jueves, 10 de julio de 2008

Estudios sobre el amor. ORTEGA Y GASSET

  • Amar una cosa es estar empeñado en que exista. El amor no es un disparo, sino una emanación continuada, una irradiación psíquica que del amante va a lo amado. No es un golpe único sino una corriente. Es esencial en el amor la combinación de dos elementos: encantamiento y entrega. Su combinación no es mera coexistencia, lo uno nace y se nutre de lo otro, es la entrega por encantamiento.
  • En la elección de amada, revela su fondo esencial el varón, y viceversa. El tipo de humanidad que en el otro ser preferimos dibuja el perfil de nuestro corazón
  • El amor, decía Platón, es afán de engendrar en la belleza, engendrar creación de futuro. Belleza, vida óptima. El amor implica una íntima adhesión a cierto tipo de vida humana que nos parece el mejor y que hallamos preformado, insinuado en otro ser.
  • Reprimamos los gestos románticos y reconozcamos en el enamoramiento, un estado inferior de espíritu, una especie de imbecilidad transitoria…
  • Los conquistadores: basta un sencillo juego de tira y afloja, de solicitud y desdén, de presencia y ausencia. El pulso de esa técnica actúa como una máquina neumática en la atención de la mujer y acaba por vaciarla de todo el resto del mundo
  • La notoria desproporción entre el sexualismo del hombre y el de la mujer, que hace a ésta, normalmente, espontáneamente, tan "moderada" en el amor, coincide con el hecho de que la hembra humana suele disponer de menos poder imaginativo que el varón
  • El entusiasmo erótico de la mujer por la belleza masculina es poco común, pero se puede predecir qué tipos de mujeres serán la excepción a esta regla: las mujeres de alma un poco masculina, las que han practicado sin limitaciones la vida sexual (prostitutas), las mujeres normales que tienen tras de sí una vida sexual plenamente ejercitada y llegan a la madurez, y las que por su constitución psicofisiológica vienen al mundo dotadas de gran temperamento.
  • Hay dos tipos irreductibles de hombres, los que sienten la felicidad como un estar fuera de sí, y los que por el contrario sólo se sienten en plenitud cuando están sobre sí. Desde el aguardiente hasta el trance místico, son variadísimos los medios que existen para salir fuera de sí. Como son muchos, desde la ducha hasta la filosofía, los que producen el estar sobre sí. Así hay los partidarios del arte extático, para quienes gozar de la belleza es emocionarse. Otros en cambio, juzgan forzoso para el verdadero goce artístico la conversación de la serenidad, que permite una fría y clara contemplación del objeto mismo.
  • Separar amor y deseo. Desear algo es en definitiva tendencia a la posesión de ese algo, y muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor en cambio es un eterno insatisfecho, el deseo tiene un carácter pasivo y en rigor lo que deseo al desear es que el objetivo venga a mi. Viceversa en el amor todo es actividad.
  • Abel bonnard sobre Stendhal dice "no pide a las mujeres otra cosa que autorizar sus ilusiones. Ama con el fin de no sentirse solo; pero en verdad se fabrica él solo las tres cuartas partes de sus amores". Don juan no es el hombre que hace el amor a las mujeres, sino el hombre a quien las mujeres hacen el amor.
  • Se puede imaginar la conciencia atenta como el espacio propio de nuestra personalidad. Tanto vale pues decir que atendemos una cosa, como decir que esa cosa desaloja un cierto espacio en nuestra personalidad. En verdad nada nos define tanto como cuál sea nuestro régimen atencional. Cabría aceptar esta fórmula: dime lo que atiendes y te diré quién eres. No se trata pues el enamoramiento de un enriquecimiento de nuestra vida mental, todo lo contrario, hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban
  • Cuanto más violento sea un acto psíquico, más bajo está en la jerarquía del alma, más próximo al ciego mecanismo corporal, más distante del espíritu. Y viceversa, conforme nuestros sentimos van tiñéndose más de espiritualidad, van perdiendo violencia y fuerza mecánica. Siempre será más violenta la sensación de habre en el hambriento que el apetito de justicia en el justo.
  • Somos antes que otra cosa un sistema nato de preferencias y desdenes. El corazón máquina de preferir y desdeñar, es el soporte de nuestra personalidad
  • Decir que el hombre es racional y libre me parece una expresión muy próxima a ser falsa, porque en efecto poseemos razón y libertad, pero ambas potencias forman sólo una ténue película que envuelve el volumen de nuestro ser, cuyo interior ni es racional ni es libre.
  • El amor vive del detalle y procede microscópicamente. El instinto en cambio es macroscópico, se dispara ante los conjuntos
  • Por inteligencia entiendo tan solo que la mente reaccione ante los hechos con alguna agudeza y precisión, sin suplantar la visión con palabras mecánicamente repetidas. La diferencia entre el inteligente y el tonto consiste en que aquél vive en guardia contra sus propias tonterías, las reconoce en cuanto apuntan y se esfuerza en eliminarlas, al paso que el tonto se entrega a ellas encantado y sin reservas. La inteligencia se manifiesta sobre todo, no en el arte, no en la ciencia, en la intución de la vida
  • Como decía cervantes es más divertido el camino que la posada
  • Cuando un pensamiento nos es común, corre gran riesgo de no ser una idea, sino todo lo contrario, un tópico

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