- Así fueron siempre mis tratos con ella. Yo le decía una cosa bonita y ella contestaba una burrada (...) ¿Por qué me reclamas cosas que no tienen remedio si sabes que lo único que vas a lograr es echar a perder este día tan bonito?
- Yo vivo con un pie en el estribo (Simón Corona)
- Cuando regresé al hotel me dijeron que Simón "había salido con el coche". No tuvo ni siquiera la decencia de pagar la cuenta. Esto me pasó por ser sincera con un hombre que no lo merecía
- El hombre baja la cuesta con los hombros erguidos, los brazos rígidos, los puños cerrados, la cabeza gacha, las piernas tiesas a veces y a veces lacias, los pies encuentran el suelo a medio camino o bien pierden fondo en el escalón y lo obligan a dar un traspié. (Los que lo vieron pasar, después se supo, creyeron que estaba borracho)
- Serafina dice que en los meses anteriores al nacimiento encontró a su hermana en el mercado y que la notó embarazada, pero que no se atrevió a comentar el fenómeno, por parecerle "que hubiera sido falta de respeto".
- -Por egoísta, por buscar nomás tu venganza -parece que le dijo- nos hundiste.
Serafina contestó:
-¿Qué culpa tengo de haber nacido apasionada?
lunes, 21 de junio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
Nada que temer - Julian Barnes
- No creo en Dios, pero le echo de menos.
- La muerte de mi padre sólo fue su muerte; la de mi madre fue la muerte de ambos. Y la posterior limpieza de la casa se convirtió en la exhumación de lo que habíamos sido como familia
- ¿No había dicho Camus que la respuesta correcta al sinsentido de la vida era inventar reglas para el juego, como nosotros habíamos hecho con el fútbol?
- "No pensarás que soportaría todo esto si no creyera que la final está el paraíso, ¿verdad?"
En aquel entonces, en parte me impresionaba este pensamiento práctico y en parte me horrorizaba una vida malgastada por una vana esperanza. Pero el cálculo de este Père tenía una historia distinguida, y yo podría haber descubierto en ella una versión prosaica de la famosa apuesta de Pascal. Parece una apuesta sencilla. Si eres creyente y resulta que Dios existe, ganas. Si crees y resulta que Dios no existe, pierdes, pero no es ni la mitad de malo de lo que sería decidir no creer y descubrir después de la muerte que Dios sí existe. No es quizá tanto un argumento de lo que un ejemplo de posicionamiento interesado, digno del cuerpo diplomático francés; aunque la apuesta primordial sobre la existencia de Dios depende de una segunda y simultánea apuesta sobre Su naturaleza. ¿Y si Dios no es como imaginamos? ¿Y si por ejemplo, desaprueba a los que apuestan, sobre todo a aquellos cuya supuesta creencia en Él depende de una mentalidad de juego de azar? ¿Y quién decide quién gana? No nosotros: Dios quizá prefiera al dubitativo sincero que al adulador oportunista.
(...) "¡Vamos, cree! No pierdes nada", esta versión parecida al té flojo, el cansino murmullo de un hombre con un dolor de cabeza metafísico, proviene de los cuadernos de Wittgenstein. (...) Un experto en Wittgenstein señala que aunque el filósofo no era una "persona religiosa", había en él, "en cierto sentido, la posibilidad de religión"; pero su idea de ella era menos la creencia de un creador que un sentimiento de pecado y un deseo de juicio. Pensaba que "la vida puede enseñarte a creer en Dios".
- "La gente como nosotros, escribió Flaubert, debería profesar la religión del desespero. Hay que ponerse a la altura del propio destino, es decir, impasible como él. A fuerza de decirte "¡Es así! ¡Es así!, y de mirar al pozo negro que se abre a tus pies, conservas la calma". (...) Flaubert "Todo dogma en sí mismo me resulta repulsivo. Pero considero que el sentimiento que los ha engendrado es la expresión más natural y poética de la humanidad. No me gustan esos filósofos que los desprecian como insensateces y patrañas. Yo les encuentro necesidad e instinto. Por tanto respeto tanto al hombre negro que besa su fetiche como al católico que se arrodilla delante del Sagrado Corazón." (...) "Deberíamos pensar más en ella, y hacernos a la idea de su presencia. No podemos consentir que el miedo se nos eche encima por sorpresa. Tenemos que convertirlo en algo familiar, y una forma de hacerlo es escribir al respecto. No creo que escribir sobre la muerte y pensar en ella sea característico de los viejos. Creo que si la gente empezara antes a pensar en la muerte cometería menos errores estúpidos" Shostakóvich.
- Jules Renard "Es al afrontar la muerte cuando leemos más libros" "No sé si Dios existe, pero sería mejor para su reputación que no existiera" "Dios no cree en nuestro Dios". En 1898 anotó "De casi todas las obras literarias puede decirse que son demasiado largas" "La ironía no seca la hierba. Sólo quema los hierbajos". "Que te horrorice lo burgués es burgués"
- Philosopher, c'est apprendre à mourir. Montaigne está citando a Cicerón, quien a su vez cita a Sócrates. (...) Montaigne creía que como no podemos vencer a la muerte, la mejor manera de contraatacar es tenerla constantemente presente: pensar en la muerte cada vez que tu caballo tropieza o cae una teja de un tejado. Deberíamos tener el sabor de la muerte en la boca y su nombre en la lengua. Prever la muerte de este modo es liberarte de su servidumbre: más aún, si enseñas a morir a alguien, le enseñas también a vivir
- ¿Qué mundo es más serio? ¿Cuál de los dos el más avanzado moralmente? Las pegatinas de los parachoques y los imanes que se pegan en la nevera nos recuerdan que la vida no es un ensayo. Nos empujamos unos a otros hacia el cielo seglar moderno de la realización personal: el desarrollo de la personalidad, las relaciones que ayudan a definirnos, el empleo que da prestigio, los bienes materiales, la propiedad de un inmueble, las vacaciones en el extranjero, la adquisición de ahorros, la acumulación de hazañas sexuales, las visitas al gimnasio, el consumo de cultura. Todo esto contribuye a la felicidad ¿no? ...¿No? Es el mito que hemos elegido, y casi tan ilusorio como el mito que insistía en la consumación y el éxtasis cuando sonara la última trompeta, las tumbas se abrieran y las almas perfeccionadas y sanadas se unieran a la comunidad de los santos y los ángeles. Pero si consideramos que la vida es un ensayo o una preparación o una antesala, o cualquier otra metáfora que escojamos, pero en cualquier caso algo contingente, algo dependiente de una realidad más grande en otra parte, entonces se vuelve al mismo tiempo menos valiosa y más seria. Las regiones del mundo en que la religión ha perdido fuerza, y hay un reconocimiento general de que este breve lapso de tiempo es lo único que tenemos, no son, en su conjunto, lugares más serios que aquellos donde las campanas de la catedral o el muecín del minarete todavía hacen volverse las cabezas.
- Quizá la división importante no es tanto la que existe entre los religiosos y los irreligiosos como la que separa a los que temen a la muerte de quienes no la temen. Formamos, por tanto, cuatro categorías, y está claro cuáles se consideran superiores: la de quienes no temen a la muerte porque tienen fe, y la de quienes no temen a la muerte aunque no tengan fe. Estos grupos ocupan el podio moral. En tercer lugar vienen los que, a pesar de tener fe, no pueden librarse del temor antiguo, visceral, racional. Y luego, sin medallas, a ras del suelo, bien jodidos, están los que temen a la muerte y no tienen fe.
- Mi madre me dijo que el abuelo le había dicho una vez que la peor emoción de la vida era el remordimiento. (...) Sufro pocos remordimientos, aunque puede que se estén gestando, y entretanto me las apaño con sus compinches próximos: pesar, culpa, recuerdo del fracaso. Pero tengo una curiosidad creciente por las vidas que no he vivido y que ya no podré vivir, y quizá el remordimiento acecha ahora escondido en esa sombra.
- No puedo afirmar que encarar la muerte me haya dado una mayor conformidad con ella, ni que me haya hecho más sabio o más serio o más.. nada, en realidad. Podría aducir que o saboreamos realmente la vida sin una conciencia habitual de extinción: es el limón exprimido, el pellizco de sal que realza el sabor. Pero ¿de verdad creo que mis amigos que niegan la muerte (o religiosos) aprecian menos que yo ese ramo de flores/obra de arte/vaso de vino? No.
- Los ateos de la primera categoría (no creen en Dios, no temen a la muerte), se complacen en decirnos que la ausencia de una divinidad no debería disminuir en absoluto nuestra sensación de maravilla ante el universo. Quizá todo nos parezca milagroso y fácil de usar si imaginamos que Dios lo puso allí especialmente para nosotros, desde la armonía de un copo de nieve y el complejo carácter alusivo de la pasionaria hasta el espectacular efecto escénico de un eclipse solar. Pero si todo se sigue moviendo sin una causa primera ¿por qué habría de ser menos prodigioso y menos bello?
- Beyle/Stendhal no creía en Dios, y fingía una ignorancia lógica de Su existencia: "A la espera de que Dios se manifieste, creo que su primer ministro, Azar, gobierna igual de bien este triste mundo".
- Para mí, añorar a Dios se parece bastante a ser inglés: un sentimiento que brota sobre todo ante la agresión
- Como expresó Stravinski, la prueba razonada (por tanto, no prueba nada) no es para la religión más que lo que los ejercicios de contrapunto son para la música. La religión consiste precisamente en creer lo que, según todas las normas conocidas, "no pudo haber ocurrido".
- Las religiones fueron las primeras invenciones de los escritores de ficción. Una representación convincente y una explicación verosímil del mundo para mentes comprensiblemente confusas. Una mentira hermosa y seductora que contiene verdades duras y correctas
- "El consejo de los viejos es como el sol invernal: derrama luz pero no nos calienta"
- Maugham "La gran tragedia de la vida no es que los hombres perezcan, sino que dejen de amar"
- Una pregunta y una paradoja. Nuestra historia ha conocido el progresivo pero desigual crecimiento del individualismo: desde el rebaño animal, desde la sociedad de esclavos, desde la masa de individuos incultos, mangoneados por curas y reyes, a grupos más sueltos en donde el individuo posee mayores derechos y libertades: el derecho a buscar la felicidad, a pensar por sí mismo, a realizarse, a satisfacer sus apetitos. Al mismo tiempo, a medida que nos zafamos de la férula de curas y reyes, a medida que la ciencia nos ayuda a comprender los términos y condiciones más auténticos en que vivimos, a medida que nuestro individualismo se expresa de forma más tosca y egoísta (¿qué es la libertad si no sirve para esto?), descubrimos también que esta individualidad, es menor de lo que pensábamos. Para nuestra sorpresa, descubrimos que, en la memorable frase de Dawkins, somos "máquinas de supervivencia; vehículos robot ciegamente programados para conservar las moléculas egoístas conocidas como genes". La paradoja es que el individualismo -el triunfo de los artistas y científicos librepensadores- nos ha conducido a un estado de autoconciencia en el que ahora nos consideramos unidades de obediencia genética. Mi concepto adolescente de construcción de uno mismo -ese vago, británicamente, ego existencialista: la esperanza de autonomía- no podría haber estado más lejos de la verdad. Pensaba que el oneroso proceso de madurar cristalizaba en un hombre que por fin se sostenía por sí mismo -homo erectus plenamente erguido, sapiens en plenitud de su conocimiento-, un hombre que ahora empuñaba el látigo. Esta imagen hay que sustituirla por la sensación de que, lejos de tener un látigo que restallar, soy la punta misma de ese látigo, y lo que me está fustigando es una larga e inevitable trenza de material genético al no puedes desatender ni combatir. Puede ser que mi individualidad sea aún perceptible y genéticamente demostrable, pero puede ser justamente lo contrario del logro que en otro tiempo consideré que era.
- La gente dice de la muerte: "No hay nada que temer." Lo dice rápidamente, con indiferencia. Ahora digámoslo otra vez, despacio, recalcando: "No hay NADA que temer". Jules Renard: "la palabra más verdadera, más exacta, más llena de sentido, es la palabra "nada"".
- Einstein "un ser dotado de una comprensión más profunda y una inteligencia más perfecta, al observar a los hombres y sus acciones, sonreiría ante la ilusión humana de que están actuando conforme a su libre albedrío"
- ¿Pero alguna vez ha disminuido la fuerza del pasado? Vivimos en gran medida de acuerdo con los postulados de una religión en la que ya no creemos. Vivimos como criaturas dotadas de un puro libre albedrío, a pesar de que los filósofos y los biólogos evolucionistas nos dicen que es en gran parte una ilusión. Vivimos como si la memoria fuese una consigna de equipajes bien construida y atendida por un personal eficiente. Vivimos como si el alma -o el espíritu, o la individualidad, o la personalidad- fuera una entidad identificable y ubicable, en vez de una historia que el cerebro se cuenta a sí mismo. Vivimos como si la crianza y la naturaleza fueran progenitores iguales, cuando la evidencia indica que la segunda es a la vez el látigo y la mano que lo empuña. ¿Calarán estos conocimientos? ¿Cuánto se tardará en asimilarlos?
- ¿Qué sentido tienen mis acciones en un universo vacío donde incluso se han debilitado otras certezas? ¿Por qué no ser egoísta y glotón y echarle la culpa de todo al ADN? Digan lo que digan las religiones, estamos organizados -genéticamente programados- para actuar como seres sociales. El altruismo es evolutivamente útil (¡ah!; aquí desaparece tu virtud, otra falacia); por consiguiente, haya o no un predicador con una promesa de paraíso o una amenaza de infierno, los individuos que viven en sociedades por lo general obran de un modo bastante parecido. La religión ya no hace que la gente se comporte bien ni tampoco que se comporte mal, lo cual podría decepcionar tanto al ateo aristocrático como al creyente.
- Koestler "la incredulidad ante tu propia muerte crece en proporción a su proximidad". Freud "Es, en efecto, imposible imaginar nuestra propia muerte; y siempre que lo intentamos advertimos que de hecho seguimos estando presentes como espectadores"
-¿Qué preferirías, tener miedo a la muerte o tener miedo a morir?
- La memoria es identidad. Lo he creído desde..., oh, desde que me acuerdo. Eres lo que has hecho; lo que has hecho pervive en tu memoria; lo que recuerdas define lo que eres; cuando olvidas tu vida dejas de ser, incluso antes de tu muerte.
- Morir no me importaría nada, siempre que al final no finalizase muerto
- No sólo es arduo mirar al pozo, sino mirar a la vida. Es difícil para nosotros contemplar fijamente la posibilidad, y no digamos la certeza, de que la vida sea una cuestión de azar cósmico, que su propósito fundamental sea la mera perpetuación de sí misma, que se despliegue en el vacío, que nuestro planeta flote a la deriva un día en un helado silencio, y que la especie humana, tal y como se ha desarrollado con todo su frenesí y su complejidad extrema, desaparezca totalmente y no se note su falta, porque no habrá nada ni nadie que nos eche de menos. Esto es lo que significa crecer. Y es una perspectiva aterradora para una especie que durante tanto tiempo ha recurrido a dioses en busca de explicación y consuelo.
- Amigos que no temen a la muerte y tienen hijos sugieren a veces que quizá mi actitud fuera distinta. Quizá y entiendo que los hijos actúan como "preocupaciones a corto plazo que valen la pena" (y a largo plazo), de las que recomendaba mi amigo G.
- La sabiduría consiste en parte en no fingir más, en desechar el sacrificio. (...) adoptar simplicidad en la vejez (...) No es sólo humildad ante la eternidad; es también que se tarda una vida en ver y en decir cosas simples.
-Declaración de Martin Rees, astrónomo real y catedrático de cosmología y astrofísica de Cambridge: Me gustaría ampliar la conciencia de la gente sobre el inmenso plazo de tiempo que tienen por delante nuestro planeta y la propia vida. Las personas más cultas son conscientes de que somos el producto de casi cuatro billones de años de selección darwiniana, pero muchos tienden a pensar que los seres humanos somos en cierto modo la culminación. Nuestro sol, sin embargo, se encuentra a menos de la mitad de su tiempo de vida. No serán seres humanos los que presencien su desaparición, dentro de seis billones de años. Las criaturas que existan entonces serán tan distintas de nosotros como nosotros lo somos de una bacteria o una ameba.
- La muerte de mi padre sólo fue su muerte; la de mi madre fue la muerte de ambos. Y la posterior limpieza de la casa se convirtió en la exhumación de lo que habíamos sido como familia
- ¿No había dicho Camus que la respuesta correcta al sinsentido de la vida era inventar reglas para el juego, como nosotros habíamos hecho con el fútbol?
- "No pensarás que soportaría todo esto si no creyera que la final está el paraíso, ¿verdad?"
En aquel entonces, en parte me impresionaba este pensamiento práctico y en parte me horrorizaba una vida malgastada por una vana esperanza. Pero el cálculo de este Père tenía una historia distinguida, y yo podría haber descubierto en ella una versión prosaica de la famosa apuesta de Pascal. Parece una apuesta sencilla. Si eres creyente y resulta que Dios existe, ganas. Si crees y resulta que Dios no existe, pierdes, pero no es ni la mitad de malo de lo que sería decidir no creer y descubrir después de la muerte que Dios sí existe. No es quizá tanto un argumento de lo que un ejemplo de posicionamiento interesado, digno del cuerpo diplomático francés; aunque la apuesta primordial sobre la existencia de Dios depende de una segunda y simultánea apuesta sobre Su naturaleza. ¿Y si Dios no es como imaginamos? ¿Y si por ejemplo, desaprueba a los que apuestan, sobre todo a aquellos cuya supuesta creencia en Él depende de una mentalidad de juego de azar? ¿Y quién decide quién gana? No nosotros: Dios quizá prefiera al dubitativo sincero que al adulador oportunista.
(...) "¡Vamos, cree! No pierdes nada", esta versión parecida al té flojo, el cansino murmullo de un hombre con un dolor de cabeza metafísico, proviene de los cuadernos de Wittgenstein. (...) Un experto en Wittgenstein señala que aunque el filósofo no era una "persona religiosa", había en él, "en cierto sentido, la posibilidad de religión"; pero su idea de ella era menos la creencia de un creador que un sentimiento de pecado y un deseo de juicio. Pensaba que "la vida puede enseñarte a creer en Dios".
- "La gente como nosotros, escribió Flaubert, debería profesar la religión del desespero. Hay que ponerse a la altura del propio destino, es decir, impasible como él. A fuerza de decirte "¡Es así! ¡Es así!, y de mirar al pozo negro que se abre a tus pies, conservas la calma". (...) Flaubert "Todo dogma en sí mismo me resulta repulsivo. Pero considero que el sentimiento que los ha engendrado es la expresión más natural y poética de la humanidad. No me gustan esos filósofos que los desprecian como insensateces y patrañas. Yo les encuentro necesidad e instinto. Por tanto respeto tanto al hombre negro que besa su fetiche como al católico que se arrodilla delante del Sagrado Corazón." (...) "Deberíamos pensar más en ella, y hacernos a la idea de su presencia. No podemos consentir que el miedo se nos eche encima por sorpresa. Tenemos que convertirlo en algo familiar, y una forma de hacerlo es escribir al respecto. No creo que escribir sobre la muerte y pensar en ella sea característico de los viejos. Creo que si la gente empezara antes a pensar en la muerte cometería menos errores estúpidos" Shostakóvich.
- Jules Renard "Es al afrontar la muerte cuando leemos más libros" "No sé si Dios existe, pero sería mejor para su reputación que no existiera" "Dios no cree en nuestro Dios". En 1898 anotó "De casi todas las obras literarias puede decirse que son demasiado largas" "La ironía no seca la hierba. Sólo quema los hierbajos". "Que te horrorice lo burgués es burgués"
- Philosopher, c'est apprendre à mourir. Montaigne está citando a Cicerón, quien a su vez cita a Sócrates. (...) Montaigne creía que como no podemos vencer a la muerte, la mejor manera de contraatacar es tenerla constantemente presente: pensar en la muerte cada vez que tu caballo tropieza o cae una teja de un tejado. Deberíamos tener el sabor de la muerte en la boca y su nombre en la lengua. Prever la muerte de este modo es liberarte de su servidumbre: más aún, si enseñas a morir a alguien, le enseñas también a vivir
- ¿Qué mundo es más serio? ¿Cuál de los dos el más avanzado moralmente? Las pegatinas de los parachoques y los imanes que se pegan en la nevera nos recuerdan que la vida no es un ensayo. Nos empujamos unos a otros hacia el cielo seglar moderno de la realización personal: el desarrollo de la personalidad, las relaciones que ayudan a definirnos, el empleo que da prestigio, los bienes materiales, la propiedad de un inmueble, las vacaciones en el extranjero, la adquisición de ahorros, la acumulación de hazañas sexuales, las visitas al gimnasio, el consumo de cultura. Todo esto contribuye a la felicidad ¿no? ...¿No? Es el mito que hemos elegido, y casi tan ilusorio como el mito que insistía en la consumación y el éxtasis cuando sonara la última trompeta, las tumbas se abrieran y las almas perfeccionadas y sanadas se unieran a la comunidad de los santos y los ángeles. Pero si consideramos que la vida es un ensayo o una preparación o una antesala, o cualquier otra metáfora que escojamos, pero en cualquier caso algo contingente, algo dependiente de una realidad más grande en otra parte, entonces se vuelve al mismo tiempo menos valiosa y más seria. Las regiones del mundo en que la religión ha perdido fuerza, y hay un reconocimiento general de que este breve lapso de tiempo es lo único que tenemos, no son, en su conjunto, lugares más serios que aquellos donde las campanas de la catedral o el muecín del minarete todavía hacen volverse las cabezas.
- Quizá la división importante no es tanto la que existe entre los religiosos y los irreligiosos como la que separa a los que temen a la muerte de quienes no la temen. Formamos, por tanto, cuatro categorías, y está claro cuáles se consideran superiores: la de quienes no temen a la muerte porque tienen fe, y la de quienes no temen a la muerte aunque no tengan fe. Estos grupos ocupan el podio moral. En tercer lugar vienen los que, a pesar de tener fe, no pueden librarse del temor antiguo, visceral, racional. Y luego, sin medallas, a ras del suelo, bien jodidos, están los que temen a la muerte y no tienen fe.
- Mi madre me dijo que el abuelo le había dicho una vez que la peor emoción de la vida era el remordimiento. (...) Sufro pocos remordimientos, aunque puede que se estén gestando, y entretanto me las apaño con sus compinches próximos: pesar, culpa, recuerdo del fracaso. Pero tengo una curiosidad creciente por las vidas que no he vivido y que ya no podré vivir, y quizá el remordimiento acecha ahora escondido en esa sombra.
- No puedo afirmar que encarar la muerte me haya dado una mayor conformidad con ella, ni que me haya hecho más sabio o más serio o más.. nada, en realidad. Podría aducir que o saboreamos realmente la vida sin una conciencia habitual de extinción: es el limón exprimido, el pellizco de sal que realza el sabor. Pero ¿de verdad creo que mis amigos que niegan la muerte (o religiosos) aprecian menos que yo ese ramo de flores/obra de arte/vaso de vino? No.
- Los ateos de la primera categoría (no creen en Dios, no temen a la muerte), se complacen en decirnos que la ausencia de una divinidad no debería disminuir en absoluto nuestra sensación de maravilla ante el universo. Quizá todo nos parezca milagroso y fácil de usar si imaginamos que Dios lo puso allí especialmente para nosotros, desde la armonía de un copo de nieve y el complejo carácter alusivo de la pasionaria hasta el espectacular efecto escénico de un eclipse solar. Pero si todo se sigue moviendo sin una causa primera ¿por qué habría de ser menos prodigioso y menos bello?
- Beyle/Stendhal no creía en Dios, y fingía una ignorancia lógica de Su existencia: "A la espera de que Dios se manifieste, creo que su primer ministro, Azar, gobierna igual de bien este triste mundo".
- Para mí, añorar a Dios se parece bastante a ser inglés: un sentimiento que brota sobre todo ante la agresión
- Como expresó Stravinski, la prueba razonada (por tanto, no prueba nada) no es para la religión más que lo que los ejercicios de contrapunto son para la música. La religión consiste precisamente en creer lo que, según todas las normas conocidas, "no pudo haber ocurrido".
- Las religiones fueron las primeras invenciones de los escritores de ficción. Una representación convincente y una explicación verosímil del mundo para mentes comprensiblemente confusas. Una mentira hermosa y seductora que contiene verdades duras y correctas
- "El consejo de los viejos es como el sol invernal: derrama luz pero no nos calienta"
- Maugham "La gran tragedia de la vida no es que los hombres perezcan, sino que dejen de amar"
- Una pregunta y una paradoja. Nuestra historia ha conocido el progresivo pero desigual crecimiento del individualismo: desde el rebaño animal, desde la sociedad de esclavos, desde la masa de individuos incultos, mangoneados por curas y reyes, a grupos más sueltos en donde el individuo posee mayores derechos y libertades: el derecho a buscar la felicidad, a pensar por sí mismo, a realizarse, a satisfacer sus apetitos. Al mismo tiempo, a medida que nos zafamos de la férula de curas y reyes, a medida que la ciencia nos ayuda a comprender los términos y condiciones más auténticos en que vivimos, a medida que nuestro individualismo se expresa de forma más tosca y egoísta (¿qué es la libertad si no sirve para esto?), descubrimos también que esta individualidad, es menor de lo que pensábamos. Para nuestra sorpresa, descubrimos que, en la memorable frase de Dawkins, somos "máquinas de supervivencia; vehículos robot ciegamente programados para conservar las moléculas egoístas conocidas como genes". La paradoja es que el individualismo -el triunfo de los artistas y científicos librepensadores- nos ha conducido a un estado de autoconciencia en el que ahora nos consideramos unidades de obediencia genética. Mi concepto adolescente de construcción de uno mismo -ese vago, británicamente, ego existencialista: la esperanza de autonomía- no podría haber estado más lejos de la verdad. Pensaba que el oneroso proceso de madurar cristalizaba en un hombre que por fin se sostenía por sí mismo -homo erectus plenamente erguido, sapiens en plenitud de su conocimiento-, un hombre que ahora empuñaba el látigo. Esta imagen hay que sustituirla por la sensación de que, lejos de tener un látigo que restallar, soy la punta misma de ese látigo, y lo que me está fustigando es una larga e inevitable trenza de material genético al no puedes desatender ni combatir. Puede ser que mi individualidad sea aún perceptible y genéticamente demostrable, pero puede ser justamente lo contrario del logro que en otro tiempo consideré que era.
- La gente dice de la muerte: "No hay nada que temer." Lo dice rápidamente, con indiferencia. Ahora digámoslo otra vez, despacio, recalcando: "No hay NADA que temer". Jules Renard: "la palabra más verdadera, más exacta, más llena de sentido, es la palabra "nada"".
- Einstein "un ser dotado de una comprensión más profunda y una inteligencia más perfecta, al observar a los hombres y sus acciones, sonreiría ante la ilusión humana de que están actuando conforme a su libre albedrío"
- ¿Pero alguna vez ha disminuido la fuerza del pasado? Vivimos en gran medida de acuerdo con los postulados de una religión en la que ya no creemos. Vivimos como criaturas dotadas de un puro libre albedrío, a pesar de que los filósofos y los biólogos evolucionistas nos dicen que es en gran parte una ilusión. Vivimos como si la memoria fuese una consigna de equipajes bien construida y atendida por un personal eficiente. Vivimos como si el alma -o el espíritu, o la individualidad, o la personalidad- fuera una entidad identificable y ubicable, en vez de una historia que el cerebro se cuenta a sí mismo. Vivimos como si la crianza y la naturaleza fueran progenitores iguales, cuando la evidencia indica que la segunda es a la vez el látigo y la mano que lo empuña. ¿Calarán estos conocimientos? ¿Cuánto se tardará en asimilarlos?
- ¿Qué sentido tienen mis acciones en un universo vacío donde incluso se han debilitado otras certezas? ¿Por qué no ser egoísta y glotón y echarle la culpa de todo al ADN? Digan lo que digan las religiones, estamos organizados -genéticamente programados- para actuar como seres sociales. El altruismo es evolutivamente útil (¡ah!; aquí desaparece tu virtud, otra falacia); por consiguiente, haya o no un predicador con una promesa de paraíso o una amenaza de infierno, los individuos que viven en sociedades por lo general obran de un modo bastante parecido. La religión ya no hace que la gente se comporte bien ni tampoco que se comporte mal, lo cual podría decepcionar tanto al ateo aristocrático como al creyente.
- Koestler "la incredulidad ante tu propia muerte crece en proporción a su proximidad". Freud "Es, en efecto, imposible imaginar nuestra propia muerte; y siempre que lo intentamos advertimos que de hecho seguimos estando presentes como espectadores"
-¿Qué preferirías, tener miedo a la muerte o tener miedo a morir?
- La memoria es identidad. Lo he creído desde..., oh, desde que me acuerdo. Eres lo que has hecho; lo que has hecho pervive en tu memoria; lo que recuerdas define lo que eres; cuando olvidas tu vida dejas de ser, incluso antes de tu muerte.
- Morir no me importaría nada, siempre que al final no finalizase muerto
- No sólo es arduo mirar al pozo, sino mirar a la vida. Es difícil para nosotros contemplar fijamente la posibilidad, y no digamos la certeza, de que la vida sea una cuestión de azar cósmico, que su propósito fundamental sea la mera perpetuación de sí misma, que se despliegue en el vacío, que nuestro planeta flote a la deriva un día en un helado silencio, y que la especie humana, tal y como se ha desarrollado con todo su frenesí y su complejidad extrema, desaparezca totalmente y no se note su falta, porque no habrá nada ni nadie que nos eche de menos. Esto es lo que significa crecer. Y es una perspectiva aterradora para una especie que durante tanto tiempo ha recurrido a dioses en busca de explicación y consuelo.
- Amigos que no temen a la muerte y tienen hijos sugieren a veces que quizá mi actitud fuera distinta. Quizá y entiendo que los hijos actúan como "preocupaciones a corto plazo que valen la pena" (y a largo plazo), de las que recomendaba mi amigo G.
- La sabiduría consiste en parte en no fingir más, en desechar el sacrificio. (...) adoptar simplicidad en la vejez (...) No es sólo humildad ante la eternidad; es también que se tarda una vida en ver y en decir cosas simples.
-Declaración de Martin Rees, astrónomo real y catedrático de cosmología y astrofísica de Cambridge: Me gustaría ampliar la conciencia de la gente sobre el inmenso plazo de tiempo que tienen por delante nuestro planeta y la propia vida. Las personas más cultas son conscientes de que somos el producto de casi cuatro billones de años de selección darwiniana, pero muchos tienden a pensar que los seres humanos somos en cierto modo la culminación. Nuestro sol, sin embargo, se encuentra a menos de la mitad de su tiempo de vida. No serán seres humanos los que presencien su desaparición, dentro de seis billones de años. Las criaturas que existan entonces serán tan distintas de nosotros como nosotros lo somos de una bacteria o una ameba.
domingo, 30 de mayo de 2010
En defensa de los ociosos - Robert Louis Stevenson
En estos tiempos en los que (...) todos están forzados a entrar en alguna profesión lucrativa y trabajar en ella con un mínimo de entusiasmo, las quejas de la parte opuesta, la que se contenta con tener lo suficiente y que entretanto, gusta de mirar y disfrutar, tienen un ligero gusto a bravuconada y gasconada. Y sin embargo, no debería ser así. La llamada ociosidad, que no consiste en no hacer nada sino en hacer muchas cosas no reconocidas en los dogmáticos formularios de las clases dirigentes, tiene tanto derecho a mantener su lugar como la laboriosidad misma
Los libros son, a su manera, beneficiosos, pero no dejan de ser un pálido sustituto de la vida.
Es verdad que sobre las cumbres de la laboriosa ciencia formal se encuentra un conocimiento árido y frío; pero es tan sólo mirando alrededor de vosotros como aprehenderéis los cálidos y palpitantes hechos de la vida. Mientras otros llenan su memoria con un montón de palabras, la mitad de las cuales habrán olvidado antes de que acabe la semana, vuestro novillero puede aprender algún arte realmente útil.
El ocioso posee una cualidad más importante (...) su sabiduría. Él, que tanta atención ha prestado a la infantil satisfacción de otra gente con aficiones, verá las propias cuanto menos con irónica indulgencia. No se le encontrará entre los dogmáticos. Demostrará una tolerancia enorme y sosegada ante toda persona y opinión. Si no encuentra verdades fuera de toda duda, tampoco se identificará con falsedades evidentes.
Estar extremadamente ocupado, ya sea en la escuela o en la universidad, ya en la iglesia o el mercado, es un síntoma de deficiencia de vitalidad; una facilidad para mantenerse ocioso implica un variado apetito y un fuerte sentido de la identidad personal.
Existe una suerte de muertos en vida, de gentes grises (...) que no paran de pensar todo el tiempo en sus propios asuntos. Como si el alma de un hombre no fuera ya suficientemente pequeña, empequeñecen y estrechan las suyas todavía más con una vida de trabajo y sin diversión.
Sé que hay gente en el mundo incapaz de sentirse agradecida si el favor que se les hace no es a costa de dolor y dificultades. Pero esa es una actitud mezquina.
No hay deber que infravaloremos más que el deber de ser felices. Siendo felices, vamos sembrando por el mundo anónimos beneficios, que nos son desconocidos incluso a nosotros mismos y que, cuando eclosionan, a nadie sorprenden más que al benefactor.
Cuando la naturaleza es "tan descuidada con la vida individual", ¿por qué nos engañamos pensando que la nuestra será de excepcional importancia?. Nota: In Memoriam A.H.H. de Lord Alfred Tennyson: "¿Es tal la disputa entre Dios y la Naturaleza, / como para que ésta haya llegado a producir sueños tan horribles? / Tan cuidadosa que parece con la especie, / Tan descuidada con la vida individual"
Las metas por las que han entregado su impagable juventud, como todos ellos saben, pueden ser quiméricas o dañinas; la gloria y la riqueza que esperan pueden no llegar jamás o encontrarlos indiferentes; y ellos y el mundo en que habitan son tan insignificantes que la mente se hiela al pensarlo.
Los libros son, a su manera, beneficiosos, pero no dejan de ser un pálido sustituto de la vida.
Es verdad que sobre las cumbres de la laboriosa ciencia formal se encuentra un conocimiento árido y frío; pero es tan sólo mirando alrededor de vosotros como aprehenderéis los cálidos y palpitantes hechos de la vida. Mientras otros llenan su memoria con un montón de palabras, la mitad de las cuales habrán olvidado antes de que acabe la semana, vuestro novillero puede aprender algún arte realmente útil.
El ocioso posee una cualidad más importante (...) su sabiduría. Él, que tanta atención ha prestado a la infantil satisfacción de otra gente con aficiones, verá las propias cuanto menos con irónica indulgencia. No se le encontrará entre los dogmáticos. Demostrará una tolerancia enorme y sosegada ante toda persona y opinión. Si no encuentra verdades fuera de toda duda, tampoco se identificará con falsedades evidentes.
Estar extremadamente ocupado, ya sea en la escuela o en la universidad, ya en la iglesia o el mercado, es un síntoma de deficiencia de vitalidad; una facilidad para mantenerse ocioso implica un variado apetito y un fuerte sentido de la identidad personal.
Existe una suerte de muertos en vida, de gentes grises (...) que no paran de pensar todo el tiempo en sus propios asuntos. Como si el alma de un hombre no fuera ya suficientemente pequeña, empequeñecen y estrechan las suyas todavía más con una vida de trabajo y sin diversión.
Sé que hay gente en el mundo incapaz de sentirse agradecida si el favor que se les hace no es a costa de dolor y dificultades. Pero esa es una actitud mezquina.
No hay deber que infravaloremos más que el deber de ser felices. Siendo felices, vamos sembrando por el mundo anónimos beneficios, que nos son desconocidos incluso a nosotros mismos y que, cuando eclosionan, a nadie sorprenden más que al benefactor.
Cuando la naturaleza es "tan descuidada con la vida individual", ¿por qué nos engañamos pensando que la nuestra será de excepcional importancia?. Nota: In Memoriam A.H.H. de Lord Alfred Tennyson: "¿Es tal la disputa entre Dios y la Naturaleza, / como para que ésta haya llegado a producir sueños tan horribles? / Tan cuidadosa que parece con la especie, / Tan descuidada con la vida individual"
Las metas por las que han entregado su impagable juventud, como todos ellos saben, pueden ser quiméricas o dañinas; la gloria y la riqueza que esperan pueden no llegar jamás o encontrarlos indiferentes; y ellos y el mundo en que habitan son tan insignificantes que la mente se hiela al pensarlo.
sábado, 15 de mayo de 2010
La Habana para un infante difunto - Guillermo Cabrera Infante
Amor propio:
No voy a hablar del desmedido aprecio por uno mismo sino del amor bien entendido que, como la caridad, empieza por casa, por la casa del propio cuerpo: ese campo de batalla sexual en que tuve tempranos triunfos y en el que no sufrí una sola derrota. Hablo de la masturbación, esa que se llamó paja al principio (fue mucho después que vino a ser masturbación pero por mucho tiempo fue paja solamente y su ejercicio hacerse la paja), en ella, por ella, gracias a ella vencí mi soledad: nunca me sentí solo con mi mano y todavía recuerdo el momento de amor más imperecedero que sentí en mi vida el día, después de años de práctica pajera, en que en uno de los baños de Zulueta 408 yo solo con mi mano produje un instante que duró más de un instante, inmortalidad temporal, el lapso de tiempo que tomó la venida, demorada muchas veces, hecha interrupta como un coito, saliendo el pene de la mano, la mano soltando el pene en el último instante, hasta que la culminación se hizo avasallante y el hundirse del piso de cemento húmedo,logrando la desaparición del espacio (no más suelo, no más paredes, no más puerta, el techo elevándose miles de metros por encima de la ducha fundida y el cielo fue testigo), el momento hecho todo de tiempo, oyendo una canción en un radio lejano que sonó como debían sonar los sones celestiales, la música de las esferas, los acordes perfectos para un oído musical, hundiéndome, hundido, cayendo con las piernas aflojadas, cediendo bajo el torso (porque el
vientre y el bajo vientre se habían volatilizado) pero la mano derecha existía todavía soldada a mis partes sólidas en ese momento -catedral de mi religión- y por cuya causa, plexo universal, dejaba de existir ahora todo el cuerpo, latiendo como un enorme corazón solitario que diera sus últimos latidos, temblando como carne con temblor postrero, estertores del yo, desaparecido el ser en el semen que iba a pegar en chorros espasmódicos contra la materializada puerta ahora metro y medio más allá, no sabiendo entonces que nunca después iba a sentir tan intenso eso que todavía no se llamaba orgasmo, la que era venida de venidas.
La amazona.
- Nada me complace más que los sentimientos vulgares, que las expresiones vulgares, que lo vulgar. Nada vulgar puede ser divino, es cierto, pero todo lo vulgar es humano. Dijo Schopenhauer que no debe escoger entre la soledad y la vulgaridad. Schopenhauer odiaba a las mujeres, yo odio la soledad. En cuanto a la expresión de la vulgaridad en la literatura y en el arte, creo que si soy un adicto al cine es por su vulgaridad viva y cada día encuentro más insoportables las películas que quieren ser elevadas, significativas, escogidas en su expresión o, lo que es peor aun, en sus intenciones... En la segunda mitad del siglo XX la elevación de la producción pop a la categoría de arte (y lo que es más, de cultura) es no sólo una reivindicación de la vulgaridad sino un acuerdo con mis gustos. Después de todo no estoy escribiendo historia de la cultura sino poniendo la vulgaridad en su sitio —que está muy cerca de mi corazón
- Fue Maupassant, al hablar de la caza quien dijo: "la mujer es la única presa que vale la pena. Encontrarla es lo que da sentido a la vida". Estoy de acuerdo
- Eso es todo. Adiós y que te vaya bien.
Nada separa tanto como un pasado común. Dio media vuelta y caminó rumbo a su casa, mientras yo me quedaba parado en la esquina, viéndola irse.
No voy a hablar del desmedido aprecio por uno mismo sino del amor bien entendido que, como la caridad, empieza por casa, por la casa del propio cuerpo: ese campo de batalla sexual en que tuve tempranos triunfos y en el que no sufrí una sola derrota. Hablo de la masturbación, esa que se llamó paja al principio (fue mucho después que vino a ser masturbación pero por mucho tiempo fue paja solamente y su ejercicio hacerse la paja), en ella, por ella, gracias a ella vencí mi soledad: nunca me sentí solo con mi mano y todavía recuerdo el momento de amor más imperecedero que sentí en mi vida el día, después de años de práctica pajera, en que en uno de los baños de Zulueta 408 yo solo con mi mano produje un instante que duró más de un instante, inmortalidad temporal, el lapso de tiempo que tomó la venida, demorada muchas veces, hecha interrupta como un coito, saliendo el pene de la mano, la mano soltando el pene en el último instante, hasta que la culminación se hizo avasallante y el hundirse del piso de cemento húmedo,logrando la desaparición del espacio (no más suelo, no más paredes, no más puerta, el techo elevándose miles de metros por encima de la ducha fundida y el cielo fue testigo), el momento hecho todo de tiempo, oyendo una canción en un radio lejano que sonó como debían sonar los sones celestiales, la música de las esferas, los acordes perfectos para un oído musical, hundiéndome, hundido, cayendo con las piernas aflojadas, cediendo bajo el torso (porque el
vientre y el bajo vientre se habían volatilizado) pero la mano derecha existía todavía soldada a mis partes sólidas en ese momento -catedral de mi religión- y por cuya causa, plexo universal, dejaba de existir ahora todo el cuerpo, latiendo como un enorme corazón solitario que diera sus últimos latidos, temblando como carne con temblor postrero, estertores del yo, desaparecido el ser en el semen que iba a pegar en chorros espasmódicos contra la materializada puerta ahora metro y medio más allá, no sabiendo entonces que nunca después iba a sentir tan intenso eso que todavía no se llamaba orgasmo, la que era venida de venidas.
La amazona.
- Nada me complace más que los sentimientos vulgares, que las expresiones vulgares, que lo vulgar. Nada vulgar puede ser divino, es cierto, pero todo lo vulgar es humano. Dijo Schopenhauer que no debe escoger entre la soledad y la vulgaridad. Schopenhauer odiaba a las mujeres, yo odio la soledad. En cuanto a la expresión de la vulgaridad en la literatura y en el arte, creo que si soy un adicto al cine es por su vulgaridad viva y cada día encuentro más insoportables las películas que quieren ser elevadas, significativas, escogidas en su expresión o, lo que es peor aun, en sus intenciones... En la segunda mitad del siglo XX la elevación de la producción pop a la categoría de arte (y lo que es más, de cultura) es no sólo una reivindicación de la vulgaridad sino un acuerdo con mis gustos. Después de todo no estoy escribiendo historia de la cultura sino poniendo la vulgaridad en su sitio —que está muy cerca de mi corazón
- Fue Maupassant, al hablar de la caza quien dijo: "la mujer es la única presa que vale la pena. Encontrarla es lo que da sentido a la vida". Estoy de acuerdo
- Eso es todo. Adiós y que te vaya bien.
Nada separa tanto como un pasado común. Dio media vuelta y caminó rumbo a su casa, mientras yo me quedaba parado en la esquina, viéndola irse.
El anticristo - Nietzsche
- Este libro está dedicado a una minoría; quizá no hayan nacido aún aquellos a quienes va dirigido. (...) Sólo un futuro remoto me pertenece. Hay quien nace póstumo.
- ¿Qué es la felicidad? Sentir que aumenta nuestro poder, que superamos algo que nos ofrece resistencia.
- Si consideramos la compasión desde la perspectiva del valor de las reacciones que suele provocar, veremos más claramente aún su carácter nocivo respecto a la vida. La compasión pone trabas a esa ley de la evolución que es la selección. Conserva lo que está ya maduro para perecer; constituye una resistencia que milita a favor de los desheredados y de los sentenciados de la vida
- Quiero decir algo más contra el Kant moralista. Una virtud ha de ser invención nuestra, una defensa y una necesidad muy personal nuestra. Si se la considerase de otro modo, no sería más que un peligro. Todo lo que no sea condición de nuestra vida la perjudica; una virtud que se practica exclusivamente por respeto al concepto de "virtud", como pretendía Kant, es nociva. La "virtud", el "deber", el "bien en sí", el bien interpretado en términos de impersonalidad y de validez universal son engaños del cerebro en los que se manifiestan la decadencia, la debilitación última de las fuerzas de la vida, las sombras chinescas del filósofo de Könisberg.
- ¿Hay algo que destruya más rápidamente que trabajar, pensar y sentir, sin una necesidad interior, sin una elección íntima y personal, sin experimentar ningún placer, como un autómata del "deber"? Ésta es precisamente la receta para provocar la decadencia e incluso la idiotez. Kant se volvió idiota.
- El amor es el estado en el que el hombre se encuentra más propenso a ver las cosas como no son. (...) El amor hace que se soporten más cosas que en cualquier otra situación: permite que se tolere todo
- Este mensajero de la "buena nueva" murió del mismo modo que vivió, como lo había enseñado; no para "redimir a la humanidad", sino para mostrar cómo hay que vivir. Lo que legó a la humanidad fue la práctica: la forma como se comportó ante sus jueces, sus verdugos y sus acusadores, frente a todas las calumnias y burlas que hubo de sufrir; su actitud cuando estaba clavado en la cruz. No ofreció resistencia, ni defendió sus derechos; no hizo lo más mínimo para alejar de sí la situación extrema a la que se vio abocado: más aún la provocó. (...) Quien busque pruebas para demostrar la existencia de un dios irónico que mueve los hilos del gran teatro del gran teatro del mundo, hallará un argumento más que suficiente en ese gigantesco signo de interrogación que se llama cristianismo. ¿Hay alguna forma mayor de ironía a escala de historia universal que el hecho de que la humanidad se encuentre de rodillas ante la antítesis de lo que fue el origen, el sentido y el derecho del evangelio; que haya santificado con la idea de "Iglesia" aquello precisamente que el mensajero de la "buena nueva" consideró por debajo de él y superado?
- Ahora ya podemos ver claramente a qué puso punto final la muerte de Cristo en la cruz: a un nuevo movimiento totalmente originario, similar al budista en cuanto su carácter pacífico, encaminado a conseguir la felicidad en la tierra, no como algo meramente prometido, sino como una realidad efectiva. Pues como ya he dicho, la diferencia existente entre estas dos religiones de la decadencia, es que el budismo no promete pero cumple, mientras que el cristianismo lo promete todo pero no cumple nada
- Los fanáticos resultan pintorescos, y la gente prefiere contemplar gestos a escuchar razones
- Lo bello es cosa de pocos, el bien es un privilegio. Por el contrario, nada se les puede consentir menos a estos hombres superiores que unos modales feos, que una forma pesimista de verlo todo -un ojo que afee lo que mire- y sobre todo, que se indignen por el aspecto general de las cosas. La indignación, al igual que el pesimismo, constituye una prerrogativa de los parias (chandalas)
- La injusticia no radica nunca en la desigualdad de derechos, sino en exigir la igualdad de derechos. ¿Qué es lo malo? Ya lo dije antes: todo lo que hunde sus raíces en la debilidad, en la envidia y en la venganza. El anarquista y el cristiano son de la misma casta
- ¿Qué es la felicidad? Sentir que aumenta nuestro poder, que superamos algo que nos ofrece resistencia.
- Si consideramos la compasión desde la perspectiva del valor de las reacciones que suele provocar, veremos más claramente aún su carácter nocivo respecto a la vida. La compasión pone trabas a esa ley de la evolución que es la selección. Conserva lo que está ya maduro para perecer; constituye una resistencia que milita a favor de los desheredados y de los sentenciados de la vida
- Quiero decir algo más contra el Kant moralista. Una virtud ha de ser invención nuestra, una defensa y una necesidad muy personal nuestra. Si se la considerase de otro modo, no sería más que un peligro. Todo lo que no sea condición de nuestra vida la perjudica; una virtud que se practica exclusivamente por respeto al concepto de "virtud", como pretendía Kant, es nociva. La "virtud", el "deber", el "bien en sí", el bien interpretado en términos de impersonalidad y de validez universal son engaños del cerebro en los que se manifiestan la decadencia, la debilitación última de las fuerzas de la vida, las sombras chinescas del filósofo de Könisberg.
- ¿Hay algo que destruya más rápidamente que trabajar, pensar y sentir, sin una necesidad interior, sin una elección íntima y personal, sin experimentar ningún placer, como un autómata del "deber"? Ésta es precisamente la receta para provocar la decadencia e incluso la idiotez. Kant se volvió idiota.
- El amor es el estado en el que el hombre se encuentra más propenso a ver las cosas como no son. (...) El amor hace que se soporten más cosas que en cualquier otra situación: permite que se tolere todo
- Este mensajero de la "buena nueva" murió del mismo modo que vivió, como lo había enseñado; no para "redimir a la humanidad", sino para mostrar cómo hay que vivir. Lo que legó a la humanidad fue la práctica: la forma como se comportó ante sus jueces, sus verdugos y sus acusadores, frente a todas las calumnias y burlas que hubo de sufrir; su actitud cuando estaba clavado en la cruz. No ofreció resistencia, ni defendió sus derechos; no hizo lo más mínimo para alejar de sí la situación extrema a la que se vio abocado: más aún la provocó. (...) Quien busque pruebas para demostrar la existencia de un dios irónico que mueve los hilos del gran teatro del gran teatro del mundo, hallará un argumento más que suficiente en ese gigantesco signo de interrogación que se llama cristianismo. ¿Hay alguna forma mayor de ironía a escala de historia universal que el hecho de que la humanidad se encuentre de rodillas ante la antítesis de lo que fue el origen, el sentido y el derecho del evangelio; que haya santificado con la idea de "Iglesia" aquello precisamente que el mensajero de la "buena nueva" consideró por debajo de él y superado?
- Ahora ya podemos ver claramente a qué puso punto final la muerte de Cristo en la cruz: a un nuevo movimiento totalmente originario, similar al budista en cuanto su carácter pacífico, encaminado a conseguir la felicidad en la tierra, no como algo meramente prometido, sino como una realidad efectiva. Pues como ya he dicho, la diferencia existente entre estas dos religiones de la decadencia, es que el budismo no promete pero cumple, mientras que el cristianismo lo promete todo pero no cumple nada
- Los fanáticos resultan pintorescos, y la gente prefiere contemplar gestos a escuchar razones
- Lo bello es cosa de pocos, el bien es un privilegio. Por el contrario, nada se les puede consentir menos a estos hombres superiores que unos modales feos, que una forma pesimista de verlo todo -un ojo que afee lo que mire- y sobre todo, que se indignen por el aspecto general de las cosas. La indignación, al igual que el pesimismo, constituye una prerrogativa de los parias (chandalas)
- La injusticia no radica nunca en la desigualdad de derechos, sino en exigir la igualdad de derechos. ¿Qué es lo malo? Ya lo dije antes: todo lo que hunde sus raíces en la debilidad, en la envidia y en la venganza. El anarquista y el cristiano son de la misma casta
El gaucho insufrible - Roberto Bolaño
El policía de las ratas:
- ¿Crees que deteniéndome a mí se acabarán los crímenes? ¿Crees que tus jefes harán justicia conmigo? Probablemente me despedazarán en secreto y arrojarán mis restos allí donde pasen los depredadores. Tú eres un maldito depredador, dije. Yo soy una rata libre, me contestó con insolencia. Puedo habitar el miedo y sé perfectamente hacia dónde se encamina nuestro pueblo. Tanta presunción había en sus palabras que preferí no contestarle. Eres joven, le dije. Tal vez haya una forma de curarte. Nosotros no matamos a nuestros congéneres. ¿Y quién te curará a ti, Pepe?, me preguntó. ¿Qué médicos curarán a tus jefes? Ponte boca abajo, dije. Héctor me miró y yo solté el cordel. Nos trenzamos en una lucha a muerte.
- Aquella noche soñé que un virus desconocido había infectado a nuestro pueblo. Las ratas somos capaces de matar a las ratas. Esa frase resonó en mi bóveda craneal hasta que desperté. Sabía que nada volvería a ser como antes. Sabía que sólo era cuestión de tiempo. Nuestra capacidad de adaptación al medio, nuestra naturaleza laboriosa, nuestra larga marcha colectiva en pos de una felicidad que en el fondo sabíamos inexistente, pero que nos servía de pretexto, de escenografía y telón para nuestras heroicidades cotidianas, estaban condenadas a desaparecer, lo que equivalía a que nosotros, como pueblo, también estábamos condenados a desaparecer.
El viaje de Álvaro Rousselot
- Con el tiempo, ese personaje más que siniestro, eminentemente burlón...
- En realidad, esto es común en quienes aman cualquier cosa. Todos terminamos convirtiéndonos en víctimas del objetivo de nuestra adoración, tal vez porque toda pasión tiende, con mayor velocidad que el resto de emociones humanas, a su propio fin, tal vez por la frecuentación excesiva del objeto de deseo.
Literatura + Enfermedad = Enfermedad
- No bien descubrí esto, me pregunté qué ocurriría si le proponía hacer el amor en el ascensor, cama no nos iba a faltar. Recordé en el acto, como no podía ser menos, a Susan Sarandon disfrazada de monja preguntándole a Sean Penn cómo podía pensar en follar si le quedaban pocos días de vida. El tono de Susan Sarandon, por descontado, es de reproche. No recuerdo, para variar, el título de la película, pero era una buena película, dirigida, creo, por Tim Robbins, que es un buen actor y tal vez un buen director pero que no ha estado jamás en el corredor de la muerte. Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así.
- Mallarmé escribió que un golpe de dados jamás abolirá el azar
Los mitos de Cthulhu
Estoy en contra de la censura y de la autocensura. Con una sola condición, como dijo Alceo de Mitilene: que se vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres
- ¿Crees que deteniéndome a mí se acabarán los crímenes? ¿Crees que tus jefes harán justicia conmigo? Probablemente me despedazarán en secreto y arrojarán mis restos allí donde pasen los depredadores. Tú eres un maldito depredador, dije. Yo soy una rata libre, me contestó con insolencia. Puedo habitar el miedo y sé perfectamente hacia dónde se encamina nuestro pueblo. Tanta presunción había en sus palabras que preferí no contestarle. Eres joven, le dije. Tal vez haya una forma de curarte. Nosotros no matamos a nuestros congéneres. ¿Y quién te curará a ti, Pepe?, me preguntó. ¿Qué médicos curarán a tus jefes? Ponte boca abajo, dije. Héctor me miró y yo solté el cordel. Nos trenzamos en una lucha a muerte.
- Aquella noche soñé que un virus desconocido había infectado a nuestro pueblo. Las ratas somos capaces de matar a las ratas. Esa frase resonó en mi bóveda craneal hasta que desperté. Sabía que nada volvería a ser como antes. Sabía que sólo era cuestión de tiempo. Nuestra capacidad de adaptación al medio, nuestra naturaleza laboriosa, nuestra larga marcha colectiva en pos de una felicidad que en el fondo sabíamos inexistente, pero que nos servía de pretexto, de escenografía y telón para nuestras heroicidades cotidianas, estaban condenadas a desaparecer, lo que equivalía a que nosotros, como pueblo, también estábamos condenados a desaparecer.
El viaje de Álvaro Rousselot
- Con el tiempo, ese personaje más que siniestro, eminentemente burlón...
- En realidad, esto es común en quienes aman cualquier cosa. Todos terminamos convirtiéndonos en víctimas del objetivo de nuestra adoración, tal vez porque toda pasión tiende, con mayor velocidad que el resto de emociones humanas, a su propio fin, tal vez por la frecuentación excesiva del objeto de deseo.
Literatura + Enfermedad = Enfermedad
- No bien descubrí esto, me pregunté qué ocurriría si le proponía hacer el amor en el ascensor, cama no nos iba a faltar. Recordé en el acto, como no podía ser menos, a Susan Sarandon disfrazada de monja preguntándole a Sean Penn cómo podía pensar en follar si le quedaban pocos días de vida. El tono de Susan Sarandon, por descontado, es de reproche. No recuerdo, para variar, el título de la película, pero era una buena película, dirigida, creo, por Tim Robbins, que es un buen actor y tal vez un buen director pero que no ha estado jamás en el corredor de la muerte. Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así.
- Mallarmé escribió que un golpe de dados jamás abolirá el azar
Los mitos de Cthulhu
Estoy en contra de la censura y de la autocensura. Con una sola condición, como dijo Alceo de Mitilene: que se vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres
Diez (posibles) razones para la tristeza de pensamiento - George Steiner
- "Esta es la tristeza que se adhiere a toda vida mortal, -afirma Schelling- una tristeza que, sin embargo, nunca llega a la realidad, sino que sólo sirve a la perdurable alegría de la superación. De ahí el velo de la pesadumbre, el cual se extiende sobre la naturaleza entera, de ahí la profunda e indestructible melancolía de toda vida. Sólo en la personalidad está la vida; y toda personalidad se apoya en un fundamento oscuro, que, no obstante, debe ser también el fundamento del conocimiento"
- Shelling, entre otros, atribuye a la existencia humana una tristeza fundamental, ineludible. Más concretamente, esta tristeza proporciona el oscuro fundamento en el que se apoyan la conciencia y el conocimiento.
- La existencia humana, la vida del intelecto, significa una experiencia de esta melancolía y la capacidad vital de sobreponerse a ella. Hemos sido creados, por así decirlo "entristecidos"
- Nada, ni las más profundas exploraciones de la epistemología o de la neurofisiología, nos han llevado más allá de la identificación del pensamiento con el ser, identificación que debemos a Parménides. Este axioma sigue siendo a la vez la fuente y el límite de la filosofía occidental
- En frentes absolutamente decisivos no llegamos a ninguna respuesta satisfactoria, mucho menos concluyente, por inspirado y coherente que sea el proceso de pensamiento, ya sea individual o colectivo, ya sea filosófico o científico. Esta contradicción interna, esta destinada ambigüedad, es inherente a todos los actos de pensamiento, a todas las conceptualizaciones e intuiciones. Escuchad atentamente el tumulto del pensamiento y oiréis en su centro inviolado, duda y frustración. Éste es un primer motivo para el Schwermut, para la pesadumbre
- Los arrebatos de concentración en el pensamiento no desviado, la obligatoriedad de centrarse de manera absoluta, pueden conllevar un riesgo de posterior agotamiento o daño mental. Hay monomanía en ciertas intensidades del pensamiento. Es no obstante, una monomanía sin la cual muchas cimas y logros del entendimiento humano no serían viables. Arquímedes no desistió de su análisis de las secciones cónicas, aunque semejante concentración fue la causa de su muerte. La gran mayoría de las veces, sin embargo el pensamiento ordinario es una empresa chapucera y de aficionados. Una segunda causa de melancolía indestructible
- El pensar nos hace presentes a nosotros mismos. Los pensamientos son nuestra única posesión segura
- Como en la astuta alegoría de Jonathan Swift, la completa veracidad, la completa transparencia del pensamiento pertenecen al reino animal. Hombres y mujeres persisten en virtud de un disfraz recurrente. Pero la máscara se lleva debajo de la piel. Sin embargo, fijaos en esta paradoja. Este núcleo inaccesible de nuestra singularidad, las posesiones más íntimas, privadas e impenetrables, es también un lugar común mil millones de veces. Aunque expresados, manifiesta o tácitamente, en diferentes formas léxicas, gramaticales y semánticas, nuestros pensamientos son, en una medida abrumadora, un universal humano, una propiedad común. Han sido pensados, están siendo pensados, serán pensados millones y millones de veces por otros. Son interminablemente banales y trillados.
- En consecuencia, la verdadera originalidad de pensamiento, el hecho de tener un pensamiento por primera vez (¿y cómo vamos a saberlo?) es extremadamente infrecuente. Como dijo Alexander Pope en su célebre observación, es la forma verbal y no el contenido la que produce impresión de novedad. (...) La originalidad es casi siempre una variante o innovación en la forma, en los medios de ejecución, en los medios disponibles...
- Puede que nos deje atónitos la aposición contenida en le sale espoir, sucia esperanza, de Sartre y que no encontremos niguna expresión pública anterior de esta ironía
- Pensar es algo supremamente nuestro, se halla oculto en la más íntima privacidad de nuestro ser. Es también el más común, manido y repetitivo de los actos. La contradicción no puede resolverse. Una tercera razón para una tristeza que se adhiere a nosotros.
- Cuando se ocupa de la "verdad", cuando la invoca, el pensamiento relativiza este criterio en el momento en el que hace referencia a él. No hay escapatoria de esta circularidad dialéctica. Como consecuencia, la historia de la verdad, un concepto que por definición niega todo estatus absoluto -lo absoluto no tiene historia-, abarca desde las fábulas más dogmáticas, "reveladas" hasta el más extremo escepticismo y el recurso moderno, ya implícito en el esceptiscismo clásico. Todo vale. Por consecuente, por escrupuloso que sea en su autoexamen, un acto de pensamiento postula su conquista de la verdad únicamente allí donde el proceso es tautológico, donde el resultado es una equivalencia formal, como sucede en las matemáticas o en la lógica simbólica.
- Esta fundamental antinomia entre las pretensiones que tiene el lenguaje de ser autónomo, de estar liberado del despotismo de la referencia y la razón - pretensiones que son fundamentales para la modernidad y la deconstrucción)- por una parte, y la desinteresada búsqueda de la verdad, por otra, es un cuarto motivo para la tristeza
- Pero con mucho, la masa del iceberg del pensamiento humano se desvanece, sin ser percibida ni registrada, en el cubo de la basura del olvido. (...) Frustración y desconcierto, los cuales no prueban que el pensamiento o lo imaginado borrado y perdido no fuera de insigne mérito o importancia. Lo que pasa es que está fuera de nuestro alcance, desvanecido, como lo están millones y millones de pensamientos que fluyen a traves de nuestro ser en un despilfarro insondable. (...) es precisamente esta generación infinitamente derrochadora y ruinosa, lo que no podemos, hasta ahora, justificar. Pero el déficit está más allá de todo cálculo. Una quinta razón para ese fundamento oscuro.
- Podemos tenerlo todo abrumadoramente a nuestro favor, la inducción puede parecer casi contractual e infalible, pero esperar, tener expectativas o esperanza es un azar. Y su única certidumbre es la muerte. Las consecuencias de nuestras expectativas, de esta impaciencia que llamamos "esperanza", se quedan cortas. Muchas veces fracasan totalmente. Habitualmente la previsión, la proyección, la fantasía y la imagen están por encima de la realización. (...) Un revelador vacío, una tristeza de la saciedad sigue a todos los deseos satisfechos. (...) Esperar contra toda esperanza, es una expresión vigorosa pero en última instancia condenatoria de la sobra que arroja el pensamiento sobre la consecuencia. Una sexta fuente para la tristitia.
- Inciertas relaciones entre el pensamiento y el amor. De aquí la posibilidad de que el amor entre seres pensantes sea una gracia en cierto modo milagrosa. (...) Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos para los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra. Ninguna luz final, ninguna empatía en el amor desvela el laberinto que es la interioridad de otro ser humano (...) al final el pensamiento puede hacer que seamos unos extraños los unos para los otros. El amor más intenso, quizá más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente entre soledades. Octava razón para la tristeza
- Todos vivimos dentro de una incesante corriente y magma de actos de pensamiento, pero sólo una parte muy limitada de la especie da prueba de saber pensar. Heidegger confesó lúgubremente que la humanidad en su conjunto aún no había salido de la prehistoria del pensamiento. (...) La capacidad de tener pensamientos que merezcan la pena de ser pensados, y más aún, de ser expresados y conservados es relativamente rara.
- Somos -el famoso ergo sum- en la medida en la que nos esforzamos en "pensar el ser", el "no ser" (la muerte) y la relación de estos polos con la presencia o ausencia, con la vida y la muerte de Dios antropomórficamente expresadas. El parcial retroceso de este interés en los asuntos públicos o privados de las tecnocracias occidentales desarrolladas, un retroceso antagonista a las airadas oleadas del fundamentalismo invade nuestra situación política e ideológica actual.
- No estamos una pulgada más cerca que Parménides o Plantón de cualquier solución verificable del enigma de la naturaleza y de la finalidad de nuestra existencia, si es que la tiene, en este universo probablememnte múltiple; no estamos más cerca de determinar si la muerte es o no el final o si Dios está presente o ausente. A lo mejor incluso estamos más lejos.
- Shelling, entre otros, atribuye a la existencia humana una tristeza fundamental, ineludible. Más concretamente, esta tristeza proporciona el oscuro fundamento en el que se apoyan la conciencia y el conocimiento.
- La existencia humana, la vida del intelecto, significa una experiencia de esta melancolía y la capacidad vital de sobreponerse a ella. Hemos sido creados, por así decirlo "entristecidos"
- Nada, ni las más profundas exploraciones de la epistemología o de la neurofisiología, nos han llevado más allá de la identificación del pensamiento con el ser, identificación que debemos a Parménides. Este axioma sigue siendo a la vez la fuente y el límite de la filosofía occidental
- En frentes absolutamente decisivos no llegamos a ninguna respuesta satisfactoria, mucho menos concluyente, por inspirado y coherente que sea el proceso de pensamiento, ya sea individual o colectivo, ya sea filosófico o científico. Esta contradicción interna, esta destinada ambigüedad, es inherente a todos los actos de pensamiento, a todas las conceptualizaciones e intuiciones. Escuchad atentamente el tumulto del pensamiento y oiréis en su centro inviolado, duda y frustración. Éste es un primer motivo para el Schwermut, para la pesadumbre
- Los arrebatos de concentración en el pensamiento no desviado, la obligatoriedad de centrarse de manera absoluta, pueden conllevar un riesgo de posterior agotamiento o daño mental. Hay monomanía en ciertas intensidades del pensamiento. Es no obstante, una monomanía sin la cual muchas cimas y logros del entendimiento humano no serían viables. Arquímedes no desistió de su análisis de las secciones cónicas, aunque semejante concentración fue la causa de su muerte. La gran mayoría de las veces, sin embargo el pensamiento ordinario es una empresa chapucera y de aficionados. Una segunda causa de melancolía indestructible
- El pensar nos hace presentes a nosotros mismos. Los pensamientos son nuestra única posesión segura
- Como en la astuta alegoría de Jonathan Swift, la completa veracidad, la completa transparencia del pensamiento pertenecen al reino animal. Hombres y mujeres persisten en virtud de un disfraz recurrente. Pero la máscara se lleva debajo de la piel. Sin embargo, fijaos en esta paradoja. Este núcleo inaccesible de nuestra singularidad, las posesiones más íntimas, privadas e impenetrables, es también un lugar común mil millones de veces. Aunque expresados, manifiesta o tácitamente, en diferentes formas léxicas, gramaticales y semánticas, nuestros pensamientos son, en una medida abrumadora, un universal humano, una propiedad común. Han sido pensados, están siendo pensados, serán pensados millones y millones de veces por otros. Son interminablemente banales y trillados.
- En consecuencia, la verdadera originalidad de pensamiento, el hecho de tener un pensamiento por primera vez (¿y cómo vamos a saberlo?) es extremadamente infrecuente. Como dijo Alexander Pope en su célebre observación, es la forma verbal y no el contenido la que produce impresión de novedad. (...) La originalidad es casi siempre una variante o innovación en la forma, en los medios de ejecución, en los medios disponibles...
- Puede que nos deje atónitos la aposición contenida en le sale espoir, sucia esperanza, de Sartre y que no encontremos niguna expresión pública anterior de esta ironía
- Pensar es algo supremamente nuestro, se halla oculto en la más íntima privacidad de nuestro ser. Es también el más común, manido y repetitivo de los actos. La contradicción no puede resolverse. Una tercera razón para una tristeza que se adhiere a nosotros.
- Cuando se ocupa de la "verdad", cuando la invoca, el pensamiento relativiza este criterio en el momento en el que hace referencia a él. No hay escapatoria de esta circularidad dialéctica. Como consecuencia, la historia de la verdad, un concepto que por definición niega todo estatus absoluto -lo absoluto no tiene historia-, abarca desde las fábulas más dogmáticas, "reveladas" hasta el más extremo escepticismo y el recurso moderno, ya implícito en el esceptiscismo clásico. Todo vale. Por consecuente, por escrupuloso que sea en su autoexamen, un acto de pensamiento postula su conquista de la verdad únicamente allí donde el proceso es tautológico, donde el resultado es una equivalencia formal, como sucede en las matemáticas o en la lógica simbólica.
- Esta fundamental antinomia entre las pretensiones que tiene el lenguaje de ser autónomo, de estar liberado del despotismo de la referencia y la razón - pretensiones que son fundamentales para la modernidad y la deconstrucción)- por una parte, y la desinteresada búsqueda de la verdad, por otra, es un cuarto motivo para la tristeza
- Pero con mucho, la masa del iceberg del pensamiento humano se desvanece, sin ser percibida ni registrada, en el cubo de la basura del olvido. (...) Frustración y desconcierto, los cuales no prueban que el pensamiento o lo imaginado borrado y perdido no fuera de insigne mérito o importancia. Lo que pasa es que está fuera de nuestro alcance, desvanecido, como lo están millones y millones de pensamientos que fluyen a traves de nuestro ser en un despilfarro insondable. (...) es precisamente esta generación infinitamente derrochadora y ruinosa, lo que no podemos, hasta ahora, justificar. Pero el déficit está más allá de todo cálculo. Una quinta razón para ese fundamento oscuro.
- Podemos tenerlo todo abrumadoramente a nuestro favor, la inducción puede parecer casi contractual e infalible, pero esperar, tener expectativas o esperanza es un azar. Y su única certidumbre es la muerte. Las consecuencias de nuestras expectativas, de esta impaciencia que llamamos "esperanza", se quedan cortas. Muchas veces fracasan totalmente. Habitualmente la previsión, la proyección, la fantasía y la imagen están por encima de la realización. (...) Un revelador vacío, una tristeza de la saciedad sigue a todos los deseos satisfechos. (...) Esperar contra toda esperanza, es una expresión vigorosa pero en última instancia condenatoria de la sobra que arroja el pensamiento sobre la consecuencia. Una sexta fuente para la tristitia.
- Inciertas relaciones entre el pensamiento y el amor. De aquí la posibilidad de que el amor entre seres pensantes sea una gracia en cierto modo milagrosa. (...) Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos para los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra. Ninguna luz final, ninguna empatía en el amor desvela el laberinto que es la interioridad de otro ser humano (...) al final el pensamiento puede hacer que seamos unos extraños los unos para los otros. El amor más intenso, quizá más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente entre soledades. Octava razón para la tristeza
- Todos vivimos dentro de una incesante corriente y magma de actos de pensamiento, pero sólo una parte muy limitada de la especie da prueba de saber pensar. Heidegger confesó lúgubremente que la humanidad en su conjunto aún no había salido de la prehistoria del pensamiento. (...) La capacidad de tener pensamientos que merezcan la pena de ser pensados, y más aún, de ser expresados y conservados es relativamente rara.
- Somos -el famoso ergo sum- en la medida en la que nos esforzamos en "pensar el ser", el "no ser" (la muerte) y la relación de estos polos con la presencia o ausencia, con la vida y la muerte de Dios antropomórficamente expresadas. El parcial retroceso de este interés en los asuntos públicos o privados de las tecnocracias occidentales desarrolladas, un retroceso antagonista a las airadas oleadas del fundamentalismo invade nuestra situación política e ideológica actual.
- No estamos una pulgada más cerca que Parménides o Plantón de cualquier solución verificable del enigma de la naturaleza y de la finalidad de nuestra existencia, si es que la tiene, en este universo probablememnte múltiple; no estamos más cerca de determinar si la muerte es o no el final o si Dios está presente o ausente. A lo mejor incluso estamos más lejos.
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