acostumbra a la otra, puede surgir el cariño, pero el nervio del enamoramiento poco a poco se va paralizando.

La mía fue una respuesta tal vez banal, pero para mi era una respuesta viva. Yo creo que dar una opinión banal con el corazón caliente es más vivo que dar una opinión original con la cabeza fría. El cuerpo se mueve gracias a la sangre. Las palabras vivas no sólo sirven para hacer vibrar el aire, sino que también pueden agitar poderosamente el corazón humano.

El yo que tú conoces es el resultado de una personalidad ensuciada con el polvo del camino de la vida.

Sumando todas esas actitudes de la señora, llegué a la conclusion de que había conquistado la confianza de la familia. Incluso, descubrí que tal confianza se remontaba a nuestro primer encuentro. Yo, que entonces recelaba de todo el mundo, me sentía ahora totalmente aturdido por este descubrimiento. Di en pensar que las mujeres eran más ricas en poder intuitivo que los hombres y que, por esa misma razón, hay tantas mujeres engañadas en el mundo. Es divertido pensar que nunca se me había ocurrido analizar mi confianza en la señorita, basada ni más ni menos que en la intuición.

Yo adopté la línea de no oponerme a él en lo posible. La táctica era sacar el hielo al sol para que se derritiera y transformara en agua tibia.

En esa discusión recuerdo haber utilizado una y otra vez la palabra "humano". K me dijo que bajo ese término, yo ocultaba todas mis debilidades.

Soy de la opinión de que las mujeres tienden, en mayor medida que los hombres, a disfrutar más al ser amadas como objetos exclusivos de amor, aunque el amor se salga del camino correcto, que cuando ese amor comprende a toda la humanidad.

martes, 8 de diciembre de 2009

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras dejaba correr la imaginación a propósito de su propia vida, Giovanni Drogo, en cambio, fue presa de improviso del sueño y, entretanto, aquella noche precisamente —oh, si lo hubiera sabido, tal vez no habría tenido ganas de dormir—, comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.

Hasta entonces, había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años transcurrenlentos y con paso imperceptible, por lo que nadie nota su marcha. Caminamos plácidamente, mirando en derredor con curiosidad, no hay necesidad alguna de apresurarse, nadie apremia por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin pensar y se detienen con frecuencia a bromear. Desde las casas, en las puertas, los mayores saludan, comprensivos, y hacen señas para indicar el horizonte con sonrisas de inteligencia; así, el corazón empieza a latir con deseos heroicos y tiernos, se saborean, la víspera, las cosas maravillosas que se esperan para más adelante; aún no se ven, no, pero es cierto, absolutamente cierto, que un día llegaran.

¿Falta mucho aún? No, basta con cruzar aquel río allí al fondo, sobrepasar aquellas verdes colinas, pero ¿no habremos llegado ya? ¿No serán tal vez esos árboles, esos prados, esa casa blanca lo que buscábamos? Por unos instantes tenemos la impresión de que sí y nos gustaría detenernos. Después oímos decir que lo mejor está más adelante y reanudamos la marcha sin preocupación.
Así continuamos el camino con una espera confiada, y las jornadas son largas y tranquilas, el sol brilla alto en el cielo y parece que no tenga ganas de bajar nunca al ocaso.
Pero en determinado momento, casi instintivamente, volvemos la vista atrás y vemos que una verja ha quedado cerrada a nuestras espaldas y corta el camino de regreso. Entonces sentimos que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza ¡ay!, rápidamente, apenas hay tiempo de mirarlo cuando ya se precipita hacia el confín del horizonte, nos damos cuenta de que las nubes no se estancan en las azules ensenadas del cielo, sino que huyen amontonándose unas sobre otras, con su ansiedad; comprendemos que el tiempo pasa y que el camino deberá acabar algún día.
Cierran a nuestras espaldas una pesada verja, la atrancan con velocidad fulmínea y no nos da tiempo de regresar, pero Giovanni Drogo en aquel momento dormía inocente y sonreía en el sueño, como los niños.
Pasarían días antes de que Drogo comprendiera lo que había sucedido. Sería entonces como un despertar. Miraría, incrédulo, en derredor; después oiría un alboroto de pasos que se acercarían a su espalda, acudiría la gente, despertada antes que él y corriendo con mayor ansia, y lo adelantaría para llegar a tiempo. Sentiría el latido del tiempo escandir con avidez la vida. Ya no se asomarían a las ventanas figuras risueñas, sino rostros inmóviles e indiferentes y, si él preguntara cuánto camino faltaba, harían también una señal para indicar, sí, el horizonte, pero sin bondad ni alegría algunas. Entretanto los compañeros se perderían de vista, alguno quedaría atrás exhausto, otro habría huido más adelante, ya sólo sería un minúsculo punto en el horizonte.
Detrás de aquel río —diría la gente—, diez kilómetros más y habrás llegado, pero en cambio, nunca se acabaría, las jornadas resultarían cada vez más breves, los compañeros de viaje más escasos, en las ventanas habría apáticas figuras pálidas que menearían la cabeza.
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No se habían adaptado a la existencia común, a las alegrías de la gente habitual, a un destino mediocre; vivían, codo con codo, con la misma esperanza, sin decir palabra nunca al respecto, porque no se daban cuenta o simplemente porque eran soldados, con el celoso pudor de su alma.
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Si sólo hubiera sido por el sonar de las trompetas - y aunque se hubiesen oído canciones de guerra y desde el Norte hubieran llegado mensajes inquietantes -, Drogo se habría marchado igualmente, pero había ya en él el torpor de las costumbres, la vanidad militar, el amor doméstico a los muros cotidianos. Con el monótono ritmo del servicio, cuatro meses había bastado para enviscarlo.
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Drogo permaneció solo y se sintió practicamente feliz. Saboreaba con orgullo su decisión de quedarse, el amargo gusto de dejar las pequeñas alegrías seguras por un gran bien a largo e incierto plazo (y tal vez subyaciera el consolodar pensamiento de que siempre tendría tiempo para marcharse).
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Al final Drogo entendió y un lento escalofrío le recorrió la espalda. Era el agua, era una lejana cascada fragorosa que bajaba por los salientes de los peñascos vecinos. El viento que hacía oscilar el larguísimo corro, el misterioso juego de los ecos, el diferente sonido de las piedras que recorría lo convertían en una voz humana, que hablaba y hablaba: palabras de nuestra vida, que siempre se estaba a punto de comprender, pero no, nunca.
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En cambio la existencia de Drogo había quedado como paralizada. La misma jornada, con cosas idénticas se había repetido centenares de veces sin dar un paso adelante. El río del tiempo pasaba por encima de la Fortaleza, resquebrajaba las murallas, arrastraba hacia abajo polvos y fragmentos de piedra, limaba los escalones y las cadenas, pero por Drogo pasaba en vano: no había logrado aún engancharlo en su fuga.
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"Todos más o menos, nos obstinamos en esperar, pero es un absurdo, basta con pensarlo un poco"
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Se hacía la ilusión, Drogo, de ejercer una gloriosa venganza a largo plazo, creía tener aún una inmensidad de tiempo a su disposición, renunciaba así a la vulgar lucha por la vida cotidiana. Llegará un día en que ajustaremos todas las cuentas con creces, pensaba, pero entretanto, los otros se lanzaban, se disputaban el paso ávidamente para ser los primeros, adelantaban en la carrera a Drogo, sin hacerle caso siquiera, lo dejaban atrás. Él los veía desaparecer al fondo, perplejo, presa de dudas insólitas: ¿y si hubiese estado equivocado en realidad? ¿Y si fuera un hombre común y corriente, a quien por derecho sólo le corresponde un destino mediocre?
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Entretanto el tiempo corría, su silencioso latido escande, cada vez más presuroso la vida, no podemos detenernos ni siquiera un instante, ni siquiera para echar una ojeada atrás. "¡Deténte, deténte!" nos gustaría gritar, pero comprendemos que es inútil. Todo huye -los hombres, las estaciones, las nubes- y de nada sirve aferrarse a las piedras, resistir sobre algún escollo, los dedos, cansados, se abren, los brazos se aflojan inertes; nos vemos arrastrados de nuevo por el río, que parece lento, pero nunca se detiene.
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Poco a poco se iba debilitando la confianza. Resulta difícil creer en algo cuando estamos solos y no podemos hablar con nadie al respecto. Precisamente por aquel tiempo se dio cuenta Drogo de que los hombres, aun cuando se estimen, permanecen siempre distantes, de que si uno sufre, el dolor es totalmente suyo, ningún otro puede hacerse cargo ni siquiera de una parte mínima, de que, si uno sufre, no por ello sienten los otros dolor, aun cuando haya gran amor de por medio, y eso provoca la soledad de la vida.
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Se conservaba en él, absurdo, refractario a los años, desde la época de la juventud, aquel profundo presentimiento de cosas fatales, una obscura certeza de que lo bueno de la vida estaba aún por comenzar.

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar - Anna Gavalda

Lugares parís: café literario Les Deux-Magots, El chiquito en rue saint-benoît, botella de côte de nuits, Gevrey-Chambertin del 86, calle Eugène-Gonon de melun, vino Gruaud-Larose

Le digo que mi corazón es como una gran bolsa vacía, una bolsa sólida, en la que podría meter todo un bazar y sin embargo, no hay nada dentro

El curioso incidente del perro a medianoche - Mark Haddon

El problema de monty hall (En el concurso la búsqueda de un nuevo coche tras las puertas, el jugador elige inicialmente la puerta 1. El presentador le abre la puerta 3 y le revela que hay una cabra y le ofrece la posibilidad de elegir la puerta 2 en vez de la 1)

La gente cree en Dios porque el mundo es muy complicado. Creen que es muy improbable que algo tan complicado como una ardilla voladora o el ojo humano o un cerebro llegue a existir por casualidad. Pero deberían pensar lógicamente, y si pensaran lógicamente, verían que sólo pueden hacerse esa pregunta porque eso ya ha sucedido y ellos existen. Hay billones de planetas en los que no hay vida, pero en esos planetas no hay nadie con cerebro para darse cuenta. Y es como si toda la gente en el mundo arrojara monedas al aire: a alguien acabaría por salirle cruz 5.698 veces seguidas y se creerían muy especiales. Pero no lo serían, porque habría millones de personas a quienes no les saldría cruz 5.698 veces.

En la Tierra hay vida por culpa de un accidente, pero un tipo de accidente muy especial. Y para que ese accidente ocurra de esa manera especial, tienen que darse 3 Condiciones. Y éstas son

1. Las cosas tienen que hacer copias de sí mismas (esto se llama Duplicación)

2. Tienen que cometer pequeños errores al hacer eso (esto se llama Mutación)

3. Esos errores tienen que ser los mismos en sus copias (esto se llama Herencia)