miércoles, 17 de septiembre de 2014

Canadá - Richard Ford

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. 
Recuerdo que hacia esa época me leyó un poema del gran poeta irlandés Yeats, en el que había un verso que decía: "Nada puede ser solo o entero que no haya sido desgarrado". He enseñado este poema muchas veces en toda una vida de enseñanza, y creo que era eso lo que ella pensaba de las cosas: que eran imperfectas, y a pesar de todo aceptables.
Y mi papel no era otro que el de encontrar una forma de ser normal. Los niños conocen lo normal mejor que nadie.
La mayoría de los perdedores son gente que se ha hecho a sí misma.
"Nuestras experiencias más profundas son acontecimientos físicos", solía decir mi padre cuando mi madre o a mí, nos preocupaba algo hasta el punto de sentirnos atormentados.
(...) no hay que buscar con demasiado denuedo sentidos opuestos u ocultos, sino mirar todo lo de frente que puedan a las cosas que pueden ver a la luz del día.
Mi mujer es una contable diplomada y tiende a ver el mundo de más allá de su pequeño círculo de íntimos y de su familia cercana como una voluntariosa negociación, pros frente a contras, ganancia frente a pérdida, dar frente a recibir; aunque no mal frente a bien. Tal concepción del mundo no ha hecho que se vuelva cínica, aunque sí escéptica. De corazón, es generosa.
¿Le estaba ofreciendo mi ser real, mi más genuino ser? ¿Era verdad lo que le había dicho sobre mi vida? No quería engañarla. Era todo lo que tenía para darle, y siempre había sido una preocupación mía, dado mi pasado, y dado que soy profesor y siempre tengo que estar actuando pero tratando de no hacerlo. La cosa nunca está clara, puesto que todos somos varios entre los que elegir.

Creo en que lo que uno ve es más o menos lo que hay, como les he enseñado a mis alumnos, y que la vida se nos entrega vacía. Así si bien la importancia pesa mucho, es lo máximo que hace. El sentido oculto casi no existe. Mi madre me dijo que tendría miles de mañanas para despertar y pensar en todo esto cuando ya no hubiera nadie para decirme cómo sentirme. He tenido ya varias miles. Lo que sé es que tendrás una oportunidad mejor en la vida -de sobrevivirla- si toleras bien la pérdida; si te las arreglas para no ser un cínico en todo aquello que ella implica; si te supeditas, como sugirió Ruskin, al mantenimiento de las proporciones, a enlazar las cosas desiguales en un todo capaz de preservar lo bueno, aun cuando haya que admitir que lo bueno no es a menudo fácil de encontrar. Lo intentamos, como mi hermana dijo. Lo intentamos. Todos nosotros. Lo intentamos.

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