domingo, 16 de septiembre de 2012

Verde agua - Marisa Madieri

Del mundo del trabajo, con los chicos ya bastantes crecidos, he sido devuelta a la libertad de mi casa y de mis días. En el humilde y variado trabajo cotidiano, los pensamientos pueden aflorar, organizarse, clarificarse. El tiempo, antes casi sin dimensiones, reducido a mero presente debido a una vida apresurada, acosada por un turbión de obligaciones, de alegrías robadas y de preocupaciones, ahora se despliega en horas livianas, se dilata y se arrellana, se puebla de resonancias y recuerdos que poco a poco se recomponen en forma de mosaico, emergiendo en pequeños remolinos de un magma indistinto que, durante largos años, se ha ido acumulando en un fondo oscuro y desatendido. 

Pienso en mi madre cada vez con más frecuencia e intensidad. Las raíces de mi fuerza y de mi capacidad de no rendirme frente a las dificultades se hunden en su amor. La soledad, siempre al acecho incluso en una vida llena de afecto, y que hace tres años me desveló de improviso su rostro de Medusa, encuentra aún en ella su consuelo y su superación.

De algún modo me siento responsable de su felicidad y me pregunto si han recibido las armas y los instrumentos necesarios para hacer las elecciones conscientes, para ser aguerridos en las pruebas, fuertes en las desilusiones, generosos en el éxito, para amar y vivir en el significado.

Posfacio- Claudio Magris
Somos profundos, volvamos a ser claros. Estas palabras de Nietzsche pueden definir las páginas de Marisa Madieri.

Un año de escuela en Trieste - Giani Stuparich


¡Si hubiera Dios - masculló finalmente-, la vida no sería tan absurda! Yo, por lo demás pienso trabajar en las minas; cuanto más bajo tierra nos metemos, menos nubes dan vueltas en torno a nuestras cabezas.

Jezabel - Irène Némirovsky

"La felicidad es esto", se dijo y no retiró la mano. (...) Qué grato era ver un hombre a sus pies... ¿Qué había en el mundo mejor que el nacimiento de ese poder de mujer? Eso era lo que esperaba, lo que llevaba días presintiendo... El placer, el baile, el éxito no eran nada, palidecían ante aquella intensa sensación, ante aquella especie de mordedura interior. "¿El amor? -pensó-. ¡Oh, no! El placer, casi sacrílego, de ser amada..."

Confesión - Lev Tolstói

Para responder a la pregunta que todo hombre se plantea, "¿Qué soy? ¿Por qué vivo? ¿Qué debo hacer?", el hombre antes tiene que contestar a esta pregunta "¿Qué es la vida de toda esa humanidad desconocida para él, de la cual sólo conozco una ínfima parte durante un período de tiempo minúsculo?". Para comprender qué es él, el hombre primero debe comprender el entero misterio de la humanidad, una humanidad compuesta de hombres como él, que no se comprenden a sí mismos.

"No nos acercamos a la verdad  sino en la medida que nos alejamos de la vida" dice Sócrates preparándose para morir.

Lo que se opone a ese tránsito a la nada -nuestra naturaleza- no es más que la voluntad de vivi (Wille zum Leben), de la que estamos constituidos nosotros al igual que nuestro mundo. Lo que tememos tanto de la nada, o lo que es lo mimos, nuestra voluntad de vivir, sólo significa que no somos nada más que esa voluntad de vivir y que no sabemos nada fuera de ella.

Ésas son las respuestas directas dadas por la sabiduría humana a la cuestión de la vida.
"La vida del cuerpo es un mal y una mentira. Por eso la destrucción de la vida del cuerpo es un bien y debemos desearla", dice Sócrates.
"La vida es lo que no debe ser, un mal; y el tránsito a la nada es el único bien", dice Schopenhauer.
"Todo en el mundo, la necedad, la sabiduría, la riqueza, la miseria, la alegría, el dolor, es vanidad y nadería. El hombre morirá, y nada quedará. Y esto es absurdo", dice Salomón
"Es imposible vivir sabiendo que el sufrimiento, el debilitamiento, la vejez y la muerte son inevitables; es preciso liberarnos de la vida y de toda posibilidad de vida", dice Buda.

Arthur & George - Julian Barnes

¿Por qué la gente pensaba que el progreso consistía en creer menos, en vez de creer más y abrirse a un universo más extenso?

lunes, 13 de agosto de 2012

Libertad - Jonathan Franzen

- Id juntos, ilustres y felices ganadores, mientras lo sois. Cambiad vuestros regocijos con compañía. Yo, vieja tórtola, iré a suspenderme de alguna rama seca y allí lamentaré hasta el fin de mis días la pérdida de mi compañero, que nunca será hallado. El cuento de invierno

-Los cumplidos eran una especie de brebaje del que ella, inconscientemente, sabía que no debía tomar siquiera una gota, porque su sed de halagos era infinita

-Si hubiera tenido más conciencia de sí misma y prestado mínimamente la debida atención al mundo que la rodeaba, no se le habría dado ni la mitad de bien el baloncesto universitario. El éxito en el deporte es un espacio accesible sólo a la mente casi vacía.

- Eso es porque probablemente eres una persona buena de verdad. Lo quieres tal como es, no por cómo te hace sentir. Ésa es probablemente la diferencia entre tú y yo.

- Supongo que ya has pasado por la experiencia de sentir frustración ante personas que no son tan inteligentes como tú. Personas que no sólo son incapaces de reconocer ciertas verdades cuya lógica para ti es evidente, sino que además, se niegan a hacerlo. Y ni siquiera parece importarles que su lógica sea defectuosa. ¿Nunca has sentido esa clase de frustración?
-- Pero eso es porque son libres. ¿La libertad no es eso? ¿El derecho a pensar lo que uno quiere? Y sí, lo admito, a veces es un coñazo.

- Advirtió que las páginas sobre él le despertaban mucho más interés que las otras; confirmó su arraigada sospecha de que, en última instancia, las personas sólo quieren leer sobre sí mismas.

viernes, 3 de agosto de 2012

La tragedia de un personaje - Luigi Pirandello

Fuera preocupaciones.
- Creían que no tenía corazón, porque él no lloraba. Pero ¿acaso demostraba el llanto la intensidad del dolor? Lo único que demostraba era la debilidad del que sufre. Quien llora quiere hacer saber que sufre o quiere enternecer o pide consuelo y conmiseración.
- Toda la vida no era otra cosa que esto una preocupación, una serie de preocupaciones que había que quitarse de encima. Cualquier demora era una debilidad. .... Tenía en la cabeza la desazón, el frenesí de quitarse de encima toda preocupación, apenas asomaban a su mente como una ineluctable necesidad. .... No conseguía comprender que justamente para obedecer precismamente a aquella necesidad, estamos en la vida. ¿Era posible que no hubiera nada más que hacer? ¿Que hayamos venido a este mundo y estemos en él para esto?

Apreciáis por encima de cualquier cosa y no os cansáis nunca de elogiar la constancia de los sentimientos y la entereza de carácter. ¿Y por qué? ¡Pues siempre por la misma razón! Porque sois unos cobardes, porque tenéis miedo de vosotros mismos, es decir, de perder -cambiando- la realidad que os habéis dado, y de reconocer, por consiguiente, que ella no era más que una ilusión vuestra.

En el remolino. sobre la falta de remordimiento

Se veía temblar el aire como aliento de brasa.

La carretilla. sobre la necesidad de hacer locuras, aunque sean nimias
Ha pitado el tren. sobre la necesidad de tener una bocanada de aire, de la rutina

Las mayores penas y fatigas que nos toca sufrir en esta vida son siempre las que afrontamos para ponernos nosotros mismos la soga al cuello.