domingo, 8 de noviembre de 2015
La fiesta de la insignificancia – Milan Kundera
Alain medita sobre el ombligo
Era el mes de junio, el sol asomaba
entre las nubes y Alain pasaba lentamente por una calle de París. Observaba a
las jovencitas que, todas ellas, enseñaban el ombligo entre el borde del
pantalón de cintura baja y la camiseta muy corta. Estaba arrobado; arrobado e
incluso trastornado: como si el poder de seducción de las jovencitas ya no se
concentrara en sus muslos, ni en sus nalgas, ni en sus pechos, sino en ese
hoyito redondo situado en mitad de su cuerpo.
Eso le incitó a reflexionar: si un
hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los muslos, ¿cómo
describir y definir la particularidad de semejante orientación erótica?
Improvisó una respuesta: la longitud de los muslos es la imagen metafórica del
camino, largo y fascinante (por eso los muslos deben ser largos), que conduce
hacia la consumación erótica; en efecto, se dijo Alain, incluso en pleno coito,
la longitud de los muslos brinda a la mujer la magia romántica de lo
inaccesible.
Si un hombre (o una época) ve el centro
de la seducción femenina en las nalgas, ¿cómo describir y definir la
particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta: brutalidad;
gozo; el camino más corto hacia la meta; meta tanto más excitante por ser
doble.
Si un hombre (o una época) ve el centro
de la seducción femenina en los pechos, ¿cómo describir y definir la
particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta:
santificación de la mujer; la Virgen María amamantando a Jesús; el sexo
masculino arrodillado ante la noble misión del sexo femenino.
Pero ¿cómo definir el erotismo de un
hombre (o de una época) que ve la seducción femenina concentrada en mitad del
cuerpo, en el ombligo?
-No ha entendido nada, y aún hoy no
entiende nada acerca del valor de la insignificancia. (…)
-La inutilidad de ser brillante. (…)
-Es algo más que inutilidad. La
nocividad. Cuando un tipo brillante intenta seducir a una mujer, ésta tiene la
impresión de entrar en una competición. Ella también se siente obligada a
deslumbrar. A no entregarse sin resistencia. Mientras que la insignificancia la
libera. La descarga de precauciones. No exige ninguna agudeza. La despreocupa
y, por tanto, la hace más fácilmente accesible.
“Sentirse o no sentirse culpable. Creo
que todo radica en eso. La vida es una lucha de todos contra todos. Es sabido.
Pero, ¿cómo puede darse esa lucha en una sociedad más o menos civilizada? No
deberíamos tirarnos unos contra otros a primera vista. En cambio, intentamos
proyectar en los demás el oprobio de la culpabilidad. Vencerá el que consiga
hacer que el otro se sienta culpable. Perderá el que confiese su culpa. Vas por
la calle inmerso en tus pensamientos. Caminando hacia ti, viene una chica que,
como si estuviera sola en el mundo, sin mirar a los lados, camina recto hacia
adelante. Chocáis. Éste es el momento de la verdad. ¿Quién insultará al otro, y
quién pedirá perdón? esa situación me sirve de ejemplo: en realidad los dos son
a la vez el embestido y el que embiste. No obstante, los hay que, inmediata y
espontáneamente, se consideran los causantes del choque y, por tanto,
culpables. Y los hay también que siempre se consideran, inmediata y
espontáneamente, las víctimas del choque y, por tanto, en su derecho de acusar
en el acto al otro y de hacer que lo castiguen. Tú, en esa situación, ¿pedirías
perdón o acusarías?
– Sin duda alguna, yo pediría perdón.
– ¡Ay, pobre de modo que tú también
perteneces a la legión de los perdonazos! Crees que podrás ablandar al otro con
tus disculpas.
– Claro que sí.
– Pues te equivocas. El que pide perdón
se declara culpable. Y si te declaras culpable, animas al otro a seguir
insultándote y a denunciarte públicamente hasta la muerte. Éstas son las consecuencias
fatales del que pide perdón primero.
– Es cierto. No hay que pedir perdón.
Sin embargo, yo preferiría un mundo en el que todos, sin excepción, pidiéramos
perdón y, por las buenas, inútil y exageradamente, todos cargáramos con las
disculpas…”
El placer de la mistificación debía
protegeros. Ésa fue de hecho nuestra estrategia, la de todos nosotros.
Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni
remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia delante. Sólo había una resistencia
posible: no tomarlo en serio. Pero me doy cuenta de que nuestras gracias ya
perdieron todo su poder.
En su reflexión sobre lo cómico, Hegel
dice que el verdadero humor es impensable sin el infinito buen humor, escúchalo
bien, eso es lo que dice literalmente: “infinito buen humor”; “unendliche
Wohlemutheit!”. No la burla, no la sátira, no el sarcasmo. Solo desde lo alto
del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los
hombres, y reírte de ella.
-La idea más importante de Kant,
camaradas, es la "cosa en si", que en alemán es: "Ding an
sich". Kant pensaba que, detrás de nuestras representaciones, hay una cosa
objetiva, una "Ding", que no podemos conocer, pero que no obstante es
real. Pero esta idea es falsa. No hay nada real detrás de nuestras representaciones,
ninguna "cosa en sí misma", ninguna "Ding an sich".
Todos escuchan desconcertados y Stalin
prosigue:
-Schopenhauer estuvo más cerca de la
verdad. ¿Cuál fue, camaradas, la gran idea de Schopenhauer?
Todos evitan la mirada burlona del
examinador, que según su célebre costumbre, termina por contestarse a sí mismo:
-La gran idea de Schopenhauer,
camaradas, es la de que el mundo no es más que representación y voluntad. Eso
significa, que tras el mundo tal como lo vemos, no hay nada objetivo, ninguna
"Ding an sich" y que, para hacer que exista esa representación, para
hacerla real, debe haber una voluntad; una enorme voluntad que la impondrá.
Te seré sincera. Desde siempre me ha
horrorizado la idea de arrojar al mundo a alguien que no lo ha pedido.
Ya sé que la uniformidad está en todas
partes. Pero en este parque dispone al menos de una gran variedad de uniformes.
Así puedes conservar aún la ilusión de tu individualidad. (…) Antaño, el amor
era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único,
de lo que no admite repetición. Pero el ombligo no solo no se rebela contra la
repetición, ¡es una llamada a las repeticiones! De modo que en nuestro milenio
viviremos bajo el signo del ombligo. Bajo ese signo seremos todos soldados del
sexo…
La insignificancia, mi amigo, es la
esencia de la existencia. Ella está con nosotros en todas partes y siempre.
Está presente ahí donde nadie quiere verla: en los horrores, en las luchas
sangrientas, en las peores desgracias. Esto exige a menudo mucho coraje para
reconocerla en condiciones también dramáticas y por llamarla por su nombre.
Incluso aun cuando se trate sólo de reconocerla, hay que amarla a la
insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí, en este parque, delante de
nosotros, mire amigo mío, ella está presente en toda su evidencia, con toda su
inocencia, con toda su belleza. Sí, su belleza. Como usted mismo ha dicho: la
animación perfecta…y completamente inútil, los niños que ríen…sin saber por
qué, acaso no es bello? Respire D’Ardelo, mi amigo, respire esta
insignificancia que nos rodea, ella es la clave de la sabiduría, ella es la
clave del buen humor.
El silencio llama la atención. Puede
impresionar. Darte un aire enigmático. O sospechoso
Tampoco has elegido tu sexo. Ni el color
de tus ojos. Ni tu siglo. Ni tu país. Ni tu madre. Nada de lo que realmente
cuenta. Los derechos de los que puede disponer el ser humano sólo se refieren a
nimiedades por las que carece de sentido luchar unos contra otros o escribir
solemnes declaraciones
Indignación - Philip Roth
Era el más alto de los dos; medía varios
centímetros más que yo y tenía ese aire suave, confiado y plácido que me
recordaba a aquellos muchachos de amabilidad y simpatía casi mágicas que
ejercían de presidentes del consejo estudiantil en el instituto y a los que
adoraban sus novias, reinas de las animadoras de las majorettes. La humillación
jamás afectaba a aquellos jóvenes, mientras que para el resto de nosotros
siempre revoloteaba por encima como la mosca o el mosquito que no te deja en
paz. ¿En qué pensaba la evolución al hacer que uno entre un millón fuese como
el muchacho que se hallaba ante mí? ¿Cuál era la función de semejante apostura
salvo llamar la atención hacia las imperfecciones de todos los demás? Yo no
había sido completamente desdeñado por el dios del aspecto físico, y sin
embargo el brutal nivel establecido por aquel ejemplar me convertía, por
comparación, en una monstruosidad de lo ordinario. Mientras hablaba con él me
veía forzado a desviar la vista, tan perfectas eran sus facciones, tan
humillantes, tan vergonzantes… tan significativas.
Mi estatura me venía de mi madre. Era
una mujer robusta que medía metro ochenta y se alzaba no solo por encima de mi
padre, sino por encima de todas las madres del barrio. Con las cejas pobladas y
oscuras y el áspero cabello gris (y, en la tienda, con sus ásperas ropas grises
debajo de un delantal blanco ensangrentado), encarnaba el papel de la
trabajadora de un modo tan convincente como cualquier mujer soviética en los
carteles de propaganda sobre los aliados de ultramar de Estados Unidos que
estaban fijados a las paredes de nuestra escuela de primaria durante la segunda
guerra mundial. Olivia era esbelta y de cabello claro, e incluso con una
estatura de algo más de metro setenta parecía bajita al lado de mi madre, de
modo que cuando la mujer que trabajaba con un ensangrentado delantal blanco
blandiendo largos cuchillos afilados como espadas, y abriendo y cerrando la
puerta de la cámara frigorífica tendió la mano a Olivia para estrechar la suya,
vio no solo el aspecto que Olivia debió de tener en su infancia, sino también
lo poco protegida que estaba contra la confusión cuando la asaltaba con toda su
fuerza. No solo su delicada mano parecía una chuleta de cordero lechal en la
manaza, como una garra de osa, de mi madre, sino que se veía todavía atenazada
por lo que fuese que, solo pocos años después de dejar atrás la infancia, la
había impulsado primero a beber y luego la había llevado al borde de la destrucción.
Era blanda y frágil hasta la médula de los huesos, una chiquilla realmente
herida, y por fin lo comprendí solo porque mi madre, incluso bajo los ataques
de mi padre y dispuesta a hacer algo tan extremo como divorciarse, lo cual
equivaldría a matarlo (sí, ahora también lo veía a él muerto), era cualquier
cosa menos blanda y frágil. Que mi padre pudiera haberle hecho tomar la
iniciativa de ir a un abogado para pedir el divorcio no era una medida de la
debilidad de ella, sino del aplastante poder de la inexplicable transformación
que él había sufrido, de los implacables indicios de catástrofe que le habían
hecho cambiar por completo.
-Puedes llorar Markie. Te he visto
llorar antes. –Sé que me has visto. Sé que puedo, pero no quiero. Es que me
siento tan feliz…-Tuve que parar un momento, para recobrar la voz y recuperarme
tras haber sido reducido por sus palabras a la diminuta criterio que no es más
que su necesidad de atención y cuidado perpetuos.
Una conciencia que me enorgullece que
tengas, pero que puede ser tu enemiga. Tienes conciencia y eres compasivo, y
también dulce…así que dime, ¿sabes cómo hacer con esa chica lo que tal vez
debas hacer? Porque la debilidad del prójimo puede destruirte tanto como su
fuerza. Los débiles no son inofensivos. Su debilidad puede ser su fuerza. Una
persona tan inestable es una amenaza para ti, y una trampa.
…el aprendizaje de lo que su padre sin
estudios se había empeñado tanto en enseñarle: la terrible, la incomprensible
manera en que las elecciones más triviales, fortuitas e incluso cómicas
obtienen el resultado más desproporcionado.
Au revoir là-haut – Pierre Lemaitre
- Même les grandes joies vous laissent un peu de regret, il y a un fond de manque dans tout ce qu’on vit.
- “Expliquez-moi ça”, lui disait-il parfois avec cette patience qu’on ne prodigue qu’aux vaches et aux imbéciles.
- On ne peut pas gagner contre quelque chose qu'on ne comprend pas.
- D'ailleurs, il n'avait pas la fibre politique. Pour cela, il faut avant tout de l'ego non, son truc, à lui, c'était l'argent. Et l'argent aime l'ombre.
- D'ailleurs, il n'avait pas la fibre politique. Pour cela, il faut avant tout de l'ego non, son truc, à lui, c'était l'argent. Et l'argent aime l'ombre.
- Toute histoire doit trouver sa fin, c'est dans l'ordre de la vie. Même tragique, même insupportable, même dérisoire, il faut une fin à tout.
- Mourir le dernier, c'est comme mourir le premier, rien de plus con.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Sweet Tooth - Ian McEwan
At work we ate our lunches together but there was still something between us, a little piece of gritty residue from that brief dispute. If her politics were so infantile or boneheaded, how much of a friend could she be? But at other times I believed that time would settle the matter and that, by simple contagion at work, her political views would mature. Sometimes not talking is the best way through a difficulty. The fad for personal "truth" and confrontation was doing great damage in my view and blighting many friendships and marriages.
martes, 6 de enero de 2015
Fausto - Goethe
Fausto - Estamos habituados a que los hombres hagan burla de lo que no entienden, y murmuren a la vista de lo bueno y lo bello, que a menudo les causa enojo.
FAUSTO¿Qué soy, pues, si no es posible llegar a conseguir lacorona de la humanidad, hacia la cual tienden con afán todosmis pensamientos?MEFISTÓFELESTú eres, al fin y al cabo... lo que eres. Ponte pelucas demillones de bucles; calza tus pies con coturnos de una varade alto, y a pesar de todo, seguirás siendo siempre lo que eres.FAUSTOBien lo veo. En balde acumulé sobre mí todos los tesorosdel espíritu humano, y cuando al fin me siento paradescansar, ninguna nueva fuerza, a pesar de ello, nace en mipecho; no soy mas alto del grueso de un cabello, ni estoy máscerca de lo Infinito.
FAUSTO
¡Perro! ¡Monstruo abominable! Transfórmale, tú, Espíritu
infinito, transforma de nuevo ese reptil en su figura de perro,
bajo la cual, por la noche, complacíase a menudo en trotar
delante de mí, en revolcarse delante de los pies del pacífico
viajero y agarrarse a los hombros de aquel que violentamente
cae en tierra. Transmútale otra vez en su forma predilecta,
para que ante mí se arrastre sobre su vientre en el polvo, y
huelle yo con mis pies a ese réprobo... ¡No es la primera!
Horror, horror incomprensible para toda alma humana, que
más de una criatura se haya hundido en el fondo de tal
miseria, y que la primera de ellas, a los ojos de Aquel que
eternamente perdona, no haya bastado a expiar la falta de
todas las demás con la mortal angustia en que se retorcía. El
dolor de esta sola me penetra hasta el corazón y trastorna mi
vida y tú, con el mayor desenfado, te ríes sarcásticamente de
la suerte de millares como ella!
MEFISTÓFELES
Otra vez nos hallamos en el límite de nuestra razón, en
aquel punto donde vosotros los mortales perdéis el seso.
¿Por qué trabas relación con nosotros si no puedes
sostenerla hasta el fin? ¿Pretendes volar y no estás seguro
contra el vértigo? ¿Nos hemos metido contigo, o eres tú que
con nosotros se metió?
MEFISTÓFELES
En eso reconozco al docto señor. Aquello que no palpáis,
está cien leguas distante de vos; aquello que no comprendéis,
para vos no existe; aquello que no calculáis, creéis que no es
verdad; aquello que no pesáis, no tiene para vos peso alguno;
aquello que no podéis amonedar, imagináis que nada vale.
FAUSTO¿Qué soy, pues, si no es posible llegar a conseguir lacorona de la humanidad, hacia la cual tienden con afán todosmis pensamientos?MEFISTÓFELESTú eres, al fin y al cabo... lo que eres. Ponte pelucas demillones de bucles; calza tus pies con coturnos de una varade alto, y a pesar de todo, seguirás siendo siempre lo que eres.FAUSTOBien lo veo. En balde acumulé sobre mí todos los tesorosdel espíritu humano, y cuando al fin me siento paradescansar, ninguna nueva fuerza, a pesar de ello, nace en mipecho; no soy mas alto del grueso de un cabello, ni estoy máscerca de lo Infinito.
FAUSTO
¡Perro! ¡Monstruo abominable! Transfórmale, tú, Espíritu
infinito, transforma de nuevo ese reptil en su figura de perro,
bajo la cual, por la noche, complacíase a menudo en trotar
delante de mí, en revolcarse delante de los pies del pacífico
viajero y agarrarse a los hombros de aquel que violentamente
cae en tierra. Transmútale otra vez en su forma predilecta,
para que ante mí se arrastre sobre su vientre en el polvo, y
huelle yo con mis pies a ese réprobo... ¡No es la primera!
Horror, horror incomprensible para toda alma humana, que
más de una criatura se haya hundido en el fondo de tal
miseria, y que la primera de ellas, a los ojos de Aquel que
eternamente perdona, no haya bastado a expiar la falta de
todas las demás con la mortal angustia en que se retorcía. El
dolor de esta sola me penetra hasta el corazón y trastorna mi
vida y tú, con el mayor desenfado, te ríes sarcásticamente de
la suerte de millares como ella!
MEFISTÓFELES
Otra vez nos hallamos en el límite de nuestra razón, en
aquel punto donde vosotros los mortales perdéis el seso.
¿Por qué trabas relación con nosotros si no puedes
sostenerla hasta el fin? ¿Pretendes volar y no estás seguro
contra el vértigo? ¿Nos hemos metido contigo, o eres tú que
con nosotros se metió?
MEFISTÓFELES
En eso reconozco al docto señor. Aquello que no palpáis,
está cien leguas distante de vos; aquello que no comprendéis,
para vos no existe; aquello que no calculáis, creéis que no es
verdad; aquello que no pesáis, no tiene para vos peso alguno;
aquello que no podéis amonedar, imagináis que nada vale.
MEFISTÓFELES Cómo se enlazan el mérito y la fortuna, eso jamás se les ocurre a los necios. Si tuviesen ellos la
piedra filosofal, no habría filósofo para la piedra.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
La utilidad de lo inútil. Manifiesto - Nuccio Ordine
Existen saberes que son fines
por sí mismos y que-precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada,
alejada de todo vínculo práctico y comercial-pueden ejercer un papel
fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de
la humanidad. En este contexto, considero útil todo aquello que nos
ayuda a hacernos mejores.
El saber constituye por sí
mismo un obstáculo contra el delirio de la omnipotencia del dinero y del
utilitarismo. Todo puede comprarse, es cierto. (…) Pero no el conocimiento: el
precio que debe pagarse por conocer es de una naturaleza muy distinta.
“Si no se comprende la utilidad
de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte” Eugène Ionesco
“El infierno de los vivos no es
algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que
habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no
sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte
de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención
y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del
infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.” Las ciudades
invisibles, de Italo Calvino. Diálogo entre Marco Polo y Kublai Kan.
“La cultura, como el amor, no
posee la capacidad de exigir. No ofrece garantías. Y, sin embargo, la única
oportunidad para conquistar y proteger nuestra dignidad humana nos la
ofrece la cultura, la educación liberal” Italo Calvino
“Había tenido que promover
treinta y dos guerras, y había tenido que violar todos sus pactos con la muerte
y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi
cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad” Gabriel García
Márquez
Siete
veces el fuego me ha probado:
siete
veces probada es la razón
que
nunca se equivoca en su elección:
hay
quien tan sólo sombras ha besado,
quien
es feliz con sólo sombra al lado:
y hay
tontos de preciosa tontería
plateada,
y así pasa con este.
Da
igual qué esposa contigo se acueste:
tu
cabeza será siempre la mía:
así que
vete: cesa en tu porfía
(II. 9,
63-72). Shakespeare
“¿Para
qué sirve esto? Sirve para ser bello. ¿No es suficiente?: como las flores, como
los perfumes, como los pájaros, como todo aquello que el hombre no ha podido
desviar y depravar a su servicio. En general, tan pronto como una cosa se
vuelve útil deja de ser bella.” «El arte
es lo que mejor consuela de vivir» Albertus. Gautier
“Yo os aconsejo oír con
atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera.
La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la
verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las
criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que
todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la
pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir.” García Lorca sobre
Pablo Neruda
Cervantes, en definitiva, hace
de la contradicción uno de los grandes temas de su novela: si la invectiva contra
los libros de caballerías suena como una incitación al desengaño, en el Quijote
encontramos también la exaltación de la ilusión que, a través de la pasión por
los ideales, alcanza a dar sentido a la vida. (…). Lo inútil y gratuito de las
aventuras del Caballero de la
Triste Figura puede en todo caso dejar una impronta: revela
la necesidad de afrontar con valentía también las empresas destinadas al
fracaso. Existen derrotas gloriosas de las que, con el tiempo, pueden surgir
grandes cosas («La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la
mentira, como el aceite sobre el agua»)
“El hombre moderno, universal,
es el hombre apurado, no tiene tiempo, es prisionero de la necesidad, no
comprende que algo pueda no ser útil; no comprende tampoco que, en el fondo, lo
útil puede ser un peso inútil, agobiante. Si no se comprende la utilidad de lo
inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte. Y un país en donde
no se comprende el arte es un país de esclavos o de robots, un país de gente
desdichada, de gente que no ríe ni sonríe, un país sin espíritu; donde no hay
humorismo, donde no hay risa, hay cólera y odio.” Eugène Ionesco
En una sociedad utilitarista,
los hombres acaban amando las «bellezas fáciles» («beautés fáciles») que no
requieren esfuerzos, ni excesivas pérdidas de tiempo («Les gustan los libros
que se consiguen con facilidad, que se leen deprisa, que no exigen un detenido
estudio para ser comprendidos» Tocqueville
Pensemos, por ejemplo, en lo
que Estobeo nos cuenta sobre Euclides: para responder al interrogante de un
alumno suyo —que, apenas hubo aprendido un primer teorema, le preguntó: «Pero
¿qué ganancia obtendré con esto?»— el famoso matemático hizo venir a un esclavo
y le ordenó dar una moneda al estudiante «ya que [este] necesita sacar algún
beneficio de lo que aprende».
Hace algún tiempo tuve ocasión
de leer una frase simple, pero muy significativa, inscrita en el tablón de
anuncios de una biblioteca de manuscritos en un perdido oasis del Sahara: «El
conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse».
Es el
gozar, no el poseer,
lo que
nos hace felices.
MONTAIGNE,
“Pero
yo sólo me río del hombre, lleno de estupidez, desprovisto de acciones rectas,
[…] que con ansias desmesuradas recorre la tierra hasta sus confines y penetra
en sus inmensas cavidades, funde el oro y la plata, los acumula sin descanso y
se esfuerza por poseer cada vez más para ser cada vez menos”. Colección de
cartas atribuida a Hipócrates
“Pues bien, cuando quieras
calcular el auténtico valor de un hombre y conocer sus cualidades, examínalo
desnudo: que se despoje de su patrimonio, que se despoje de sus cargos y demás
dones engañosos de la fortuna, que desnude su propio cuerpo. Contempla su alma,
la calidad y nobleza de ésta, si es ella grande por lo ajeno, o por lo suyo
propio”. Séneca
Porque el amor implica despojarse
de toda pretensión de poseer certezas. Sólo el creer ayuda a vivir una relación
fundada en el respeto y la tolerancia
El dogmatismo produce
intolerancia en cualquier campo del saber: en el dominio de la ética, de la
religión, de la política, de la filosofía y de la ciencia, considerar la propia
verdad como la única posible significa negar toda búsqueda de la verdad. En
efecto, quien está seguro de poseer la verdad no necesita ya buscarla, no
siente ya la necesidad de dialogar, de escuchar al otro, de confrontarse de
manera auténtica con la variedad de lo múltiple. Sólo quien ama la verdad puede
buscarla de continuo. Esta es la razón por la cual la duda no es enemiga de la
verdad, sino un estímulo constante para buscarla. Sólo cuando se cree
verdaderamente en la verdad, se sabe que el único modo de mantenerla siempre
viva es ponerla continuamente en duda. Y sin la negación de la verdad absoluta
no puede haber espacio para la tolerancia.
“He hablado de ciencia
experimental; he hablado de matemáticas; pero lo que afirmo es igualmente
cierto con respecto a la música, el arte y cualquier otra expresión del
ilimitado espíritu humano. Ninguna de estas actividades necesita otra
justificación que el simple hecho de que sean satisfactorias para el alma
individual que persigue una vida más pura y elevada. Y al justificarlas sin
referencia alguna, implícita o explícita, a la utilidad justificamos las
escuelas, las universidades y los institutos de investigación.” ABRAHAM FLEXNER
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