domingo, 26 de junio de 2016

La música de los números primos – Marcus du Sautoy

Para anunciar el nuevo siglo Hilbert proponía como reto a sus oyentes una lista de 23 problemas que, según él, trazarían el camino de los exploradores matemáticos del siglo XX. (…) De todos los retos que Hilbert había propuesto, el octavo ocupaba un lugar especial en su corazón. Existe un mito germánico sobre Federico Barbarroja, un emperador muy querido por los alemanes. Tras su muerte, acaecida durante la tercera cruzada, se difundió la leyenda de que en realidad Federico continuaba con vida, que yacía dormido en una cueva del monte Kyffhäuser y que despertaría cuando Alemania lo necesitara. Se dice que alguien preguntó a Hilbert: “Si usted como Barbarroja, despertara dentro de 500 años, ¿qué sería lo primero que haría?”. “Preguntaría si alguien ha demostrado la hipótesis de Riemann” respondió.

Los números primos son los auténticos átomos de la aritmética. (…) su importancia descansa en el hecho de que tienen la capacidad de construir todos los demás números.

Como afirmó el matemático de Cambridge G.H.Hardy en su famoso libro Apología de un matemático “317 es un número primo no porque nosotros pensemos que lo es o porque nuestra mente esté conformada de un modo o de otro, sino porque es así, porque la realidad matemática está hecha así”. Es probable que algunos filósofos estén en desacuerdo con esta visión platónica del mundo –la convicción de qu ese trata de una realidad absoluta más allá de la existencia humana- pero en mi opinión, es precisamente eso lo que los hace filósofos y no matemáticos.  (…) En “Materia de reflexión” hay un diálogo fascinante entre Alain Connes el matemático y el neurobiólogo Changeux. En el libro se palpa la tensión  con Connes sosteniendo la existencia matemática fuera de la mente humana (…) “existe, con independencia de la mente humana una realidad matemática es pura e inmutable, es el único lenguaje universal” .

La hipótesis de Riemann es la longitud de la matemática. Su solución abre la perspectiva de dibujar un mapa de las brumosas aguas del inmenso océano de los números primos. Representa apenas el comienzo de nuestra comprensión de los números de la naturaleza. Una vez que descubramos el secreto para orientarnos entre los números primos, quién sabe qué otras cosas podría haber allá afuera esperando a que las descubramos.

Cuando las cosas se vuelven demasiado complicadas, a veces tiene sentido parar y preguntarse: ¿he planteado la pregunta correcta? ENRICO BOMBIERI «Prime Territory», en The Sciences

La búsqueda de los modelos:
1, 3, 6, 10, 15, …
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, …
1, 2, 3, 5, 7, 11, 15, 22, 30,
La primera de las tres sucesiones anteriores está formada por los llamados números triangulares. El décimo número de la lista es el número de alubias necesarias para construir un triángulo de diez filas que comience con una fila de una única alubia y que termine con una fila de diez alubias. (…). La segunda de las sucesiones que hemos propuesto, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, …, es la de los llamados números de Fibonacci. Para construirla basta calcular cada número sumando los dos inmediatamente anteriores. Por ejemplo, 13 = 5 + 8. Leonardo Fibonacci, matemático pisano del siglo XIII, dio con ella al estudiar los hábitos reproductores de los conejos. (…)La fórmula para generar los números de Fibonacci se basa en un número especial llamado número de oro o proporción áurea, un número que empieza por 1,61803… Igual que π, la proporción áurea es un número cuya expresión decimal no tiene fin, no manifiesta ninguna regularidad y, sin embargo, encierra las que a lo largo de los siglos han sido consideradas como las proporciones perfectas. Si examinamos los lienzos que se exponen en el Louvre o en la Tate Gallery, descubriremos que con mucha frecuencia el artista ha elegido un rectángulo cuyos lados están en la proporción de 1 a 1,61803. Además, los experimentos revelan que entre la altura de una persona y la distancia que separa sus pies del ombligo se conserva esa misma proporción numérica. La aparición de la proporción áurea en la naturaleza tiene algo de misterioso. (…) ¿De cuántas maneras distintas se puede dividir cinco piedras en montones diferentes? El número de montones varía de un máximo de cinco montones compuestos por una única piedra a un único montón de cinco piedras, con un cierto número de posibilidades intermedias. Estas distintas posibilidades reciben el nombre de particiones del número 5. Como muestra el dibujo, hay siete posibles particiones de 5. Ésta es la tercera de las sucesiones numéricas que habíamos planteado. Son números que aparecen en el mundo físico casi con la misma frecuencia que los números de Fibonacci; por ejemplo, deducir la densidad de los niveles energéticos en determinados sistemas cuánticos simples se reduce a comprender el crecimiento del número de particiones.

Hay algo vagamente falaz en nuestro gambito de apertura: se supone que existen cosas que no queremos que existan y se termina por demostrar que no existen. Esta estrategia de pensar lo impensable se convirtió en un potente instrumento para la construcción de demostraciones por parte de los antiguos griegos. Está basada en un principio lógico: una afirmación debe ser cierta o falsa. Si partimos del supuesto de que la afirmación es falsa y terminamos en una contradicción, podemos deducir de ello que nuestro supuesto era erróneo y concluir que la afirmación tenía que ser cierta.

En realidad, Pitágoras había sido el primero en determinar el nexo fundamental que liga matemáticas y música. Había llenado de agua un recipiente y lo había percutido con un pequeño martillo para producir una nota. Al retirar la mitad del agua y percutir de nuevo el recipiente la nota había subido una octava. Cada vez que retiraba agua de manera que quedara un tercio, un cuarto, y así sucesivamente, las notas que se producían sonaban en su oído en armonía con la primera nota que había obtenido. Cualquier otra nota que se obtuviera retirando del recipiente una cantidad distinta de agua resultaba disonante con respecto a la nota original. Estas fracciones contenían una belleza que podía ser escuchada. La armonía que Pitágoras había descubierto en los números 1, 1/2, 1/3, 1/4, … lo indujo a creer que el universo entero estaba controlado por la música, y por esta razón acuñó la expresión «la música de las esferas».
Al percutir su recipiente, Pitágoras había desvelado la armonía musical que se ocultaba en una sucesión de fracciones. Mersenne y Euler, dos grandes expertos en números primos, habían creado la teoría de los armónicos. Pero ninguno de ellos sospechó siquiera que se pudieran dar relaciones directas entre la música y los números primos: la de los números primos era una melodía que para ser captada necesitaba oídos matemáticos del siglo XIX. El mundo imaginario de Riemann generó simples ondas que, juntas, pudieron reproducir las armonías sutiles de los números primos.
Euclides en Alejandría, Euler en San Petersburgo; el trío de Gotinga: — Gauss, Dirichlet, Riemann—: el problema de los números primos pasaba como un testigo de generación en generación.

A pesar de que Ramanujan no consiguió llevar a buen puerto la misma estratagema en el caso de los números primos, el trabajo que realizó junto con Hardy sobre la función de partición tuvo un impacto importante sobre la conjetura de Goldbach, uno de los grandes problemas irresueltos de la teoría de los números primos. El trabajo de Hardy y Littlewood sobre la función de partición inauguró una técnica que hoy se llama método del círculo de Hardy-Littlewood. (…) Aun no pudiendo probar que todo número par puede expresarse como suma de dos números primos, en 1923 Hardy y Littlewood consiguieron demostrar algo que para los matemáticos era casi igual de importante: que todos los números impares mayores que un número dado (un número enorme) podían escribirse como suma de tres números primos. Pero hacía falta imponer una condición para que su demostración fuera válida: que fuera cierta la hipótesis de Riemann.

Como demostró el caso de Ramanujan, quizás el conocimiento y las expectativas pueden llegar a frenar los progresos: los académicos que se han formado en las sedes tradicionales de la cultura no necesariamente están en la mejor posición para escapar de los esquemas. (…)Las ideas que Ramanujan dejó tras de sí estaban destinadas a alimentar el trabajo de generaciones enteras de matemáticos, y continúan haciéndolo. De hecho, podría afirmarse que sólo en los últimos decenios se ha empezado a apreciar completamente el valor real de las ideas de Ramanujan.

Sobre la chimenea de la sala de profesores del Fine Hall están escritas algunas palabras que a Einstein le gustaba repetir: «Raffiniert ist der Herr Gott, aber boshaft ist Er nicht» [Dios es sutil, pero no es malicioso]. En cambio, los matemáticos eran bastante más escépticos sobre la veracidad de tal afirmación: como Hardy había explicado a Ramanujan, hay «una diabólica malignidad inherente a los números primos».

El nombre de Alan Turing estará asociado siempre a la decodificación de Enigma, el código secreto que usaban los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero los estudios de Hilbert sobre las geometrías no euclidianas habían planteado una cuestión preocupante: ¿estamos seguros de no poder demostrar jamás que un enunciado es a la vez cierto y falso? (…) Para su tesis doctoral, Gödel había dirigido su espíritu inquiridor a la cuestión de Hilbert que se hallaba en el corazón de la actividad matemática: demostró que los matemáticos nunca podrían demostrar que poseían los fundamentos seguros que Hilbert ansiaba.
La toma de conciencia de Gödel recuerda la descripción del universo que da una señora anciana y menuda con la que se abre el libro de Stephen Hawking Breve historia del tiempo. Al terminar una conferencia de divulgación sobre astronomía, una anciana se levanta y, dirigiéndose al orador, declara: «Todo lo que nos ha contado son tonterías. En realidad, el mundo es un disco plano que se apoya sobre la espalda de una inmensa tortuga». La respuesta de la señora a la pregunta del conferenciante sobre cuál sería entonces el apoyo de la tortuga habría provocado una sonrisa en el rostro de Gödel: «Usted es muy inteligente, jovencito, verdaderamente muy inteligente. ¡Pero es evidente que cada tortuga se apoya sobre otra tortuga!». Gödel había proporcionado a las matemáticas una demostración de que el universo matemático se apoya en una torre de tortugas: se puede conseguir una teoría libre de contradicciones pero no se puede demostrar que en el interior de dicha teoría no hay contradicciones.
Todo lo que podemos hacer es demostrar la consistencia interior de otro sistema cuya consistencia, sin embargo, no podemos demostrar. Había una cierta ironía en todo esto: las matemáticas podía ser utilizada para demostrar las limitaciones de las propias demostraciones. El matemático francés André Weil sintetizó la situación que se producía después de Gödel con una frase memorable: «Dios existe porque las matemáticas son consistentes, y el demonio existe porque no podemos demostrar que lo es».

Tenemos que procurar no enfatizar demasiado el significado de los resultados de Gödel: no se trataba de las honras fúnebres de las matemáticas. Gödel no había cuestionado la verdad de lo que ya había sido demostrado; lo que su teorema demostraba era la realidad matemática no se reducía a la deducción de teoremas a partir de axiomas: las matemáticas son algo más que una partida de ajedrez. Es necesario que a la obra incesante de construcción del edificio matemático se acompañe una continua evolución de los fundamentos sobre los que se basa el edificio. A diferencia de la naturaleza formal de las reglas para la construcción del edificio, la evolución de los fundamentos se tiene que basar en las intuiciones de los matemáticos sobre la elección de los axiomas que, en su opinión, puedan proporcionar una mejor descripción del mundo de las matemáticas. Muchos sintieron satisfacción al interpretar en el teorema de Gödel una confirmación de la superioridad de la mente sobre el espíritu mecanicista propiciado por la Revolución industrial.

El análisis extremadamente abstracto que Turing hizo del problema de la decidibilidad de Hilbert se convirtió, decenios más tarde, en la clave del descubrimiento fortuito de una ecuación que genera todos los números primos.

A finales de la Segunda Guerra Mundial el mayor número primo conocido tenía treinta y nueve cifras, y detentaba el récord desde su descubrimiento en el año 1876: hoy, el mayor número primo conocido tiene más de un millón de cifras: harían falta más páginas que las de este libro para imprimirlo, y varios meses para leerlo. Lo que nos ha permitido alcanzar estas alturas vertiginosas ha sido el ordenador; pero, en Bletchley Park, Turing estaba ya pensando en cómo utilizar su máquina para determinar números primos cada vez mayores.

Si el ordenador sobrepasa nuestra capacidad de cálculo, ¿no convierte a las matemáticas en superflua? Afortunadamente, no: lejos de anunciar el fin de las matemáticas, este hecho resalta la verdadera diferencia que se da entre el artista creativo que es el matemático y el ejecutor de tediosos cálculos que es el ordenador. No hay duda de que el ordenador es un aliado precioso de los matemáticos en la exploración de su mundo numérico y un experto sherpa en el ascenso al monte Riemann, pero también es cierto que no podrá tomar nunca el lugar de un matemático. (…)Cuando, por ejemplo, nos planteamos la búsqueda de grandes números primos con la ayuda de un ordenador, ¿obtenemos una mejor comprensión de su naturaleza?

Hardy siempre había estado muy orgulloso de la inutilidad total de las matemáticas, y de la teoría de los números en particular, en el mundo real: Las «verdaderas» matemáticas de los «verdaderos» matemáticos, las de Fermat, de Euler, de Gauss, de Abel y de Riemann, son casi totalmente «inútiles» (y esto vale tanto para las matemáticas «aplicadas» como para las matemáticas «puras»). No puede justificarse la vida de ningún matemático profesional verdadero sobre la base de la «utilidad» de su trabajo. Hardy no pudo equivocarse más: las matemáticas de Fermat, de Gauss y de Riemann estaban destinada a convertirse en un instrumento fundamental para el mundo del comercio. Por esta razón, en los años ochenta y noventa la AT&T reclutó un número de matemáticos aún mayor. Hoy, la seguridad de la aldea electrónica depende enteramente de nuestra comprensión de los números primos.

Hace más de dos mil años que los matemáticos griegos demostraron que todo número entero puede escribirse como producto de números primos; desde entonces, los matemáticos siguen sin encontrar un método rápido y eficiente para determinar los números primos con los que se construyen los demás números. (…)Actualmente, la factorización de los números —su descomposición en los números primos que los forman— ha dejado de ser un pasatiempo para tardes de domingo y se ha situado en el centro de las modernas técnicas de descifrado de códigos: los matemáticos han ideado una forma de ligar el difícil problema de la factorización con los códigos que protegen las finanzas de todo el mundo en Internet.

Pero nosotros, armados con nuestros ordenadores, ¿no podemos simplemente verificar un número primo tras otro hasta hallar uno que divida al número que pretendemos factorizar? El problema es que factorizar un número de más de cien cifras significa tener que verificar más números que la cantidad de partículas existentes en el universo observable. Con tal cantidad de números para verificar, Rivest, Shamir y Adleman se sintieron lo bastante confiados como para lanzar un desafío: factorizar un número de 129 cifras que ellos mismos habían construido multiplicando dos números primos. El número, junto con un mensaje cifrado, se publicó en el artículo de Martin Gardner en Scientific American que llevó el código al centro de la atención mundial.

En su país, Koblitz soporta mal el control sofocante de la Agencia para la Seguridad Nacional (NSA) sobre el área de las matemáticas que lo ocupa. Actualmente, antes de publicar cierto tipo de investigación en el campo de la teoría de los números, hace falta obtener la autorización de la NSA, aunque los textos vayan destinados a las más oscuras revistas. Gracias a las innovadoras ideas de Koblitz, las curvas elípticas se han colocado junto a los números primos en la «lista de las investigaciones sometidas a restricción» que las autoridades desean mantener bajo control.

El único viaje verdadero hacia el descubrimiento no consiste en la búsqueda de nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. MARCEL PROUST En busca del tiempo Perdido

Dyson explicó rápidamente a Montgomery que aquellas entidades matemáticas de nombre esotérico eran utilizadas por los físicos cuánticos para predecir los niveles energéticos en el núcleo de un átomo pesado cuando es bombardeado con neutrones de baja energía. (…) Montgomery no podía creerlo: las configuraciones que preveía en la distribución de los ceros eran idénticas a las que los físicos cuánticos estaban descubriendo en los niveles energéticos de los núcleos de átomos pesados. Se trataba de configuraciones tan características que el fuerte parecido no podía ser fruto de una coincidencia. Ahí estaba el mensaje que Montgomery estaba buscando: quizá las matemáticas que se esconden en los niveles cuánticos de energía en los núcleos de los átomos pesados son las mismas matemáticas que determinan las posiciones de los ceros de Riemann.

Hacia 1920 los físicos comprendieron que las matemáticas que describen las frecuencias del sonido emitido por un tambor podían usarse también para calcular los niveles energéticos de vibración de los electrones en un átomo. En este sentido, átomo y tambor son físicamente equivalentes: fuerzas presentes en el átomo controlan las vibraciones de las partículas subatómicas, de la misma manera que la tensión de la membrana de piel o la presión del aire gobiernan las vibraciones que terminan por formar el sonido del tambor.

Diaconis permanece fiel a sus raíces de ilusionista, y reconoce que ambas artes tienen mucho en común.

La teoría del caos, las matemáticas que se esconde tras estas imágenes, ayuda a comprender por qué, por muy simples que puedan ser las leyes de la naturaleza, la realidad aparece  infinitamente compleja. El término «caos» se utiliza cuando un sistema dinámico es muy sensible a las condiciones iniciales; cuando una mínima variación en el momento de iniciar un experimento produce una diferencia drástica en los resultados obtenidos, ésta es la inconfundible firma del caos.

El nuevo giro conseguido por Berry podría llevar a una unificación de tres grandes temas científicos: la física cuántica (la física de lo extremadamente pequeño), el caos (las matemáticas de la impredecibilidad) y los números primos (los átomos de la aritmética).

Las notables competencias lingüísticas de Weil contribuyeron a su gran habilidad para crear un nuevo lenguaje matemático que le permitió articular sutilezas conceptuales inexpresables de otra forma. Pero fue precisamente su obsesión por las lenguas y, en concreto, su amor por el Mahabbarata —un antiguo texto sánscrito—, lo que, a principios de 1940, condujo a prisión al eminente joven matemático.

El nuevo lenguaje matemático de Weil, la geometría algebraica, le había permitido articular sutilezas sobre la solución de ecuaciones que de otra forma hubieran sido imposibles. Pero si quedaba alguna esperanza de extender las ideas de Weil de manera que ayudaran a demostrar la hipótesis de Riemann, estaba claro que aquellas ideas se desarrollarían más allá de las bases que él había sentado desde su celda de Rouen. Sería otro matemático parisiense quien daría vida al esqueleto del nuevo lenguaje ideado por Weil. El gran artífice de esta empresa fue uno de los matemáticos más extraños y más revolucionarios del siglo XX: Alexandre Grothendieck.

Si la revolución geométrica de Riemann ofreció a Einstein el lenguaje necesario para describir la física de lo increíblemente grande, la geometría de Connes ofrece a los matemáticos la posibilidad de penetrar en la extraña geometría de lo increíblemente pequeño. Gracias a él, quizá podremos descifrar la estructura elemental del espacio.


Euclides demostró que los números primos siguen hasta el infinito; Gauss plateó la hipótesis de que siguen un orden aleatorio, como si hubieran sido elegidos lanzando una moneda; Riemann fue aspirado por un agujero que lo condujo a un espacio imaginario donde los números primos se convierten en música. En este espacio, cada punto a nivel del mar hace sonar una nota. Por tanto, se trataba de interpretar el mapa del tesoro de Riemann, y de descubrir la ubicación de cada punto a nivel del mar. Armado con una fórmula que mantuvo en secreto para el resto del mundo, Riemann descubrió que, aunque la disposición de los números primos pareciera caótica, los puntos de su mapa estaban ordenados perfectamente: en lugar de estar desparramados aquí y allá, estaban todos sobre una misma recta. No podía ver lo bastante lejos en aquel paisaje como para poder afirmar que este orden siempre sería respetado, así lo creía. Había nacido la hipótesis de Riemann.

sábado, 7 de mayo de 2016

Ahora es la noche – Carlos Alcorta

Caballos domésticos

Desciende lentamente, olisqueando
con el amoratado hocico duros tallos quebrados
por el granizo y el hielo de la noche,
hacia gargantas y llanuras fértiles
cuando despunta un sol primaveral,
bituminoso y aún con defectos,
sobre las fluorescentes cumbres trapeadas a intervalos.

Protegida del viento por un muro
de follaje, de bardas enrolladas al alambre de espino,
la manada parece ciega. El único
horizonte que sus ojos vislumbran
es un cielo interior, encapotado
y sucio que desoye a sus instintos.

No ansía mansedumbre
ni prisión el deseo.

Dentro de ti, ese mismo cielo gris
cobija grandes playas, lejanías
del alma que en la adversidad se crece.
A la intemperie, el corazón salvaje
se hace más fuerte, aunque desde el seno
materno se construyan los primeros
contornos de la identidad futura,
esa que se acomoda a la memoria
de la raza y te amansa con los otros.

Tener conciencia de las cosas te hace
sublevarte, cruzar la raya, amar
el riesgo, no asustarte de los lobos
y las aves rapaces. Eres un cimarrón,
trotas por las praderas libremente.

La vida no es un juego. Si alguien debe
pagar por sus errores, ha llegado el momento
de exigirlo. No temas al dolor,
la sangre se desliza por tu piel,
pero pronto la llaga se hace costra.
Un látigo o una valla no te sujetarán.
Relampaguean tus sentidos. Cambias
de escenario. Es ahora el horizonte
una incógnita por esclarecer,
la posibilidad de poner fin al miedo,
manumitido y dueño ya de tu propia historia.

Cama deshecha

(Adolf Menzel)

La luz crea en los pliegues de las sábanas
innumerable sombras. Aún arde
la brasa de los cuerpos que se han ido
en la cama vacía, aún se intuyen
restos de la aplacada agitación
que precedía al sueño, sostenida
por la cautela, por la inexistencia
de espinosas revelaciones.

Hubo mucho voluntarismo mutuo
para que se impusieran los fines del deseo
en esta noche que termina.

Esa pasión que propició la alianza
es la misma que pude malograrla.

Luz Nocturna

¡Qué poco sé de mí! Reconstruyo el instante
Consumido con frágiles recuerdos,
Adulterados por lo que otros cuentan
De modo tan infiel a la verdad
Como cuando hablan de sus propios méritos,
Porque mi pensamiento se distancia
De mi yo de antes, como el asesino
A sueldo de sus víctimas.
(…)
Hice, para engañarme, para encontrar sentido
Al desorden, de la literatura
Razón de mi existencia desde la época
Escolar – sólo gracias a ella pude entender
Ciertos enemigos astronómicos,
Que el cielo sea al mismo tiempo límpido
Y oscuro en su alta hondura ciega-
Sin saber que se escribe
A la desesperada, tratando de olvidar
La vida que se vive, huyendo de una muerte
Con la que aún no estaba familiarizado,
Jugando con palabras que no alivian
Pena alguna, ni aún las del pasado,
Palabras que persiguen lo inefable,
Otra luz más constante y duradera,
Esa que a mi antojo perfila
Quien era entonces, visto desde un hoy
Que avanza hacia la nada o hacia el desastre.

Estupor Mundi

(…)
Cuando acaba la infancia se revela
El mundo como una insalubre ciénaga,
Un laberinto lleno de trampas, sin salida.
Pese a todo, en mi memoria  -menguante ya,
Aunque provoquen chispazos algunas
Sutiles conexiones y se escuchen frecuencias
Del pasado en las que una voz me advierte
De que lo piense bien y no me deje
Llevar por los instintos – aquellas decisiones
Que cambiaron mi vida, resuenan como un eco
En la mente, resuena su verdad
Como el mazo del juez ratificando
Un veredicto. Estoy lejos de aquello
Que intenté ser, por eso ahora quiero volver
Atrás y corregir la dirección
Equivocada, ser como el salmón
Enardecido que remota el río
Y descubre en su fin otro principio

Marsupial

(…)
Para un enfermo ya desahuciado
Vivir un día más no es sólo ganar tiempo.
Es la forma concisa y primordial
De desdoblarse, de sentir el éxtasis.

Un hombre enamorado – Karl Ove Knausgard

No es que nazcamos iguales y las condiciones de vida hagan nuestras vidas diferentes, sino al revés, nacemos diferentes y las condiciones de vida igualan nuestras vidas.

Tienes suerte de ser así. ¿Entiendes lo que eso ha significado para ti? ¿El tener un sitio adónde ir? ¿El que hubiera un fuera de donde venías y un dentro adonde querías ir?

Él había boxeado en un club de Estocolmo durante tres años, con el fin de acercarse a ese ambiente que describía en el libro. Allí seguían vivos esos valores que la sociedad del bienestar ha ido deconstruyendo, tales como virilidad, honor, violencia y dolor, y lo interesante para mí era lo distinta que aparecía la sociedad contemplada desde ese punto de vista, con los valores que allí regían.
Como siempre ocurre con los libros que hacen época pusieron palabras a lo que antes habían sido intuiciones, percepciones, sentimientos.

Desde que estaba en primaria nos habían instado a mí y a todos los que me rodeaban a pensar en modo crítico e independiente. El que ese pensamiento crítico solo fuera algo positivo hasta cierto punto y que más allá de ese punto se convirtiera en su antagonismo y con ello en un mal, no lo entendí hasta que cumplí treinta años. (…) yo había aprendido a pensar en abstracto, es decir, a adquirir conocimientos sobre diversas tendencias en distintas materias, a relatarlo de un modo más o menos crítico, preferentemente en relación con otras tendencias y luego ser evaluado por ello. (…) 

Mientras pensaba en la realidad abstracta con el fin de entenderla, pensaba en la realidad concreta con el fin de manejarla. En la realidad abstracta podía crearme una identidad, una identidad de opiniones, en la realidad concreta yo era el que era un cuerpo, una mirada, una voz.

Odiaba ir en contra de mi naturaleza para satisfacer la de ella

La crisis de los cuarenta no era ningún mito: había empezado a alcanzar a gente de mi entorno, y pegaba con fuerza. Algunos estaban a punto de volverse locos de desesperación. ¿Desesperación por qué? Por tener más vida. A los cuarenta, por primera vez, la vida que uno vivía, siempre provisional, se había vuelto la propia vida, y esta coincidencia excluía todos los sueños e igualaba todas las ideas de que la vida real, aquella a la que uno estaba destinado, aquello grande que uno iba a acometer, estaba en otro lugar. A los cuarenta uno entendía que todo estaba allí, en lo pequeño y lo cotidiano, ya formado, y que siempre sería así, si uno no hacía algo. Apostar una última vez.

Ibsen tenía razón. Todo lo que veía a mi alrededor lo confirmaba. Las relaciones estaban para borrar lo individual, atar la libertad, retener lo que quería emerger. […] Existimos para los demás. Pero esa era la idea que había creado la existencia tan sistematizada en la que vivíamos, en la que lo imprevisto había desaparecido por completo, y se podía pasar desde la guardería, el colegio y la universidad hasta la vida laboral como si fuera un túnel, convencido de que la elección que se había tomado era libre, mientras que en realidad te habían colado como granos de arena desde el primer día de colegio; algunos eran enviados a la vida laboral práctica, otros a la teórica, algunos a la cima, otros al fondo, mientras aprendíamos que todos éramos iguales. Esa idea era la que nos había hecho, al menos a mi generación, esperar cosas de la vida, vivir en la fe de que teníamos derecho a algo, verdadero derecho a algo, y echar la culpa a toda clase de circunstancias ajenas si las cosas no salían como pensábamos. Como por ejemplo enfurecerse con el estado al llegar el tsunami y no recibir ayuda inmediata. Qué patético era aquello. Amargarse cuando no conseguías el puesto que merecías. Y ese pensamiento era el que llevaba a que la caída ya no fuera una posibilidad más que para los más débiles, porque el dinero siempre se conseguía, y la existencia pura, en la que te encontrabas cara a cara con el peligro de muerte, había sido erradicada por completo. Esa era la idea que nos había proporcionado a todos una cultura en la que las mayores mediocridades, bien abrigadas y con el estómago lleno, aparecían por todas partes proclamando sus pensamientos baratos

¿Quién coño quiere tener una buena vida interior si no tiene una vida exterior? La gente sólo piensa en lo que la introversión puede proporcionarle de vida exterior y progreso. ¿Cuál es la visión del ser moderno de la oración? Sólo hay una clase de oración para el ser humano moderno, y es la oración de los deseos. Sólo se reza si se quiere algo.

¿Qué es una obra de arte sino la mirada de otro ser humano? No por encima de nosotros, ni tampoco por debajo de nosotros, sino justo a la altura de nuestra propia mirada. El arte no se puede vivir colectivamente, el arte es eso con lo que uno se encuentra a solas.



miércoles, 17 de febrero de 2016

El libro de la vida – Santa Teresa de Jesús

En esto de dar contento a otros, he tenido extremo, aunque a mí me hiciese pesar

Y así jamás aconsejaría si fuera persona que hubiera de dar parecer que, cuando una buena inspiración acomete muchas veces, se deje, por miedo, de poner por obra; que si va desnudamente por solo Dios, no hay que temer sucederá mal, que poderoso es para todo.

La ignorancia no quita la culpa

Acaecíame en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo, que he dicho, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en Él.

Entendamos bien bien, como ello es, que nos los da Dios sin ningún merecimiento nuestro, y agradezcámoslo a Su Majestad; porque si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar. Y es cosa muy cierta que mientras más vemos estamos ricos, sobre conocer somos pobres, más aprovechamiento nos viene y aún más verdadera humildad.

Es cosa muy clara que amamos más a una persona cuando mucho se nos acuerda las buenas obras que nos hace.

Y con ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas para que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de sí gran olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a deleitar muchas veces a esta huerta y a holgarse entre estas virtudes.

Como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegaos a Dios, más adelante ha de ir esta virtud y si no, va todo perdido

Que siempre, mientras vivimos, aun por humildad, es bien conocer nuestra miserable naturaleza

Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados... tener a todos por mejores que nosotros

Miren también este aviso los que discurren mucho con el entendimiento, sacando muchas cosas de una cosa y muchos conceptos; que de los que no pueden obrar con él, como yo hacía, no hay que avisar, sino que tengan paciencia, hasta que el Señor les dé en qué se ocupen y luz, pues ellos pueden tan poco por sí, que antes los embaraza su entendimiento que los ayuda.
Pues tornando a los que discurren, digo que no se les vaya todo el tiempo en esto; porque, aunque es muy meritorio, no les parece como es oración sabrosa que ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar.

Pues tornando a lo que decía de pensar a Cristo a la columna, es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo y por qué las tuvo y quién es el que las tuvo y el amor con que las pasó. Más que no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que se esté allí con El, acallado el entendimiento. Si pudiere, ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con El, y acuerde que no merecía estar allí. Cuando pudiere hacer esto, aunque sea al principio de comenzar oración, hallará grande provecho, y hace muchos provechos esta manera de oración; al menos hallóle mi alma.

Torno a suplicar a vuestra merced que estas cosas que he escrito de oración, si las tratare con personas espirituales, lo sean. Porque si no saben más de un camino o se han quedado en el medio, no podrán así atinar. Y hay algunas que desde luego las lleva Dios por muy subido camino, y paréceles que así podrán los otros aprovechar allí y quietar el entendimiento y no se aprovechar de medios de cosas corpóreas, y quedarse han secos como un palo. Y algunos que hayan tenido un poco de quietud, luego piensan que como tienen lo uno pueden hacer lo otro; y en lugar de aprovechar, desaprovecharán, como he dicho. Así que en todo es menester experiencia y discreción. El Señor nos la dé por su bondad.

Es exactamente la misma idea que encontramos en el popular verso teresiano y que resume la tristeza esencial del místico que se ve obligado a vivir toda la vida apartado de lo que más ama, esto es, de Dios: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”

Transverberación:
Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan.
Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; más bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento
Y como este contento de contentarla excede a mí mismo contento, quitase la pena de la falta que me hace la joya, o lo que amo, y de perder el contento que daba.

Desde a un poco, fue tan arrebato mi espíritu, que casi me pareció estaba del todo fuera del cuerpo; al menos no se entiende que se vive en él. 

La habitación de Nona – Cristina Fernández Cubas

La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente. Albert Einstein

Al principio se me hizo raro. Entrar sin llamar. Todos en casa nos habíamos acostumbrado a golpear con los nudillos, aunque empujáramos enseguida la puerta sin esperar respuesta. Por eso invariablemente sorprendíamos a Nona. Distante, ensimismada, perdida en su mundo secreto. Pero hoy era distinto. Nadie vigilaba el santuario, así que entré sin llamar

Una de nosotras de pequeña, descubrió la posibilidad de mirar sin ver.


Si nos fijamos mejor ya no diremos que la niña está arrodillada o en cuclillas, sino agazapada. O, mejor, escondida. Como si tuviera miedo

Blitz – David Trueba

As Lightening to the Children eased. 
With explanation kind.
The Truth must dazzle gradually.
Or every man be blind
Emily Dickinson (1868)

No se folla a menudo con la persona con la que convives, como uno ya no enjabona igual la taza de café que sólo utiliza él todas las mañanas.

La agitación era sólo una forma de rellenar el verdadero vacío.

Debió ser muy guapa de joven, y ese pensamiento se me hizo insultante. Guapa de joven es una expresión desafortunada, me corrigió una vez un profesor de facultad durante una conversación informal. De joven se es joven, la belleza transita por otro carril. O debería transitar por otro carril, me explicó.

El sentimentalismo es egoísta, es un nacionalismo del yo, que siempre se hace más víctima, más perjudicado, más importante que cualquiera.

Lugares plastificados y adornados, deslizantes nunca ásperos, con su música romántica y melódica de avión a punto de aterrizar, vacíos llenos de una propuesta artificial con cielos siempre azules. Soledades sepultadas, sin el peligro de que te reflejen al igual que un espejo refleja lo que eres, lo que te falta, lo que has perdido, lo que se fue, lo que nunca llegó. Silencios pavorosos que alguien se encarga de rellenar por nosotros, como quien silba para espantar el pensamiento. La realidad reducida a lo asequible como una pantera reducida a gato doméstico.

Lo que evitas es también lo que deseas, me consolé.


Uno empieza a estar a gusto consigo mismo cuando le empieza a perder el miedo a la muerte.

La hierba de las noches – Patrick Modiano

Los domingos, sobre todo a media tarde y si uno está solo, se abren en el tiempo algo así como una brecha. Basta con colarse por ella. (…) noté algo así como si saltase un muelle, esa clase de vértigo que le entra a uno precisamente cada vez que se abre una brecha en el tiempo.

Nunca he vuelto a ver a ninguna de las personas cuyos nombres constan en las páginas de esta libreta negra. Su presencia fue fugitiva e incluso corría el riesgo de olvidar los nombres. Simples encuentros que no sabemos si son fruto del azar. Existe una etapa de la vida para esa situación, una encrucijada en donde todavía estamos a tiempo de dudar entre varios caminos. El tiempo de los encuentros…


Las veladas se me hacían largas cuando no salía del barrio y me quedaba esperándola; pero me parecía bastante natural. Me compadecía de quienes tenían que apuntar en la agenda incontables citas, algunas con dos meses de anticipación. Todo estaba decidido y nunca esperarían a nadie. Nunca sabrían que el tiempo palpita, se dilata, luego vuelve a quedarse parado, y, poco a poco, nos va dando esa sensación de vacaciones y de infinito que otros buscan en la droga, pero yo encontraba sencillamente en la espera. En el fondo, estaba seguro de que antes o después vendrías.