domingo, 8 de noviembre de 2015

La suma de los ceros - Eduardo Rabasa

Yo solo quería ser otro de los cobardes invisibles

Los cimientos de Villa Miserias se amoldaban a la doctrina básica: el quietismo en movimiento. (…) una de sus claves consistía en que hubiera un movimiento acotado.

Los trapos sucios ajenos escondían los propios hasta crear un amasijo de jergas pestilentes, exclamando juntas en un grito ahogado: “Muy en el fondo todos somos un asco, así que no hay nada de qué preocuparse”.

La medida de todo hombre consiste en la dosis de verdad que pueda soportar

Fuera de vagas nociones morales y fábulas maniqueas, en los hechos la verdad no servía para nada. Se sostenía como ideal común solo porque se aceptaba tácitamente su ilimitada transgresión. Sin la mentira nos encajaríamos las púas todo el tiempo: la convivencia sería inviable, en especial con uno mismo. Registró con cuidad un ejercicio y se dio cuenta de que no mentía menos de cincuenta veces por día: el estado de ánimo, la apariencia de alguien, la simpatía hacia los familiares de un ser querido, las opiniones sociales. Las consecuencias de decir siempre la verdad serían por demás desagradables. Concluyó además que sin el autoengaño no nos levantaríamos de la cama. La capacidad de trabajar en una actividad mecánica sin otro sentido que recibir un pago insuficiente para educar a los hijos para que trabajen en una actividad mecánica sin otro sentido que recibir un pago insuficiente, acompañados por una pareja absorta en su propia repetición, cada vez más distanciados por las capas de rutina y resentimiento esperando para hacer erupción, con escasos paliativos como vacaciones que solo arrojan más luz sobre lo inútil cotidiano o descargas alcoholizadas con los amigos que desembocan en balbuceos de teorías tan estúpidas que producen vergüenza al recordarlas, alentados por la posibilidad de experimentar el placer de la culpa producida por acostarse con la mujer de alguno de los, escapando del aplastante horizonte personal con las cumbres representadas por el primer diente del hijo, por verlo competir en algún deporte con otros niños de su edad para ver quién es más amado por sus padres, o bien por el reconocimiento profesional de un jefe de dientes podridos, complacido por el incremento dela eficiencia del engranaje que uno aceita, así como con los hundimientos representados por la muerte de alguien cercano, o la descarga de frustración sobre alguna figura pública lo suficientemente estúpida como para transgredir los laxos códigos de corrupción y tolerancia a sus excesos que la sociedad está dispuesta a admitir. Si no encontramos cada día cientos de mentiras para callar a los muchos que nos habitan, si no nos desquitáramos con el cuerpo inyectándole espesura en las arterias, si no endilgáramos nuestra envidia a los otros por envidiar al de más allá, si no nos engañáramos pensando que lo peor ha pasado ya, no podríamos representar la comedia cotidiana.

Dos posibilidades de cambio de estatus: por ascenso propio o despeñamiento ajeno.

La importancia psicológica del voto. Lo crucial es que cada cual sienta que decidió. O que perdió porque los necios no le hicieron caso. (…) la ilusión de incidir es capital. (…) Cada individuo debe ser libre para triunfar o fracasar según sus aptitudes. Es hasta inmoral ayudar a quienes no lo merecen. Un desperdicio. Desde el punto de vista de la especie se trata de maximizar el placer. Importa el valor absoluto, no como está distribuido. (…) los más jodidos sufren porque no han aprendido a aceptarse. Porque siguen engañados por promesas absurdas de un mundo mejor para todos. Si entendieran que cada uno tiene lo que se merece, oportunidades o no, vivirían tranquilos con la paz que da la resignación. Los feos entienden sus limitaciones. Por eso se aparean entre sí, a menos que en cambio sean ricos o famosos, en general renuncian a rozarse con los guapos. Es igual con los jodidos.  

Desde que la política dizque ya no es religiosa, la contienda se ha dividido en dos grandes bandos. En distintas partes tienen nombres que cambian, pero aquí los vamos a llamar soñadores vs. Malvados (...). Unos se atragantan de carne y buen vino pensando cómo hacerle para que nadie estuviera excluido de la mesa, pero en el fondo ya saben que no alcanzan los recursos para que todos vivan como ellos. Los otros se atragantan de carne y buen vino convencidos de que si los flojos lo quisieran podrían tener lo mismo que ellos.


No tengo nada que perdonarte. Un efecto secundario de nuestros tiempos es que la imagen de uno es demasiado frágil. Nos idolatramos a través de la aprobación de los otros. Soy más consciente que nadie de mis bajezas. No puedo eliminar mis impulsos miserables. Lo que único que me queda es esforzarme por mantenerlos a raya. No existe amor más egoísta que el que exige a cambio la perfección ajena.

La filosofía del vino - Béla Hamvas

Los ateos son nuestros pobres de espíritu, los hijos de nuestra época más necesitados de ayuda. Son pobres de espíritu, con la diferencia de que albergan escasas esperanzas de acceder al reino de los cielos. Muchos se enfadaron con ellos y lucharon contra ellos en el pasado. Considero completamente reprobable ese método. ¿Combatir? ¿Un hombre sano peleando con ciegos y cojos? Puesto que son inválidos, conviene acercarse a ellos con buena voluntad. Conviene no convencerlos por la fuerza; ni siquiera han de darse cuenta de lo que les ocurre. Hay que tratarlos como a niños retrasados en su evolución e incluso de pocas luces, si bien ellos aprecian mucho su inteligencia y creen que el ateísmo es un saber perfecto. ¿Por qué se los combatió en el pasado? A mi juicio, en primer lugar porque el ateísmo, como pobreza de entendimiento y como humor híbrido que es, fracasaría en toda regla si no compensara esas deficiencias por otro lado. ¿Y en qué consiste la compensación? En la actividad frenética. Por eso, el ateísmo conduce necesariamente a la violencia y, puesto que desemboca en ella, los ateos necesitan conquistar el poder universal. En efecto, lo han conseguido. Y quienes luchaban contra ellos en el fondo los envidiaban, lo cual es un error en mi opinión. Cuando los ateos vieron que eran envidiados se tornaron arrogantes.

(…) a los ateos los atenaza un miedo terrible a Dios. Como dice Böhme, viven en la ira de Dios. No conocen más que al Dios colérico: por eso se esconden y mienten. Creen que afirmando la inexistencia de Dios dejarán de pasar miedo, pero naturalmente lo que ocurre es que entonces le temen todavía más.

Cuando pongo orden en las cosas, cuando cada una está en su sitio, restituyo el sentido del mundo. Toda filosofía es algo así como un intento de restituir el sentido. Y al hacerlo ocurre algo muy curioso. Sí, muy curioso, porque descubrimos que la gran variedad de cosas que parecen diferentes, es en el fondo, apariencia. Todo es uno.

Toda persona sabe de forma innata que su vida solamente tiene sentido si la sacrifica.

El hombre sólo es capaz de soportar el puente que une el primer día y el último en un estado de trance. Y ese estado de trance es el vino.

Si una mujer acudiera a mí y me preguntara qué debe hacer para ser bella, le respondería: sal a que te dé el sol, querida. Sólo es bello quien toma el sol. Mira las partes de tu cuerpo que siempre llevas cubiertas: parecen ciegas.  (…) Para ser bella anda diez minutos desnuda todos los días preferentemente ante el espejo de la mirada de un hombre. Descubrirás entonces que no es posible vivir en la oscuridad.


La última lección de la anatomía de la ebriedad es la siguiente: la ebriedad es un estado infinitamente superior al de la razón cotidiana y es el comienzo del auténtico despertar. El inicio de todo aquello que es bello, grande, serio, placentero y puro en la vida. Es la sobriedad superior. El entusiasmo como decían los antiguos, del que proceden el arte, la música, el amor y el verdadero pensamiento. Y del que procede la verdadera religión. La buena religión es la religión de la ebriedad; la mala la religión racional cotidiana, es decir, el ateísmo. Al alcance de nuestra mano se encuentra la llave de la vita illuminativa o mejor dicho, en nuestros toneles y botellas. El vino nos enseña que la ebriedad no es otra cosa que la forma superior de la sobriedad, la vida iluminada.

Saltaré sobre el fuego - Wislawa Szymborska

“empujas el horizonte ante mí” Artur Grabowski

Nada dos veces
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer, mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban,
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

Encuentro inesperado
Somos muy amables el uno con el otro,
decimos que es bonito encontrarse después de tantos años.

Nuestros tigres beben leche.
Nuestros azores van a pie.
Nuestros tiburones se ahogan en el agua.
Nuestros lobos bostezan ante una jaula vacía.

Nuestras víboras se han sacudido los relámpagos,
los monos la inspiración, los pavos reales las plumas.
¡Cuánto hace que dejaron nuestro pelo los murciélagos!

Callamos sin terminar la frase,
sonriendo sin remedio.
Nuestras personas
no saben cómo hablarse.

En el paraíso perdido de la probabilidad. En otra parte. En otra parte. Igual que suenan estas palabras

Nacido
Así que esta es su madre,
esta pequeña mujer
causante de ojos grises.
Barca en la que años atrás
Llegó a la orilla
De ella se extrajo
Al mundo,
A la no-eternidad
Procreadora del hombre
con quien saltaré sobre el fuego.

Prospecto
Soy un tranquilizante.
Funciono en casa,
Soy eficaz en la oficina,
me siento en los exámenes,
Comparezco ante los tribunales,
pego cuidadosamente las tazas rotas:
sólo tienes que tomarme,
¡ disolverme bajo la lengua,
tragarme,
sólo tienes que beber un poco de agua.

Sé qué hacer con la desgracia,
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.
A qué esperas,
confía en la piedad química.

Eres todavía un hombre (una mujer) joven,
deberías sentar la cabeza de algún modo.
¿Quién ha dicho
que la vida hay que vivirla arriesgadamente?

Entrégame tu abismo,
lo cubriré de sueño,
me estarás agradecido (agradecida)
por haber caído de pies.

Véndeme tu alma.
No habrá más comprador.

Ya no hay otro demonio.

Amor feliz
Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?
Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.
Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!
Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.
Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.
Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.
Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

El gran número
Cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra,
y mi imaginación es la que era.
No se le dan bien los grandes números.
Sigue conmoviéndola lo particular.
Vuela en la penumbra cual luz de linterna,
revela sólo los primeros rostros de la fila,
mientras el resto se pierde en el abismo ciego,
en el no pensamiento, en el no olvido.

Elogio de la mala conciencia de uno mismo
El ratonero no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.
El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo.

No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.

Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero en otro sentido es ligero.

No hay nada más bestial
que una conciencia limpia
en el tercer planeta del sol.

Puede ser sin título
(…) No sólo a las conjuras acompaña el silencio.
Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.
Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
sino también las piedras solemnes de la orilla.
     
Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.

Despedida de un paisaje
(…) Te he sobrevivido lo suficiente
Y solo lo suficiente

Como para recordar desde lejos.

Oso - Marian Engel

¿?

La fiesta de la insignificancia – Milan Kundera

Alain medita sobre el ombligo
Era el mes de junio, el sol asomaba entre las nubes y Alain pasaba lentamente por una calle de París. Observaba a las jovencitas que, todas ellas, enseñaban el ombligo entre el borde del pantalón de cintura baja y la camiseta muy corta. Estaba arrobado; arrobado e incluso trastornado: como si el poder de seducción de las jovencitas ya no se concentrara en sus muslos, ni en sus nalgas, ni en sus pechos, sino en ese hoyito redondo situado en mitad de su cuerpo.
Eso le incitó a reflexionar: si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los muslos, ¿cómo describir y definir la particularidad de semejante orientación erótica? Improvisó una respuesta: la longitud de los muslos es la imagen metafórica del camino, largo y fascinante (por eso los muslos deben ser largos), que conduce hacia la consumación erótica; en efecto, se dijo Alain, incluso en pleno coito, la longitud de los muslos brinda a la mujer la magia romántica de lo inaccesible.
Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en las nalgas, ¿cómo describir y definir la particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta: brutalidad; gozo; el camino más corto hacia la meta; meta tanto más excitante por ser doble.
Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los pechos, ¿cómo describir y definir la particularidad de esa orientación erótica? Improvisó una respuesta: santificación de la mujer; la Virgen María amamantando a Jesús; el sexo masculino arrodillado ante la noble misión del sexo femenino.
Pero ¿cómo definir el erotismo de un hombre (o de una época) que ve la seducción femenina concentrada en mitad del cuerpo, en el ombligo?

-No ha entendido nada, y aún hoy no entiende nada acerca del valor de la insignificancia. (…)
-La inutilidad de ser brillante. (…)
-Es algo más que inutilidad. La nocividad. Cuando un tipo brillante intenta seducir a una mujer, ésta tiene la impresión de entrar en una competición. Ella también se siente obligada a deslumbrar. A no entregarse sin resistencia. Mientras que la insignificancia la libera. La descarga de precauciones. No exige ninguna agudeza. La despreocupa y, por tanto, la hace más fácilmente accesible.

“Sentirse o no sentirse culpable. Creo que todo radica en eso. La vida es una lucha de todos contra todos. Es sabido. Pero, ¿cómo puede darse esa lucha en una sociedad más o menos civilizada? No deberíamos tirarnos unos contra otros a primera vista. En cambio, intentamos proyectar en los demás el oprobio de la culpabilidad. Vencerá el que consiga hacer que el otro se sienta culpable. Perderá el que confiese su culpa. Vas por la calle inmerso en tus pensamientos. Caminando hacia ti, viene una chica que, como si estuviera sola en el mundo, sin mirar a los lados, camina recto hacia adelante. Chocáis. Éste es el momento de la verdad. ¿Quién insultará al otro, y quién pedirá perdón? esa situación me sirve de ejemplo: en realidad los dos son a la vez el embestido y el que embiste. No obstante, los hay que, inmediata y espontáneamente, se consideran los causantes del choque y, por tanto, culpables. Y los hay también que siempre se consideran, inmediata y espontáneamente, las víctimas del choque y, por tanto, en su derecho de acusar en el acto al otro y de hacer que lo castiguen. Tú, en esa situación, ¿pedirías perdón o acusarías?
– Sin duda alguna, yo pediría perdón.
– ¡Ay, pobre de modo que tú también perteneces a la legión de los perdonazos! Crees que podrás ablandar al otro con tus disculpas.
– Claro que sí.
– Pues te equivocas. El que pide perdón se declara culpable. Y si te declaras culpable, animas al otro a seguir insultándote y a denunciarte públicamente hasta la muerte. Éstas son las consecuencias fatales del que pide perdón primero.
– Es cierto. No hay que pedir perdón. Sin embargo, yo preferiría un mundo en el que todos, sin excepción, pidiéramos perdón y, por las buenas, inútil y exageradamente, todos cargáramos con las disculpas…”

El placer de la mistificación debía protegeros. Ésa fue de hecho nuestra estrategia, la de todos nosotros. Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia delante. Sólo había una resistencia posible: no tomarlo en serio. Pero me doy cuenta de que nuestras gracias ya perdieron todo su poder. 

En su reflexión sobre lo cómico, Hegel dice que el verdadero humor es impensable sin el infinito buen humor, escúchalo bien, eso es lo que dice literalmente: “infinito buen humor”; “unendliche Wohlemutheit!”. No la burla, no la sátira, no el sarcasmo. Solo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres, y reírte de ella.

-La idea más importante de Kant, camaradas, es la "cosa en si", que en alemán es: "Ding an sich". Kant pensaba que, detrás de nuestras representaciones, hay una cosa objetiva, una "Ding", que no podemos conocer, pero que no obstante es real. Pero esta idea es falsa. No hay nada real detrás de nuestras representaciones, ninguna "cosa en sí misma", ninguna "Ding an sich".
Todos escuchan desconcertados y Stalin prosigue:
-Schopenhauer estuvo más cerca de la verdad. ¿Cuál fue, camaradas, la gran idea de Schopenhauer?
Todos evitan la mirada burlona del examinador, que según su célebre costumbre, termina por contestarse a sí mismo:
-La gran idea de Schopenhauer, camaradas, es la de que el mundo no es más que representación y voluntad. Eso significa, que tras el mundo tal como lo vemos, no hay nada objetivo, ninguna "Ding an sich" y que, para hacer que exista esa representación, para hacerla real, debe haber una voluntad; una enorme voluntad que la impondrá.

Te seré sincera. Desde siempre me ha horrorizado la idea de arrojar al mundo a alguien que no lo ha pedido.

Ya sé que la uniformidad está en todas partes. Pero en este parque dispone al menos de una gran variedad de uniformes. Así puedes conservar aún la ilusión de tu individualidad. (…) Antaño, el amor era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único, de lo que no admite repetición. Pero el ombligo no solo no se rebela contra la repetición, ¡es una llamada a las repeticiones! De modo que en nuestro milenio viviremos bajo el signo del ombligo. Bajo ese signo seremos todos soldados del sexo…

La insignificancia, mi amigo, es la esencia de la existencia. Ella está con nosotros en todas partes y siempre. Está presente ahí donde nadie quiere verla: en los horrores, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Esto exige a menudo mucho coraje para reconocerla en condiciones también dramáticas y por llamarla por su nombre. Incluso aun cuando se trate sólo de reconocerla, hay que amarla a la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí, en este parque, delante de nosotros, mire amigo mío, ella está presente en toda su evidencia, con toda su inocencia, con toda su belleza. Sí, su belleza. Como usted mismo ha dicho: la animación perfecta…y completamente inútil, los niños que ríen…sin saber por qué, acaso no es bello? Respire D’Ardelo, mi amigo, respire esta insignificancia que nos rodea, ella es la clave de la sabiduría, ella es la clave del buen humor.

El silencio llama la atención. Puede impresionar. Darte un aire enigmático. O sospechoso


Tampoco has elegido tu sexo. Ni el color de tus ojos. Ni tu siglo. Ni tu país. Ni tu madre. Nada de lo que realmente cuenta. Los derechos de los que puede disponer el ser humano sólo se refieren a nimiedades por las que carece de sentido luchar unos contra otros o escribir solemnes declaraciones

Indignación - Philip Roth

Era el más alto de los dos; medía varios centímetros más que yo y tenía ese aire suave, confiado y plácido que me recordaba a aquellos muchachos de amabilidad y simpatía casi mágicas que ejercían de presidentes del consejo estudiantil en el instituto y a los que adoraban sus novias, reinas de las animadoras de las majorettes. La humillación jamás afectaba a aquellos jóvenes, mientras que para el resto de nosotros siempre revoloteaba por encima como la mosca o el mosquito que no te deja en paz. ¿En qué pensaba la evolución al hacer que uno entre un millón fuese como el muchacho que se hallaba ante mí? ¿Cuál era la función de semejante apostura salvo llamar la atención hacia las imperfecciones de todos los demás? Yo no había sido completamente desdeñado por el dios del aspecto físico, y sin embargo el brutal nivel establecido por aquel ejemplar me convertía, por comparación, en una monstruosidad de lo ordinario. Mientras hablaba con él me veía forzado a desviar la vista, tan perfectas eran sus facciones, tan humillantes, tan vergonzantes… tan significativas.

Mi estatura me venía de mi madre. Era una mujer robusta que medía metro ochenta y se alzaba no solo por encima de mi padre, sino por encima de todas las madres del barrio. Con las cejas pobladas y oscuras y el áspero cabello gris (y, en la tienda, con sus ásperas ropas grises debajo de un delantal blanco ensangrentado), encarnaba el papel de la trabajadora de un modo tan convincente como cualquier mujer soviética en los carteles de propaganda sobre los aliados de ultramar de Estados Unidos que estaban fijados a las paredes de nuestra escuela de primaria durante la segunda guerra mundial. Olivia era esbelta y de cabello claro, e incluso con una estatura de algo más de metro setenta parecía bajita al lado de mi madre, de modo que cuando la mujer que trabajaba con un ensangrentado delantal blanco blandiendo largos cuchillos afilados como espadas, y abriendo y cerrando la puerta de la cámara frigorífica tendió la mano a Olivia para estrechar la suya, vio no solo el aspecto que Olivia debió de tener en su infancia, sino también lo poco protegida que estaba contra la confusión cuando la asaltaba con toda su fuerza. No solo su delicada mano parecía una chuleta de cordero lechal en la manaza, como una garra de osa, de mi madre, sino que se veía todavía atenazada por lo que fuese que, solo pocos años después de dejar atrás la infancia, la había impulsado primero a beber y luego la había llevado al borde de la destrucción. Era blanda y frágil hasta la médula de los huesos, una chiquilla realmente herida, y por fin lo comprendí solo porque mi madre, incluso bajo los ataques de mi padre y dispuesta a hacer algo tan extremo como divorciarse, lo cual equivaldría a matarlo (sí, ahora también lo veía a él muerto), era cualquier cosa menos blanda y frágil. Que mi padre pudiera haberle hecho tomar la iniciativa de ir a un abogado para pedir el divorcio no era una medida de la debilidad de ella, sino del aplastante poder de la inexplicable transformación que él había sufrido, de los implacables indicios de catástrofe que le habían hecho cambiar por completo.

-Puedes llorar Markie. Te he visto llorar antes. –Sé que me has visto. Sé que puedo, pero no quiero. Es que me siento tan feliz…-Tuve que parar un momento, para recobrar la voz y recuperarme tras haber sido reducido por sus palabras a la diminuta criterio que no es más que su necesidad de atención y cuidado perpetuos.

Una conciencia que me enorgullece que tengas, pero que puede ser tu enemiga. Tienes conciencia y eres compasivo, y también dulce…así que dime, ¿sabes cómo hacer con esa chica lo que tal vez debas hacer? Porque la debilidad del prójimo puede destruirte tanto como su fuerza. Los débiles no son inofensivos. Su debilidad puede ser su fuerza. Una persona tan inestable es una amenaza para ti, y una trampa.


…el aprendizaje de lo que su padre sin estudios se había empeñado tanto en enseñarle: la terrible, la incomprensible manera en que las elecciones más triviales, fortuitas e incluso cómicas obtienen el resultado más desproporcionado.

Au revoir là-haut – Pierre Lemaitre

  • Même les grandes joies vous laissent un peu de regret, il y a un fond de manque dans tout ce qu’on vit.
  • “Expliquez-moi ça”, lui disait-il parfois avec cette patience qu’on ne prodigue qu’aux vaches et aux imbéciles.
  • On ne peut pas gagner contre quelque chose qu'on ne comprend pas.
  • D'ailleurs, il n'avait pas la fibre politique. Pour cela, il faut avant tout de l'ego non, son truc, à lui, c'était l'argent. Et l'argent aime l'ombre.
  • D'ailleurs, il n'avait pas la fibre politique. Pour cela, il faut avant tout de l'ego non, son truc, à lui, c'était l'argent. Et l'argent aime l'ombre.
  • Toute histoire doit trouver sa fin, c'est dans l'ordre de la vie. Même tragique, même insupportable, même dérisoire, il faut une fin à tout.
  • Mourir le dernier, c'est comme mourir le premier, rien de plus con.